Ubicación Social y Reinterpretación Religiosa: El Caso de Mahoma, el Evangelio y la Torá

Septiembre 7, 2021

 

Ubicación Social y Reinterpretación Religiosa:

El Caso de Mahoma, el Evangelio y la Torá

Aquiles Ernesto Martínez[1]

 

 

RESUMEN:

Este artículo ilustra y reafirma el poder que tiene la ubicación social de quienes, influenciados por ella y como sujetos que generan sentido, reinterpretan “los textos sagrados”, utilizando como ejemplo la manera como en el Islam se interpretan Deuteronomio 18 y Juan 14, y proveyendo una evaluación de este tipo de acercamiento.

ABSTRACT:

This article illustrates and reaffirms the power of the social location of those who, influenced by it and as subjects who generate meaning, reinterpret “sacred texts”, using as an example the way in which Deuteronomy 18 and John 14 are interpreted in Islam, and providing an evaluation of this type of approach.

 

1. Textos sagrados a partir de “el después” de los eventos

Una ley irrebatible en la comprensión de la realidad social asevera que todo discurso gestado en el pasado, como parte de una red de variables que mutuamente se condicionan, siempre se interpreta desde o a partir del contexto y circunstancias particulares de quienes interpretan y el papel que estos últimos ejercen en entender esa realidad desde su presente.  Esto quiere decir que toda interpretación es posicionada y esta posición, protagonizada por los intérpretes, tiene incidencia directa en la producción del significado, la comprensión y la relevancia de las palabras.[2]  Interpretamos textos antiguos obviamente tomando en cuenta su matriz generadora y ambiente influyente, pero también siempre a la luz de un contexto concreto mucho después.

Lo interesante es que esta regla, así entendida, no solamente aplica a la experiencia de quienes, mediados por su fe, leen las Escrituras judeo-cristianas desde espacios sociales concretos y fieles a ellas, sino también a otras religiones que acuden a sus respectivos “textos sagrados” y aún la literatura “autoritativa” e “inspirada” de otras religiones (con las que pudieran tener afinidad o no) para alimentar su fe, articular su identidad, direccionar sus pasos y legitimar su ideología. Todas las religiones son culpables y a la vez beneficiarias de este entendible, indispensable y predecible modo de operación.

Un ejemplo interesante, fuera del ámbito hebreo-cristiano y con el cual me he topado recientemente, me viene a la mente para ilustrar y revalidar este importante planteamiento metodológico. Muchos musulmanes, cuya fe se nutre de las enseñanzas del Sagrado Corán, los mensajes de la Sunna[3] y la guía del Hadiz[4], interpretan algunos pasajes de la Torá Mosaica y el Evangelio como referencias divinas acerca del futuro advenimiento del profeta Mahoma y algunas de sus cualidades y funciones.[5]

Esta relectura islámica de algunos textos judeo-cristianos, desde el presente hacia el pasado, merece una breve descripción a la mano de una mesurada y respetuosa evaluación, lógicamente desde una ubicación social particular y consciente de sus limitaciones y posibilidades.

 

3. “La evidencia” escritural y la interpretación islámica situada se encuentran

Varios textos bíblicos se han prestado para una lectura musulmana.[6]  Pero los pasajes más notorios y sobre los cuales quisiera brevemente enfocarme son dos: Deuteronomio 18 y Juan 14.

En Deuteronomio 18, especialmente en los versículos 15 y 18, el Dios de los hebreos, por medio del escritor de este libro de la ley mosaica, afirma lo siguiente:   

Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;… Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Sobre la presunción de que este profeta tiene características iguales a las de Moisés, que los israelitas han tenido muchos profetas y ninguno encaja con este perfil, y que “los hermanos” de Israel aludidos en este pasaje obligatoriamente se refieren a “los ismaelitas” y no los mismos hebreos, los musulmanes creen que este texto se refiere a Mahoma, no al Mesías u otro portavoz.  Tampoco tiene que ver con Jesús ya que él nunca se llamó “profeta” a sí mismo.[7]  Y puesto que este perfil deuteronómico no se ha cumplido en ningún otro profeta después de Moisés, los musulmanes concluyen que esta declaración tiene que ver con Mahoma; solamente él reúne los requisitos.  

En esta manera de pensar hay un silogismo del tipo “profecía-cumplimiento” que se teje con un solo hilo: 1) Dt 18 habla de la venida de un futuro profeta con ciertas características, 2) Mahoma es profeta y reúne esas características, por lo tanto, 3) el pasaje se refiere a Mahoma. 

Lo interesante del caso es que el texto bíblico no da detalles; su referente no es explicitado. Y aunque los judíos creen que la palabra “profeta”, en el contexto del arribo a la tierra prometida, se refiere a Josué y los cristianos creen que Jesús es el aludido (Hch 3:22-24; 7:37; Jn 5:46), en el pasaje no hay nombres propios de personas o referencias especificas a fechas, lugares o eventos.  Enfocándose en algunas palabras o frases como “puntos de encuentro”, la interpretación mahometana ignora otras variables que desafían su postura o las usan solamente para reafirmarla.[8]  Recordemos que la creencia tradicional que pre-condiciona la lectura del texto bíblico es que Mahoma es el último de un larga lista que profetas que le precedieron; es el sello (Sagrado Corán 33:40).  Añado que dada la amplitud del texto y que, debido a ello, su contenido podría aplicarse a cualquier persona que se crea escogido y enviado por Dios, y que  se asemeje al perfil de Moisés, ¿no es contrasentido o inadmisible creer que el pasaje se refiera a una persona en especifico miles de años después?  Además, notemos que la lectura musulmana no toma en cuenta el contexto literario y histórico-social del texto, como tampoco como el mismo ha sido entendido por la comunidad hebrea que lo originó y a quien fue dirigido o el punto de vista cristiano. ¿Cómo entonces entender y defender esta posición con integridad y de una manera convincente? ¿Sobre qué base objetiva se entiende este “brinco interpretativo” de un momento histórico al otro?  ¿Con qué método o criterios se está operando, si es que existe algún nombre para designarlos como tales? ¿O es que estas preguntas, en las que subyace una crítica, carecen de coherencia?

El segundo texto es Juan 14:16, en el cual Jesús se dirige a los discípulos y les promete lo siguiente:

Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro ‘Consolador’ para que los acompañe siempre

En relación a este pasaje ocurre algo parecido a lo ocurrido el entendimiento de Dt 18. El posicionamiento musulmán entiende que la palabra parácletos de la que Jesús habla en el v. 16 (y a la cual nuestras Biblias traducen como “el Consolador” o “el Abogado”) es una interpolación que sustituye a la palabra perklet (cuya traducción es “renombrado” o “ilustre”, el mismo sentido que la palabra árabe “Ahmad” tiene y que le atribuye a Mahoma), no es “el Espíritu Santo”, como los cristianos han creído, sino una alusión directa a Mahoma.  Jesús es el primer parácletos (o perklet, mejor dicho) y el Profeta es “el otro” a quien Jesús menciona.  Para respaldar esta interpretación se cita al Corán 61:6:

Y cuando Jesús, hijo de María, dijo: “!Hijos de Israel! Yo soy el que Alá os ha enviado, en confirmación de la Torá anterior a mi, y como nuncio de un Enviado que vendrá después de mi, llamado Ahmad”.

Además de estar anclada en una conjetura que lee el texto griego con “sospecha” y supone una interpolación, esta conclusión no es otra cosa que un silogismo igual al de Dt 18:18: 1) el término perklet, es el original, no parácletos, y es más cercano al significado “el renombrado” o “el ilustre”; 2) a Mahoma se le conoció como “el renombrado” o “el ilustre” (“Ahmad”), por lo tanto, 3) Jesús en este versículo  se refiere a Mahoma.  Además, no existe ningún texto en el Evangelio igual o parecido a esta cita coránica; tampoco en la literatura post-neotestamentaria u apócrifa.  Acotamos que en este tipo de lectura no hay espacio para preguntar cuándo y dónde Jesús dijo estas palabras o cuál pudo haber sido la fuente oral o literaria. Se da como un hecho que esta cita atribuida a Jesús viene directamente de Dios y, por lo tanto, es “verdad”; no debe ser cuestionada.  Cuando las pre-comprensiones rígidas y la fe religiosa hacen una alianza estrecha y de por vida, no hay argumento que valga o haga mella a esa fe. 

Aquí la lectura mahometana, desde una postura mucho “después de los hechos”, convenientemente pasa por alto algunos elementos básicos de entendimiento de cualquier discurso y maniobra el texto bíblico para que concuerde con una posición previamente adoptada: 1) se dar por hecho, sin evidencia explícita y contundente y con la sospecha como criterio, que el término parácletos  es una añadidura cristiana que sustituye a un presunto periklytos;  2) no se considera el campo semántico del presente vocablo parácletos (o aún de la palabra periklytos),[9] muchos menos el trasfondo social del vocablo;[10]  3) se desestima el contexto literario del pasaje como un universo discursivo que determina las connotaciones de las palabras y sus entrelaces, y en el que no encajaría periklytos;[11] 4) se ignora el auditorio a quien Jesús dirige sus palabras Jesús y la ocasión y el propósito del episodio;[12] 5) no hay lugar para reflexionar sobre otras posibles interpretaciones; 6) se ignora el carácter genérico del discurso y el peligro de las lecturas concordistas y simplistas; y 6) ni siquiera se cuestiona que la postura islámica pudiera ser impositiva como cualquier otra que intente algo parecido. Otras religiones también son culpables de vicios interpretativos parecidos, al igual que de algunas formas de la llamada “teoría de la conspiración”.

 

3. Una valoración a partir de “el detrás” y “el adelante” de las Escrituras

La manera como en el Islam se ha interpretado a Dt 18:15, 18, Jn 14:16, otros pasajes bíblicos[13] a partir de las mismas premisas y mediada por la misma metodología a su servicio, y aun documentos surgidos mucho después de la aparición del Islam[14], me lleva a hacer las siguientes observaciones. Y lo hago, obviamente, a partir de mi propia formación académica, experiencia práctica y una fe diferente (aunque con nexos históricos, religiosos, y culturales con algunos aspectos de esta creciente religión monoteísta). Como todos sabemos, no existe evaluación de nada sino a partir de criterios.

Arranco identificando un marco definitorio del que no podemos escapar en la sociedad actual por más que lo intentemos. La ausencia de una larga, diversa y bien cimentada tradición de erudición en la historia del Islam, con las excepciones del caso y entre personas que se han educado en Europa y los Estados Unidos, ha ayudado a crear condiciones fértiles para el desarrollo de lecturas artesanales, repetitivas y anacrónicas del Corán, sin los controles, precisiones o marcos educativos del caso. A esto sumo la carencia de una convincente sofisticación metodológica y pocos espacios para el pensamiento y diálogo crítico internamente, o del tipo inter-religioso. Esta trayectoria histórica ha sido contraria a la experticia religiosa que se ha forjado en las culturas democráticas y en religiones como el judaísmo y el cristianismo. Lo paradójico del acercamiento islámico al Corán, a la Torá y al Evangelio es que sus usuarios han empleado criterios y procedimientos metodológicos propios de occidente, no para pensar en otras posibilidades interpretativas de los textos sagrados o dar crédito a otras posibilidades, sino para fines concordistas, propagandísticos y apologéticos. El conocimiento y la metodología con lo que contamos hoy día, aunque vengan de afuera, curiosamente, sólo son elementos válidos cuando convienen pero rara vez para la evaluación introspectiva. 

Situado dentro de este contexto histórico-social, en el tipo de aproximación en el que el pasado y el presente “se encuentran”, lo que sucede es que a las cualidades humanas, creencias, eventos históricos y vivencias registradas en “las escrituras sagradas” se les interpreta como “iguales” o “muy parecidas” a las de las personas que interpretan dichos textos mucho tiempo después.  A esta práctica se le añade la idea preconcebida de que  los mensajes de esas escrituras fueron dirigidos a los creyentes modernos, y no a los destinatarios originales, o por lo menos no exclusivamente. Firmes en esta plataforma preconcebida, esquivando ideas contrarias e influenciados por la fe, los devotos son movidos a reclamar para sí mismos estos “puntos en común”, aplicarlos a sus vidas, darles visibilidad, formalizarlos y defenderlos ante la amenaza de perspectivas adversarias.  Para ilustrarlo, es como si proyectaran las imágenes de sí mismos en el espejo de los escritos sagrados que leen para validar su identidad. A esta dinámica de la que los intérpretes religiosos no son plenamente conscientes, se le racionaliza y a veces hasta se le califica de “revelación divina”. Desde esta perspectiva, no debería sorprendernos que muchos musulmanes interpreten textos judeo-cristianos, a los que se les confiere autoridad, como predicciones divinas del futuro advenimiento de Mahoma. Lo bueno es que, en todo este proceso de actualización, la identidad y el sentido de pertenencia se fortalecen, la relación con Alá se profundiza y la vocación moral sigue apuntando al mismo horizonte con una reavivada pasión, con las incoherencias del caso. 

Ahora bien, cuando se asume una posición como la que descrito, la misma se promueve y defiende con y a favor de esa fe y, por lo tanto, no hay lugar para las dudas, las lecturas alternativas o los cuestionamientos que lleven a modificar esta manera existencializada de creer, pensar y actuar, mucho menos a adoptar una posición nueva. Esto sucede aun en casos cuando la evidencia a la mano es abrumadora.  En una hermenéutica religiosa desde “el aquí”, que se cree “verdadera”, no existen tales cosas como las ideas en tensión, las rutas alternas, los desperfectos, las ambivalencias o las contradicciones. “La lógica” es otra.  La fe crea su propia realidad y, apelando a lo milagroso, siempre se impone.  Como consecuencia, la lectura del pasado o textos autoritativos termina siendo selectiva, hermética, lineal y hasta “sagrada”. Aún así, una cosa es lo que un texto dice clara y directamente, otra es lo que uno cree, se imagina o desearía que el texto dijera.  La lectura de Dt 18:15, 16 y Jn 14:16 es un caso típico de este tipo de abordaje que no debería realizarse. 

Conjuntamente, al privilegiarse el contexto de quien interpreta desde un contexto religioso, normalmente se ignoran, reprimen o racionalizan variables fundamentales que estructuran y delimitan el significado de las palabras de un discurso dado, en su forma oral o escrita.  Por consiguiente, no hay lugar para el poder explicativo del contexto histórico-social; las relaciones entre las ideas que preceden y le siguen a un pasaje; el significado de los vocablos en los idiomas originales; la situación socio-retórica que los origina y a la que los pasajes responden; el asunto de la claridad y la especificidad de los escritos; y otras variables parecidas relativas a la comunicación y el entendimiento de las ideas. Siendo esto así, es predecible que se siga incurriendo en las entusiastas lecturas desde el presente hacia el pasado para autenticar el presente.  Y no es que sea equivocado buscar estas “conexiones” con la historia pues, después de todo, todos los seres humanos construimos una parte de nuestra identidad dialogando con el pasado.  El problema acaece cuando estas dimensiones del tiempo se funden a tal extremo que no se puede distinguir y separar “el ayer” de “el hoy” (como si fueran la misma cosa) ignorándose asuntos tales como la discontinuidad, los quiebres o los abismos temporales, comunicacionales, espaciales y culturales. 

Señalo que el lenguaje genérico de los textos sagrados, sean estos judeo-cristianos, musulmanes, budistas, hindúes o de otro porte, siempre se han prestado para la imposición de referentes fuera de ellos y, que por dicha razón, son susceptibles a lecturas armonizadoras, precisamente por la naturaleza amplia, imprecisa e incompleta de dichos textos.  A esto hay que añadir la finitud de quienes interpretan y sus preconceptos; también la falta de auto-crítica. Y ante la ausencia de medidas efectivas para frenar esta tendencia, me pregunto si un primer paso para revertir el abuso de las interpretaciones legitimadoras de textos antiguos sería tener consciencia de es imposible desprendernos de nuestros preconceptos y que hay que hacer un uso responsable del mismo, mientras denunciamos el peligro de las imposiciones arbitrarias, documentar su práctica y dar a conocer estos temas para educar a la población global.

Cabe también decir que si bien estos ejemplos tomados del Islam han servido para ilustrar y validar la centralidad y el poder de la ubicación social en la manera como se entienden algunos pasajes de la Biblia desde un punto de vista musulmán, tanto el judaísmo como el cristianismo no son ajenos a este comportamiento. Consideremos, por ejemplo, las interpretaciones rabínicas y cristianas que reprocesan textos antiguos desde el presente sobre la base de algunas ve “conexiones” existentes, a partir de analogías verbales, argumentos basados en la gramática, alegorías y relaciones conceptuales del tipo “profecía-cumplimento” o “tipo y anti-tipo” (Sal 2:7; 16:18-11; 110:1; Is 55:3; Jl 2:28-32; Hch 2:16-21, 25-35; 13:16-41; Heb 1:5-13; Mr 12:35-37).[15] ¿Y cómo olvidarnos de las lecturas cristológicas del AT o metafóricas de la Biblia?  El papel decisivo de la ubicación social lo vemos también en el budismo cuando sus seguidores interpretan los textos sagrados desde una postura de “iluminación” ya adoptada, lo cual incide directamente en la creación e implementación de una metodología congruente con esta clave y su lógica circular.[16] 

Para finalizar aclaro que la acción de acudir a fuentes autoritativas del pasado para validar o actualizar ideas, no es un patrón exclusivo de las religiones. El mismo fenómeno ocurre en las sociedades seculares. En ellas también existen reapropiaciones de las ideas de documentos del pasado, guiadas por las premisas de éstas presuntamente tienen algo extraordinario que decir al presente, sea la constitución de un país, el legado de algún autor prolífico, la praxis documentada de un modelo moral, las memorias de los próceres de la independencia o las reflexiones de los patriarcas y matriarcas de los orígenes de cualquier nación. Todo como parte de esa condicionada pero viable tentativa por entender y ser entendidos, muchas veces ingenuamente, con la ayuda de metodologías y con la mejor o la peor de las intenciones.

 

 

NOTAS

[1] El Dr. Martínez es presbítero ordenado en la Iglesia Metodista Unida, Profesor de Religión y Biblia en la Universidad Reinhardt, y actualmente forma parte del grupo de investigación “Arqueología do Antigo Oriente Próximo -Universidade Metodista de São Pablo”. Martínez obtuvo su doctorado en filosofía (en Estudios Teológicos y Religiosos, con especialidad en Nuevo Testamento) en la Universidad de Denver y la Iliff School of Theology. 

[2]  En relación a este tema, con muchos más detalles, ver W. Randolph Tate, Biblical Interpretation: An Integrated Approach (Peabody, MA: Henrikson 1991), 143-208.

[3]  Es decir, la colección de algunos de los dichos y enseñanzas del profeta Mahoma y las decisiones que él tomó.

[4] Los relatos de la tradición oral puesta por escrito, en los que se hacen referencias a las palabras y experiencias de Mahoma.

[5] Tomen como ejemplo el escrito elaborado por I. A. Abu-Harb, Una Breve Guía Ilustrada para Entender el Islam, 2da ed. traducido al español por Anas Amer Quevedo (Raleigh, NC: IIPH, 2004), 38-41, y en el que se asume esta postura pero de manera telegráfica y propagandística; también https://www.islamicstudies.info/tafheem.php?sura=61

[6] Por ejemplo, Dt 33:2; Is 42:1-4; Ct 5:16; Dn 7; Ag 2:7; Mt 3:2; 4:17; 6:9-13; etc.

[7]  Lo cual no es cierto según lo dicho en Juan 4:44.

[8] Por ejemplo, el texto deja saber que los destinatarios de dicho profeta son los hebreos (“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo”… “les levantaré” y “les hablará”, Dt 18:15 y 18; cf. 17:15), no los musulmanes. Si por ‘hermanos” se quiere aludir a los ismaelitas, ¿por qué no clarificar este punto?  Además, hay que puntualizar que Moisés fue incomparable como profeta en el sentido de haber sido el único que conoció a Dios cara a cara (Dt 34:10).

[9]  Como “quien ha sido llamado para estar al lado” y, por lo tanto, puede significar ayudante, consolador, intercesor o abogado (cf. 1 Jn 2:1).

[10]  El sentido de defensa en una corte (abogado) o alguien que está al lado de la persona.

[11] Jesús usa la palabra parácletos como una referencia al Espíritu de Verdad que el Padre enviará en nombre de Jesús (Jn 14:17; 15:26) o el Espíritu Santo (Jn 14:26).   En otra ocasión se dice que Jesús es quien lo enviará (Jn 15:26)  y que para que esto suceda, Jesús tiene que partir primero (Jn 16:7). ¿Qué hace la lectura musulmana con estos datos? ¿Darle la vuelta y acomodarlos?  Para una explicación detallada de Juan 14, ver Raymond Brown, El evangelio de según Juan XIII-XXI (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1979), vol. 2,  884-898; Gerhard Sloyan, John (Atlanta: John Knox, 1988), 174-188.

[12] i.e., Los discípulos y su partida para estar con el Padre.

[13] Con forzadas inferencias vistas como profecías, menciono los siguientes: 1) “El Monte Parán” significa “el Monte de Ismael” (Dt 33:2); 2) en Is 42:1-4 Qedar tiene asociación con el sitio donde el segundo hijo de Ismael moró; 3) la palabra “amado” en Ct 5:16 (mahmadim) tiene conexiones con el nombre Mahoma; 4) Dn 7 es una visión profética a la ascensión de Mahoma a Dios; 5) la palabra “deseo” hemdāh en el hebreo en Ag 2:7 supuestamente tiene nexos con uno de los nombres de Mahoma; y  6) Mt 3:2; 4:17; 6:9-13 enseñan que el reino de Dios estuvo cerca pero que el mismo llegó con Mahoma; 7) se argumenta que Juan el bautista se la pasó toda su vida predicando, bautizando y esperando la venida del Profeta (Jn 1:20-25), y que ese individuo no fue Jesús; y 8) la parábola de la semilla de mostaza tiene que ver con el inicio sencillo del Islam en una sola personas hasta convertirse en un fuerte reinado:  “…Y en el Evangelio se les compara con la semilla que, habiendo germinado, fortifica su brote y éste crece y se yergue en el tallo, constituyendo la alegría del sembrador, para terminar irritando a los infieles por su medio…” (cf. Sagrado Corán 48:29). 

[14] Por ejemplo “el Evangelio de Bernabé” (escrito propio del renacimiento y lleno de exageraciones e imprecisiones) en el cual se habla de Mahoma. En esta obra se dice lo siguiente: “Jesús respondió: ‘El nombre del Mesías es admirable, porque Dios mismo le dio el nombre cuando había creado su alma, y la puso en un esplendor celestial. Dios dijo: ‘Espera a Mahoma; por tu causa crearé el paraíso, el mundo, y una gran multitud de criaturas, de las que te hago presente, en la medida en que quien te bendiga será bendecido, y quien te maldiga será maldito. Cuando te envíe al mundo, te enviaré como mi mensajero de salvación, y tu palabra será verdadera, en la medida en que el cielo y la tierra fallarán, pero tu fe nunca fallará’. Mahoma es su bendito nombre”. Entonces la multitud levantó sus voces, diciendo: ‘¡Oh Dios, envíanos a tu mensajero: Oh Admirable, ven rápidamente por la salvación del mundo!’” (Evangelio de Bernabé 97:9-10).

[15] Ver las definiciones de estas prácticas y otros ejemplos bíblicos en James L. Bailey and Lyle D. Vander Broek, Literary Forms in the New Testament: A Handbook (Louisville, KY: Westminster/John Knox Press, 1992), 42-49, 156-161.

[16] Esto se ve claramente en las reglas de interpretación de Buda y a las que se les denomina “Las Cuatro Confianzas”: 1) el dharma (o “la verdad en el texto”) es más importante que el maestro;  2) el significado del texto es más importante que la letra literal; 3) la enseñanza definitiva es superior a lo interpretado; y 4) la escritura o el texto es un instrumento de iluminación.

 

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ÓSCULOS SANTOS EN TIEMPO DE PANDEMIA

ÓSCULOS SANTOS EN TIEMPO DE PANDEMIA:

Reflexiones Socio-bíblicas en Cuarentena

Aquiles Ernesto Martínez, Ph.D.

 

Resumen

Análisis bíblico y transcultural de “el beso” (como símbolo, expresión, ritual y concreción del amor, el afecto y la buena voluntad), dentro del marco de los valores morales de la bondad y la solidaridad que deben llevarnos a servir a los seres humanos, pero redefinido más allá del mero “contacto físico”, en respuesta al brote y propagación del Covid-19 y las restricciones para controlar sus mortíferos efectos.

Palabras clave: beso, ósculo santo, solidaridad, amor, pandemia, cuarentena, Covid-19, coronavirus, distanciamiento social y enfermedades.

Abstract

A biblical and transcultural analysis of “the kiss” (as a symbol, expression, and materialization of love, affection, and good will) within the framework of the moral values of goodness and solidarity that must lead us to serve human beings, but redefined beyond the notion of a mere “physical contact,” in response to  the outbreak and spread of Covid-19 and the restrictions to control its deadly effects.

Keywords: kiss, holy kiss, solidarity, love, pandemic, quarantine, Covid-19, coronavirus, social distancing, and diseases.

 

1.  Besos y urgencia global

El 13 de abril del presente año, fecha que por varios años ha sido apartada para celebrar “el Día Internacional del Beso”, [1] no recibió la atención que sus organizadores esperaban ya que contó con muchísimos menos besos,  no necesariamente por ser un evento de carácter trivial, sino como consecuencia de la agresiva propagación del COVID-19 y el mortífero contagio en muchos países del mundo, especialmente entre las personas más vulnerables; otras fechas con objetivos parecidos, como era de esperar, no tuvieron los resultados esperados.[2]  Y aunque no es la primera vez que se toman decisiones para evitar el contacto físico y separar a las personas para proteger la salud pública, los esfuerzos globales y locales para controlar o detener el avance del coronavirus, al igual que sus causas, síntomas, secuelas, tratamientos y hasta agresivas resistencias en contra de las estrictas medidas adoptadas en algunos sectores de la sociedad, han sido sin precedentes en la historia.

Debido al acelerado crecimiento en el número de infectados y muertes causadas por el nuevo corona virus, muchos gobiernos, acogiéndose a las recomendaciones estipuladas por la Organización Mundial de la Salud,[3] el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades[4] y otras entidades parecidas, han entrado en estado de emergencia para tratar de enfrentar esta crisis de salud, mientras se hacen malabares para no descuidar la economía.  Al lavado constante de las manos con mucho jabón y la desinfección de equipos y superficies, se han sumado el uso de máscaras faciales para proteger la nariz y la boca, el no tocarse la cara, minimizar el contacto físico, practicar el distanciamiento social y mantenerse en casa para reducir contagios y sus devastadores efectos.  Cuidar a las personas más vulnerables ha sido tarea prioritaria en este titánico esfuerzo.

En esta situación de alerta global, las expresiones tangibles de afecto, cercanía y aprecio de las que el beso es una pequeña parte, han sido minimizadas dentro del marco de un extendido y controlado encierro, pero no así en torno a los valores morales y honorables sentimientos que el ósculo siempre ha representado y conferido entre los pueblos.  Posar los labios en la frente, las mejillas, los cuellos y las manos, a pesar de los beneficios que sabemos generan y que ayudarían a sobrellevar el forzado exilio domestico,[5] ha sido suspendido o restringido momentáneamente para el bien de la colectividad,[6] aunque muchos hayan hecho lo contrario, incluso en algunas comunidades religiosas.[7]  Lo interesante es que estas radicales medidas, sin que sus proponentes y ejecutantes lo hayan pensado, previsto o planeado, para sorpresa de todos, han resultado en otros tipos de acercamientos y contactos que han ayudado a viralizar nobles sentimientos y valores.

Bien se sabe que las expresiones de cariño, hospitalidad, agradecimiento y respeto han sido parte de todos los pueblos a lo largo de la historia. Como medios de relacionamiento para iniciar o fortalecer los nexos humanos, los apretones de mano y los abrazos han sido muy populares, mientras que en otras culturas el bajar la cabeza, unir las manos cerca del pecho e inclinar el rostro hacia la otra persona ha sido la norma. Pero, sin duda, aparte del abrazo y la sonrisa que usualmente le sirven de fieles aliados, el beso (dado una o varias veces), cuyo origen es un enigma, ha sido quizá el más antiguo y popular de todos.  Se trata de un ritual sencillo, espontáneo y casi de carácter innato, cuya ejecución y connotación han canalizado el uso del espacio y calor humano entre las culturas, especialmente entre los pueblos hermanos de la América Latina, el Caribe y los grupos de habla hispana en los EE.UU.[8]

Sin embargo, ni siquiera en contexto de la cruel pandemia, nada ni nadie ha tenido la capacidad ni la fuerza definitiva para reprimir la transcultural esencia y razón de ser del beso, por lo menos en su sentido ideal.  La razón de fondo ha sido que el acto físico en sí no ha sido el foco, mucho menos la forma de hacerlo o la ocasión, sino las profundas relaciones humanas que connota, media y refuerza entre familiares y amigos y aún los desconocidos. Es por ello que, ante la ausencia temporera del mismo y las medidas para controlarlo,[9] sus practicantes y beneficiarios se las han ingeniado para ofrecer mejores formas de acercamiento para mostrar empatía y apoyo a las personas en este via crucis.

Para quienes hemos leído la Biblia transculturalmente y con ojo crítico, las innovadoras prácticas que hemos de resaltar en el presente artículo (y que presentamos como “otras clases de besos”) por su alta dosis de sensibilidad humana, se alinean felizmente con la versión bíblica de “la regla de oro” que, comenzando con el amor propio, como su punto de partida, se extienden al prójimo como resultado y expresión del amor a Dios con toda la existencia y por sobre todas las cosas.  Dentro de este universal principio, cuyos valores son conceptualizados de forma amplia, diversa y prioritaria en la Biblia, se enmarcan gestos tan notables como el ósculo pero también otras formas de contacto (prohibidos, restringidos o incentivados).  Por ser reflejo de las culturas de su tiempo y guardar paralelos con las nuestras, de esa Biblia tenemos mucho que aprender para llevar sus enseñanzas morales y espirituales a una esfera superior, por lo que tiene que ofrecer, a pesar de ella y más allá de ella, siempre en conversación con otras sabias fuentes del creer, sentir y actuar. 

2.  Besos de vida

Bien se ha dicho que “la necesidad es la madre de la creatividad”, cuya ancestral verdad la pandemia ha ayudado a sacar a flote con un nuevo rostro y a la que las redes sociales se han encargado de darle visibilidad mundial.  Y para reafirmar los principios de que no hay mal que por bien no venga y de que todas las cosas eventualmente ayudan a bien, la acelerada transmisión del COVID-19 y sus demoledoras secuelas, curiosamente, han servido para sacar a la luz todo lo mejor que el ser humano tiene por dentro como regalo de la Sagrada Providencia.  Pensando en que el bien propio es también el bien ajeno y que el mal que hace daño a otros afecta a todos también, “una pandemia de bondad” en contexto de reclusión ha tomado lugar más allá de los encuentros de labios, manos, brazos y cuerpos.

Pensemos por un momento en los profesionales de la salud que, antes de renunciar a su trabajo o seleccionar sus actividades laborales, han aceptado el riesgo de mitigar el dolor de sus pacientes con inexistentes, escasos y rudimentarios equipos, sin medicamentos efectivos y en condiciones que atentan contra su propia vida y la de sus familias a las que no han podido acercarse.  Las muertes de estos temerarios galenos cuyos votos hipocráticos han sido honrados se han sumado a la multitudinaria lista de víctimas de quienes sus dolientes no han podido siquiera decirle adiós para cerrar un saludable proceso de duelo.  Recordemos a las enfermeras que sirven de puente entre quienes convalecen en lechos improvisados y entubados a los respiradores, al enviar y traer recados a los familiares que de los hospitales y clínicas esperan buenas noticias o milagros. ¿Y cómo no agradecer a los científicos que luchan por descubrir tratamientos que aplaquen los síntomas de los infectados o una mágica vacuna que eventualmente pueda protegernos a todos?

Desde los balcones de los apartamentos al caer la tarde o en los pasillos de las salas de emergencia a diario, los efusivos cacerolazos y aplausos han honrado el incondicional amor de los profesionales de la salud, la dada de alta a pacientes recuperados y el abnegado servicio de paramédicos, bomberos, soldados y  policías, mientras escuadrones de F-16 han surcado los azules aires y dibujado banderas en el aire para unirse al concierto que, de las alturas a la tierra, han entonado el canto de que la mejor medicina siempre es el amor y sus entretejidos sinónimos.  

Como especie de labios que no tocan pero a la vez tocan en lo más profundo, a lo lejos y en el anonimato, muchos se han esforzado por enviar cestas de comida y artículos de primera necesidad a los desempleados y los más vulnerables, como consecuencia del colapso de la economía mundial.  A esta iniciativa le ha seguido el envío de dinero a vecinos, organizaciones sin fines de lucro y grupos religiosos que han extendido sus generosas manos para hacer del dolor ajeno el dolor propio. Y como siempre, mujeres de todas las razas y culturas han utilizado su precioso ingenio para elaborar tapabocas o bandanas artesanales para poner pan en la mesa o ayudar a minimizar el contagio sin pretender lucro alguno.

También recordamos las espontáneas llamadas telefónicas o mensajes de texto para dar una palabra de aliento, el celebrar cumpleaños desde los automóviles pasando por los vecindarios y el sentarse en algún recinto en el hogar para producir recursos artísticos y educativos  que ayuden a formar el carácter, las habilidades, el pensamiento y los valores que han de transformar la sociedad para bien.   El necesario sentido del humor no se ha quedado atrás en las redes para liberar tensiones y esas serenatas en vivo desde las azoteas, los ventanales o los espacios abiertos donde cantantes, instrumentistas y poetas han obsequiado su musa para aliviar un poco las cargas de la incertidumbre, la soledad, la rutina y el aburrimiento, propios de encierros impuestos o por obediencia a la voz de la consciencia.

Extrañando la presencia de fieles en sus recintos para el acostumbrado beso de la paz, comunidades de fe han credos espacios y momentos en línea para el mutuo apoyo y la reconexión  con “el Sagrado Misterio”, en las que se canta, medita, reflexiona e intercede a favor de las víctimas y sus dolientes, y se elevan una que otra plegaria para que los gobiernos tomen decisiones basadas en la ciencia, la racionalidad y aún el discernimiento espiritual, no en la sucia demagogia.  En esta reinvención de lo que significa ser y actuar como comunidad, la resiliente fe se ha entregado al Poder Superior para implorarle que elimine el dolor de los inocentes, ponga fin a la sanguinaria pandemia, ajusticie a quienes toman partido de ella para llenar su arcas a expensas del dolor ajeno y despierte a los de brazos cruzado a unirse a este concierto universal de besos.

Pensando en otros besos, elogiamos a quienes responsablemente han decidido quedarse en casa, lavarse la manos como nunca antes, utilizar mascarillas y aislarse de otras personas para cuidar a los cercanos y los demás; clara muestra de ese amor que se acerca al prójimo apartándose de ella o él.  Los beneficios han florecido por partida doble pues dicha decisión ha permitido también dedicar tiempo y energía para reconectarse con los hijos e hijas, los cónyuges y la familia extendida.  ¿No es esto, a la final, mejor que un rutinario y automático roce de labios, brazos y mejillas, muchas veces huérfano de su primigenia razón de ser?

Cómo olvidar la donación de equipos para hospitales y centros de asistencias, y el alto número de voluntarios al servicio de quien necesita de una mano amiga en el valle de sombra y de muerte; y la creación de grupos de emergencia para crear e implementar lineamientos para proteger a la población de contagios y mitigar la propagación del virus para que no hayan tantos muertos.  Los supermercados y bancos que han creado horarios especiales para prestar servicio y a la vez proteger a los usuarios de la tercera edad por ser parte de la población en mayor riesgo. ¿Y por qué no decirlo? También hay que destacar algunos subsidios libre de impuestos, dados a residentes y ciudadanos de algunos países para ayudarlos a aguantar la crisis.  

Desde nuestra impuesta cuarentena, todas estas acciones nos han recordado que un mundo mejor es posible y viable toda vez que nos atrevemos a llevar un poco de paz, seguridad, fe y esperanza a nuestros semejantes, aunque a veces tengamos que hacer algunos sacrificios para lograrlo.  Las mismas han ayudado, no solamente a controlar los efectos funestos de la pandemia, sino que también han servido para paliar un poco el dolor, el temor, la soledad, la agresión, la depresión, la incertidumbre, la fatiga y el hambre. 

 3.  Besos de muerte

Esta colorida gama de besos ha sido una brisa de aire fresco, un bálsamo al compungido y herido corazón.  Pero, por desgracia, también hemos sabido de fuerzas contrarias, oportunistas y desalmadas al servicio del egoísmo y, por extensión, al Maligno.  Porque si el bien se reinventa para re-contextualizarse, el mal también aunque en menor proporción. De allí que en medio de la urgencia que nos ha abrumado no hayan faltado “ósculos” con intenciones, intereses y concreciones detestables. 

Como en la misma Biblia, muchas actitudes y acciones han sido “besos” al estilo de Joab, ese personaje que, durante el tiempo de la monarquía hebrea y las concomitantes luchas de poder, besó a Amasa como táctica distractora para clavarle la espada en su costado hasta quitarle la vida eliminando así la competencia (2 Sam 20:9-10).  Con tristeza también hemos presenciado reencarnaciones del beso de Absalón quien, sediento de poder y adjudicándose ilegítimamente el papel de juez en el pueblo, tomaba decisiones a su antojo y religiosamente “besaba” a quienes a él acudían como estrategia manipuladora para quitarle el trono a su propio padre, David (2 Sam 15:5).  El ósculo, como expresión de sumisión, amor, lealtad y medio para obtener poderes especiales también se le obsequiaba a las imágenes de los dioses (en la boca, el mentón, las manos y los pies); como muchos hicieron con  los becerros a los que se les rendía culto (Os 13:2). Lo mismo se hizo con los altares, amuletos, ataúdes, árboles y otros objetos relacionados con la religiosidad politeísta.  El mismo Baal (el dios de la lluvia y el trueno) fue beneficiario de estas acciones ceremoniales de traición al dios de Israel (1 Re 19:18).  Hoy como ayer, besos al servicio de la traidora idolatría se has hecho virales.

Otro beso de muerte en su versión machista es el protagonizado por las artimañas de la mujer casada que, traicionando a su marido, intenta seducir al joven falto de entendimiento para que cometa adulterio con ella (Pr 7:13; cf. vv. 10-20).  Mal orientado, como señala Job en la defensa de su integridad, el beso mal dado puede llegar a convertirse un símbolo que procura el placer y la honra personal, al margen de la voluntad de Dios: “Y mi corazón se engañó en secreto y mi boca besó mi mano; esto también seria maldad juzgada; porque habría negado al Dios soberano” (Job 31:27-28).  ¿Y es que acaso nos hemos olvidado del infame “beso de Judas,” que no conoce estrato social, raza, religión, tiempo o cultura, ese villano que traiciona al Hijo del Hombre con un beso en la mejilla para indicarle a la guardia del templo a quien debían arrestar (Mt 26:19; Mc 14:45; Lc 22:48), mientras sus compañeros se daban a la fuga para salvar su pellejo?  Lo que debió haber sido un ritual de amor se convirtió un ritual de traición para beneficio de los victimarios.  Razón tiene el poeta, entonces, cuando, a partir de categorías binarias, declama que más confiable es el amigo que hiere que el enemigo que besa (Pr 27:6).  Hermanos y hermanas, no todo contacto físico es señal de acercamiento puro y bueno. 

¿Y qué decir contra quienes se aprovechan de esta trágica coyuntura en el siglo XXI para robar, cometer fraude o acaparar equipos para venderlos a terceros por precios exorbitantes?  No es la primera ni la última vez que la corrupción asoma su miseria y falta de vergüenza.  ¿Y de la nauseabunda actitud del oportunismo que hace campañas políticas y pretende proteger la economía antes que a la misma vida ya que el virus es presuntamente una “gripecita”, como hizo Jair Bolsonaro en Brasil, o quienes colocan su nombre en los cheques de asistencia para estimular la economía como movimiento politiquero para captar votos, como lo hizo Donald Trump en los EE.UU., para recordarnos que hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios?  ¿Cómo no imputar a quienes, dándoselas de invencibles, insensibles al dolor de otros y siendo posibles portadores asintomáticos del virus, se lanzan a las calles para gritar que sus derechos constitucionales han sido violados y, sin decirle a nadie, van a su lugar de trabajo pero sin guardar las medidas de rigor porque, a la final, quienes importan son ellos, y nadie más? ¿Cómo adoptar semejante actitud sin percatarse de que este irresponsable sentido de libertad ha de potencialmente infectar y hasta arrancarle la vida  a quienes debemos proteger?  Tristemente la libertad ha sido utilizada como un arma al servicio de la egolatría.

Cuando el acceso a medicamentos y tratamientos se facilita primeramente a los altos estratos sociales pero que, institucionalmente, se les niega a las personas más empobrecidas o se les da como sobras que caen de la mesa, ¿es la actitud correcta permanecer impávidos ante tal manifestación de opresión estructural e individual? ¿Qué parte del principio que reza que “mi bienestar es el tuyo también” estos idiotas no han podido captar? ¿Cómo atreverse a decir que el COVID-19 no discrimina y afecta a ricos y pobres por igual cuando, aparte de los ancianos y las personas con otros problemas de salud, los grupos minoritarios encabezan el numero de fatalidades? 

El aumento de casos de violencia doméstica contra las mujeres, el surgimiento de nuevos carteles cuyas mercancías infectan a la sociedad y la mercantilizan, la compra y uso de armas y el abuso del alcohol y otras drogas, nos recuerdan que, en los momentos cuando más nos necesitamos los unos a los otros, desgraciadamente también existen personas, grupos, ideologías y estructuras sociales diametralmente opuestas a todo lo que es noble y bueno y que se enlistan en las huestes de maldad. La deshonestidad y la podredumbre que motiva estos infecciosos y letales “besos”, a la larga, son portadores de un microorganismo mucho peor que el maldito y pasajero coronavirus, y que nos llevan a exclamar: ¡Hasta cuándo, amado Dios!  ¡Justicia! ¡Venga tu Reino pero ya!

4.  Besos de fe en familia

Si entendemos que el beso es un contacto casi estandarizado entre personas cercanas para comunicar sentimientos y que es parte de un sin número de símbolos y acciones que canalizan la solidaridad, la Biblia tiene algo que decirnos al respecto pero desde espacios, formas de pensar y experiencias en ambientes y circunstancias muy particulares y, por lo tanto, limitados e imperfectos.  En la frente, las mejillas, las manos, el cuello, las rodillas, objetos conectados con personas, la barba o los pies, y muchas veces acompañado de abrazos o estrechón de manos, el beso tuvo una función importante en las costumbres del antiguo cercano oriente y la sociedad greco-romana y, por ende, en el Antiguo Israel y los seguidores del Movimiento de Jesús. Tal símbolo es tan antiguo como la misma humanidad, y aunque no podemos precisar su génesis, en la Escritura el mismo ha sido una expresión de afecto, amor o cariño a seres queridos, amigos, líderes, benefactores y hasta las deidades y sus antropomórficas imágenes.[10]

Dependiendo de cómo, dónde y con qué intención se dé, en la Biblia esta mecánica acción tiene un modesto campo semántico, cuyas acepciones connotan respeto, amor, lealtad, admiración, intimidad, paz, agradecimiento, galantería, arrepentimiento, alianzas, sanidades, despedidas, y deseos de buena suerte; en un par de ocasiones el romance y la intimidad sexual también reciben la debida atención (Ct 1:2; 8:1).  Modelado por algunos personajes principales y secundarios y enseñado como un deber moral y espiritual, este universal gesto ha sido uno de tantos recursos bíblicos tomados de la cultura y utilizados para afirmar la identidad del pueblo de Dios, fortalecer su sentido de pertenencia, brindar equilibrio y proveer una hoja de ruta para su misión en la tierra, sin importar que tan intensas las pruebas pudieran ser.[11] 

Muchos escritores bíblicos mencionan al beso como un detalle de importancia para dar realismo cultural, histórico y religioso a la trama de episodios cargados de desafíos, fracasos, oportunidades y aciertos, en los que la manifestación de profundos sentimientos son patentes. Dentro de este marco, podemos además extraer moralejas derivadas de las actitudes y conductas de patriarcas, matriarcas, reyes, profetas y otros personajes.  Padres e hijos, abuelos y nietos, nueras y suegras, amigos entre sí, y reyes y súbditos despliegan su gran afecto por medio del beso: Labán a sus hijos e hijas (Gn 31:28, 55); Jacob a Isaac (Gn 27:26-27), Raquel (Gn 29:11) y  Manasés y Efraín (Gn 48:8-10); Esaú a Jacob (Gn 33:4); José a Jacob (Gn 50:1) sus hermanos (Gn 45:15); Aarón a Moisés (Ex 4:27); Moisés a Jetro (Ex 18:7); Noemí a Orfa y Rut (Rut 1:9, 14); Samuel a Saúl (1 Sam 10:1); David a Jonatán (1 Sam 20:41), Absalón (2 Sam 14:33), Barzilai (2 Sam 19:39-40) y Betsabé (1 Re 2:19);  Eliseo a su padre y madre (1 Re 19:20); Raguel a Tobías 1 (Tb 7:6); Edna a Tobías y Sara (Tb 10:13); el anónimo padre al hijo que regresa a su hogar arrepentido (Lc 15:20); y los líderes de la iglesia (desde Mileto a Éfeso) a Pablo (He 20:17, 37).

Sin temor al qué dirán, con el deseo de agradar a su posible benefactor y quizá restaurar su propia vida, una anónima mujer besa, enjuga y perfuma los pies de Jesús quien, conmovido, reconoce tal esfuerzo y le extiende el perdón divino pero a la vez critica la falta de atención de Simón, el fariseo, un mal anfitrión (Lc 7:36-50). Es este mismo Jesús quien, convencido del valor de las prácticas culturales y de que el amor era y sigue siendo un valor superior, exhortó a sus discípulos a extender el saludo aún a los enemigos como un acto de gracia (Mt 5:47). 

El apóstol Pablo, al final de algunas de sus epístolas, envía saludos cariñosos a una larga lista de hombres y mujeres reconociendo sus virtudes y contribuciones a la obra cristiana de forma pública.  No les besa como hermano en la fe debido a la distancia que los separa pero, en su defecto, honra su memoria a lo lejos enfocándose en lo positivo.  Pero no conforme con ello y a fin de ayudar a promover un clima de aceptación, paz, fraternidad y unidad, el apóstol anima a sus lectores a saludarse con “ósculo” o “beso santo” por ser todos miembros de la universal familia de Dios.  Éste, obviamente, no es un acto puntual y ritual, sino más bien un hábito que debe caracterizar la vida cristiana, una especie de antídoto en contra de las fuerzas sociales que, en la sociedad greco-romana, tendían a zarandear y fraccionar a las comunidades de fe (Ro 16:16; 1 Cor 16:20; 2 Cor 13:12; 1 Te 5:26).[12]  La repetición de esta exhortación en estas cartas paulinas, casi palabra por palabra, es de una importancia tal que, a la luz de otras pistas y referencias posteriores en la historia temprana de la iglesia, algunos se atreven a especular que el beso fue un elemento constitutivo del culto cristiano.[13]  De ser así, el ósculo no fue una simple formalidad u hábito para expresar sentimientos, sino un medio para reafirmar los nexos fraternales en base a la común fe en Cristo. Sería algo así como “gesto sacramental” para recordar quienes son y a quiénes se deben.  En otras palabras, es un beso apartado y consagrado (“santo”) dado entre personas apartadas y consagradas (“santas”) debido a los nexos espirituales que los unen.

Con un sentir e intencionalidad pastoral similares, el autor de la primera carta de Pedro, recordando que todos los cristianos son miembros de una misma familia, exhorta a los creyentes que están esparcidos en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia y allí viven en la hostil diáspora como “extranjeros y peregrinos”,  a saludarse, no con “un beso santo”, sino con “un beso de amor fraternal” (1 Pe 5:14).  Este curso de acción, como tantos otros, es uno busca fortalecer el sentido de pertenencia, identidad, cohesión y solidaridad, en un contexto de desparramo, dislocamiento, marginalización y presión social;[14] el beso no es un simple hábito de interacción superficial.  Estos precedentes sirvieron como marco conceptual para la incorporación del saludo en las liturgias de la Iglesia y su  institucionalización.[15]

Todos estos pasajes ilustran como los actantes mencionados en la Escritura asimilaron las creencias y prácticas culturales de su tiempo, modelando y prescribiendo los contactos físicos para compartir afecto y fortalecer las relaciones humanas, pero también para introducir sus propios matices morales y espirituales como sujetos creadores de cultura. Pero en este proceso no todo fue claro y, sea cual sea las razones, algunos detalles fueron omitidos por quizá ser elementos constitutivos de códigos de comunicación de los que estamos excluidos.  Por ejemplo, ¿cómo, dónde y cuándo besarnos fraternalmente? Y, peor aún, la anacrónica pregunta: ¿qué hacer cuando el ósculo compartido entre los hebreos y los cristianos pudieran enfermar a otras personas y hasta quitarles la vida?  

Es obvio que la Escritura no responde a planteamientos de esta índole.  Además, a pesar de que existía cierta intuición de que el contacto físico con algunas personas, objetos, alimentos y animales podía “contaminar” y para cuyo estado se crearon espacios, momentos y recursos para la separación y la purificación ritual a fin de preservar el orden social, la armonía y la integración, y reafirmar la identidad social (Lv 11-16; Mc 1:40-45; 7:1-23),[16] en la Biblia no se despliega un conocimiento científico del universo. Y aunque en ella se cree en la importancia de las medicinas y el papel de los médicos o sanadores (Jr 8:22; Mt 9:35; 11:5; Lc 5:31-32; 1 Tim 5:23; Sant 5:14), el mundo de los micro-organismos y sus complejas dinámicas para mantener o comprometer la salud emocional y física de los seres humanos, no era parte de la cosmovisión.  Muy por el contrario, se creía que las enfermedades eran causadas por el pecado, la seres espirituales y hasta el mismo Dios (Jr 14:12; Jn 9:1-3; Sant 5:13-15). 

Al pensar en este natural y esperado silencio en la Escritura, sin embargo, afirmamos que ésta no cierra las puertas a otras interpretaciones de sus ideas como para que otras expresiones de amor y bondad no puedan llevar a otra esfera el significado y la intención del ósculo, es decir, una que trascienda su tangible realización en el espacio y el tiempo.  De hecho, en la Biblia el beso no siempre tuvo un sentido llano, literal o físico.  Es por ello que para el salmista “la paz y la justicia”, como si fuesen seres humanos que se aman, se relacionan íntimamente y trabajan juntos, “se besan” aunque sabemos que en la realidad fáctica de la vida esto no sea literalmente así (Sl 85:10).[17] Y para resaltar la importancia de aquella persona que usa el discurso con prudencia para encaminar a otras personas a hacer el bien, el beso, por analogía, representa una especie de expresión de agrado y recompensa: “Besados serán los labios del que responde palabras rectas” (Pr 24:26).  

Este modesto marco de referencia, además del sentido común, sugiere que limitarnos al beso, literalmente, como mero acto físico o costumbre, sin matizarlo aún más o sin extender su significado e implicaciones, sería contrario al dinamismo, las complejidades y las exigencias de la vida, especialmente cuando la práctica del mismo pudiera ser contraproducente y las circunstancias nos obligan a procurar alternativas para cultivar las relaciones humanas.  Enfocándonos en “lo significado” y no en “el significante” es entonces apropiado y necesario pensar y procurar “otras formas de besar”; es decir, de dar y recibir amor para estrechar y fortalecer las relaciones entre nosotros, más allá del acercamiento y el contacto físicos.  Recordemos que el significado de las palabras no es estático.  Cambia porque nosotros, sus usuarios, junto con el mundo, también cambiamos.

 5.  Besos aún por darse

El inesperado brote e intimidante multiplicación de enfermedades que han dejado a su paso incontables muertos han sido una constante en el devenir de nuestros pueblos. Desde la plaga en la ciudad de Atenas en el 430 a.C. hasta el COVID-19, los expertos han podido contabilizar alrededor de unas 20 pandemias en el mundo.  En la antigüedad la viruela cobró la vida de millones de personas, particularmente durante el periodo de la conquista española de nuestras tierras.  En la Edad Media, la Peste Negra tuvo el mismo efecto en Europa, al igual que la Gripe Española durante el fin de la Primera Guerra Mundial y el Vih-Sida décadas después. En el siglo XXI, otras enfermedades virales se han encargado de atormentar y arrancarle la vida a otros hermanos y hermanas: el Sars en el sudeste de Asia, el Ébola en África, el Mers en el Medio Oriente, la influenza AH1N1 en todo el mundo y el Chikungunya, el Dengue y el Zika  en países del Tercer Mundo.

Pero el sufrimiento no es eterno.  Después de mucho dolor, desesperación y muerte todo llegó a su fin dejándonos tristes recuerdos, sentimientos encontrados y muchas lecciones como legado.  Esta ley de la historia nos recuerda que el Covid-19, en su debido momento, también será cosa del pasado y la humanidad, con Dios a su lado, de las cenizas alzará su vuelo con nuevas fuerzas. ¡Nuestro lamento se tornará en un gran baile! (Sl 30:11). 

Por ahora, no hay que perder el tiempo preguntándonos si los millones de muertos son el resultado de un error de laboratorio u hábitos alimenticios de cierta cultura, como el racismo institucionalizado y los intereses nacionalistas afirman unilateralmente.  Tampoco concluir que es  una plaga que Dios envió para castigar al mundo por su pecado como antesala al fin del mundo, como predican los fundamentalistas,  No debemos rompernos la cabeza tratando de dar respuesta al dilema de cómo un Dios “bueno” causa, permite el mal o es de alguna manera partícipe del mismo, sea para acusar a ese Dios o excusarlo,  como hacen los intelectuales de oficina que buscan decodificar el rompecabezas de “la teodicea”.  Ciertamente, y para releer a Jesús y las tradiciones de su cultura y pueblos de la antigüedad, lo que realmente contamina y destruye al ser humano, y sin querer subestimar los funestos efectos del contacto físico o afirmar que lo espiritual es mejor que lo material, no es lo que el ser humano toca o no toca, come o no come (Mt 15:1-20; Mc 7:1-23).  Es lo que sale del corazón y los frutos que siembra, cosecha y comparte con sus muchos “besos”, malos o buenos.

Ante la prudente suspensión del contacto físico del que el beso es una de tantas y mejores mediaciones de aprecio, el confinamiento y la espera de que la vida vuelva a su normalidad, no cabe duda de que procurar alternativas para viabilizar la generosidad, la empatía y la solidaridad son y serán siempre la prioridad.[18] De esta tarea somos responsables tú y yo mientras luchamos contra la digitalización de la vida que rinde culto al ego, recrudece la soledad, conecta en las redes sin conectarse con la cepa de la vida y lleva a personas a postear frivolidades como si realmente importaran.   

Cuando se cree que el contenido, la motivación y la intencionalidad expresados en valores son superiores a “las formas” que los contienen y viabilizan (como el beso en su concreción física y simbólica), la bondad siempre buscará el modo de hacerse sentir de manera creativa, renovadora, relevante y desafiante.  Ante las medidas de urgencia que se han adoptado, las recientes expresiones de humanidad de las que hemos sido testigos, protagonistas y beneficiarios, son ejemplos de una fuerza de matriz divina, las cuales esperamos no sean sólo respuestas automáticas a una crisis más, sino hábitos que se tornen en proyectos de vida para preservar, dignificar y festejar el preciado pero frágil don de la vida en común.   Amar a nuestros semejantes tiene diversos rostros aún por develarse, asirse y compartirse.  La sociedad sufriente y ensimismada necesita del toque de Dios a través de nuestras limpias y desprendidas manos que buscan crear anticuerpos en todos y para todos.

Una vez que toda esta urgencia global pase (porque va a pasar) y ya restablecida la vieja normalidad que de paso a una nueva normalidad, espero que a la luz de todo lo vivido, podamos en medios de las contracciones, ambigüedades y posibilidades de la vida, seguir reconociéndonos, saludándonos y estrechándonos los unos a otros por medio de otros ósculos santos, siempre en procura de otros mejores, así como el amor, la verdad, la justicia y la paz siempre se tocan, abrazan y sonríen como vacuna solidaria en el entretanto cercano de un eterno beso en el horizonte.

 

 

El Dr. Martínez es venezolano, presbítero ordenado en la Iglesia Metodista Unida y Profesor de Biblia y Religión en Reinhardt University, Waleska, GA, EE.UU.;  aem@reinhardt.edu.

 

 

 

NOTAS

[1] El cual surgió para conmemorar el beso más largo de la historia, cuya duración fue de unas 50 horas. Luego este record fue superado cuando una pareja de Tailandia se besó por más de 58 horas. Ver  https://www.diainternacionalde.com/ficha/dia-internacional-besohttps://www.elespanol.com/como/dia-internacional-beso-celebra-abril/480702374_0.html

[2] En los Estados Unidos e Inglaterra, por ejemplo, también se aparta el 6 de julio para celebrar “el Día Nacional/Internacional del Beso” https://nationaltoday.com/national-kissing-day/; http://www.holidayscalendar.com/event/world-kissing-day/.

[3] Conocido por sus siglas WHO (World Health Organization).

[4] Al que se le conoce como “The Center for Disease Control and Prevention” (CDC).

[5] Se ha demostrado que dar y recibir besos, entre otros beneficios, provee seguridad y confort, ayuda a liberar endorfinas, refuerza el sistema inmunológico, reduce la presión arterial y disminuye el colesterol.

[6] Además de las muchas pandemias en las que el contacto físico se ha prohibido, en la Edad Media, por ejemplo, el papa Clemente V (1260 – 1314), haciendo una lectura “sexualizada” del ósculo santo en las Iglesias, prohibió  el mismo por que la realización de tal ritual presuntamente podría llevar a actos “profanos” o “carnales”.  

[7] Recientemente muchos miembros de la Iglesia Ortodoxa Rusa, por ejemplo, en su hermética y fanática religiosidad, e ignorando los riesgos, no dejaban de besar algunas sagradas reliquias u objetos https://meduza.io/en/slides/lining-up-for-coronavirus-kisseshttps://www.rferl.org/a/coronavirus-vs-the-church-orthodox-traditionalists-stand-behind-the-holy-spoon/30492749.html.  Algo perecido se dio entre algunos evangélicos que seguían reuniéndose para adorar, con el pretexto de que Dios los cuidaría y de que prohibirlo era una violación de sus derechos constitucionales.

[8] Aunque existen excepciones a la regla, el beso es un elemento central en la concepción y vivencia de la proxemia en muchos de nuestros pueblos. 

[9] Exceptuando a familiares cercanos, que vivan bajo el mismo techo y que hayan seguido las normas de distanciamiento social y estricto aseo personal.

[10] Ver Stählin, 118-171; y Furnish, 582-583.

[11] Los términos principales que comunican estas ideas son fileima (beso) y katafilein (besar), cuyas raíces destacan el concepto literal del “amor” como tal, en el griego; y nesh’ikah (Ct 1:2; Pr 27:6) y nashak, en el hebreo.

[12] En una iglesia como la de Corinto, caracterizada por las muchas riñas y divisiones, el beso fue uno de tantos mecanismos empleados para propiciar y mantener la reconciliación, la fraternidad y la unidad del cuerpo de Cristo (1 Cor 1:10; 12:12-13) (Foulkes, 524).

[13] Conzelmann, 299-300; Cranfield 795-796; Murray, 232-233; Furnish, 582-583; Reicke, 134; Orr y Walther, 364-365; etc.  Como parte de su potencialidad para ser calificado de diferentes maneras, al ósculo santo se le conoció eventualmente como “el beso de la paz” para ser dado “en el Espíritu Santo”, y el cual no debía confundirse con los deseos y manifestaciones eróticas.  Una vez institucionalizado como ritual, el ósculo cristiano se daba después de las oraciones, entre la oración intercesora y el ofertorio y antes de la celebración de la Eucaristía.  Según Tertuliano la oración sólo era completa con el beso fraternal.  Ya que Jesús fue traicionado con un beso, el mismo no se practicaba durante el Viernes Santo.  Y algunos como Clemente de Alejandría criticaban los besos ruidosos y se esperaba que los hombres besaran sólo a los hombres durante las ceremonias cristianas (Moffatt, 170-171).

[14] Para más detalles, ver Elliott, 132-148.

[15] Esta interpretación, sin embargo, no tiene evidencia clara y contundente en estos pocos pasajes epistolares.  Sospecho que es una lectura que busca defender y legitimar con la Biblia aspectos de una liturgia eclesial que se desarrolló mucho después.

[16] Sobre este tema, ver Douglas, Malina y Holmberg.

[17] Es decir, son valores personalizados.

[18] Los siguientes editoriales tienen algunas buenas recomendaciones prácticas: “Una respuesta de fe al coronavirus” https://olfnewcastle.com/wp-content/uploads/Coronavirus-ES-2.pdf, accesado el 21/05/20; y “Fe en tiempos de COVID-19 (Coronavirus)” https://anglicanalliance.org/fe-en-tiempos-de-covid-19-coronavirus/ 20/03/20.

 

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CLAY, Brandon “COVID-19 – a Biblical Plague?” 03/29/2020 https://answersingenesis.org/coronavirus/covid19-biblical-plague/#inbox/_blank

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MOULTON, James Hope and George MILLIGAN.  The Vocabulary of the Greek Testament.  Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1982.

MURRAY, John.  The Epistle to the Romans.  Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1965.

NICHOLL, W. Robertson.  “The Expositor’s Greek Testament.”  The First and Second Epistles of Pau the Apostle to the Thessalonians. Vol iv.  Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1980.

ORR, William F. and James Arthur WALTHER.  I Corinthians. Garden City, NY: Doubleday, 1976.

REICKE, Bo.  The Epistles of James, Peter, and Jude.  Garden City, NY: Doubleday, 1964.

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WORLD HEALTH ORGANIZATION accesado el 21/05/20 https://www.who.int/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019?gclid=EAIaIQobChMIptWphqTF6QIVi-DICh1g4w6UEAAYAiAAEgLzXfD_BwE

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MORALEJAS DE UN VIRUS

April 5 del 2020

Domingo de Palmas

 

MORALEJAS DE UN VIRUS

Aquiles Ernesto Martínez

 

Sumidos en la pandemia del desespero

Las altas temperaturas de la incertidumbre

La tos del seco miedo a tan solo un toque

La respiración entrecortada sin respirador

Y la impotencia de naciones en cuarentena

 

Un sanguinario e inesperado virus nos ha enseñado

Lo que los grandes sabios y maestras

Por centurias saber no han podido…

 

Que el distanciamiento social a veces

Un gesto de amor también puede ser

 

Que el beso y el abrazo mal dados

Son síntomas de una humanidad doliente

 

Que el amor propio el amor ajeno siempre es

Al pie del paciente, entubado o a seis pies de distancia

 

Que lavarse las manos con desinfectante, jabón y alcohol

Jamás limpian la infección de la mente o el corazón

 

Que los tapabocas y los trapos caseros e improvisados

Son para detener el estornudo del verbo que hiere y mata

 

Que la crisis entre pueblos hermanos un mal viral se vuelve

Por el podrido aliento del oportunismo económico, político e imperial

 

Que enfocarse en los placeres superfluos de las redes sociales como si nada

Es una farsa cruel que contagia y la vida arranca

 

Que el deceso prematuro de tantas víctimas inocentes

Debe encender el enojo para que tragedias su paso detengan

 

Que es inmoral cuestionar la bondad de Dios

Cuando nuestro clamor es vapor que se hace uno en la niebla

 

Que las decisiones que tomamos, malas o buenas

Siempre cosechan lo que siembran

 

Que al cielo no se debe acudir sólo cuando la muerte asecha

Para negociar intereses del ego o pagar huecas promesas

 

Que no somos eternos, dueños del universo o invencibles

Pues los anticuerpos sin Dios a la final siempre pierden

 

Que hay que vivir el presente en pos de valores profundos

Como si el último día fuese hoy para dejar trazos de solidaridad

 

Que para quienes a Dios, a sí mismos y a otros se entregan

Sin equipos, batas, guantes y mascarillas

Para embalsamar las penas

 

En otro domingo de ramos

Tras la tenebrosa agonía de viernes santos

 

La fuerza de los sepulcros vacíos

Moverá las piedras del luto un día

Para rescribir una nueva trama

Con el resonar de las cacerolas y las palmas

 

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“O CÍRIO DE NOSSA SENHORA DE NAZARÉ:” A FAITH ASSESSMENT AND BEYOND

 A Fascinating, Mystical Festa

During the first two weeks of October this year, the city of Belém, Pará, a northern gateway to the Amazon River, Brazil, hosted the most interesting religious event I have ever witnessed, not too many people know about, even among the followers of Roman Catholicism.

After a series of preparatory activities during the first days in October, as they are usually carried out every year, [1] on the Friday morning of Oct 11th, a small statue of the Virgin Mary, representing “A Nossa Senhora de Nazaré” (lit. “Our Lady of Nazareth”), regarded as “The Matron Saint of Pará” and called “The Pilgrim Image,”[2] was taken from the “O Colegio Gentil Bittencourt” to the Basilica of Nossa Senhora de Nazaré in order to lead a 19.6-kilometer procession (about 12.2 miles) to the city of Ananindeua and nearby areas.  After the completion of this procession, the first of 12 scheduled, the Saint stayed at the church “Nossa Senhora das Graças” in Ananindeua, until the morning after, while later during the evening of that day, a Eucharistic Service for young people was held at the Belém Basilica.

On Saturday, Oct 12th, very early, a romaria of police cars, firefighter vehicles, and other official means of transportation went to the parish of Nossa Senhora das Graças,[3] to accompany the image of the Virgin on a 22 kilometers ride (about 13.6 miles) to the pier of Icoaraci.  After her arrival to that port, she was put on a Navy Corvette to lead a stunning, river pilgrimage comprised of hundreds of ships and boats through the waters of the Guajará Bay, and headed to a pier at “A Estação das Docas” in Belém.

Therein an enthusiastic multitude was patiently waiting for the arrival of the popular courtship to pay homage to their beloved Naza, Nazinha or Nazica as she is lovingly called.  Received by fireworks and joyful acclamations upon her arrival, by mid-morning, the Saint was escorted back to the “O Colegio Gentil Bittencourt” via Avenida de Nazaré, but now by an impressive and noisy romaria of about 15,000 motorcycles.

While all these events were occurring, thousands of humble romeros, from nearby towns and impoverished rural areas (whom are called “riberinhos,” lit. “people from the river banks”), had already ended their long and painful-on-foot journey to Belém to fulfill the promises made to the Virgin and were hosted at the “A Casa do Plácido” near the Basilica. Therein their wounds were cured and shown hospitality by compassionate brothers and sisters in the faith. The same Saturday, at noon, at the Basilica, the original statue of Our Lady of Nazareth was solemnly brought down from the “The Glory” (where she stays all year long) so that believers would pay their respects. It was a matter of hours before the two and last major processions would be held by the faithful crowds.

In the afternoon, after Mass, preceded by several individuals who were walking on their knees to fulfill their vows, the image of “the Pilgrim Virgin” was placed on a beautiful-flower-bedecked carriage (called a Berlinda) for a 3.7-kilometer procession (about 2.2 miles) from the Gentil Betancourt School to the Da Sé Cathedral (near the area where she had disembarked a few hours before).

Pulled and guarded by a group of selected volunteers, to this holy carriage was tied to a 400-meter-long rope that weighed about 700 kilograms,[4]  and to which a large group of barefooted supplicants, practically glued to each other, hurting and exhausted, squirmed over and struggled to put a hand on such a rope to symbolically show their deep union with their Holy Mother.

Thirteen allegorical vehicles called “The Cars of Miracles or Promises”[5] also participated in this spiritual march, as well as an entourage of faithful who were walking and saturated every inch of the Avenida Nazaré. For about five hours, the scene was dramatic, contemplative, and strangely inspiring, only to be repeated the morning after for the last and major pilgrimage back to the Basilica.

At daybreak on Sunday, Oct 12th, the archbishop of Belém conducted the image of the Matron Saint to the royal carriage as the bells of the Sé Cathedral tolled, fireworks exploded in colorful emotions as the multitude sang praises with her arms extended to the Matron, with tears in their eyes and hoping to be blessed one more time. Thousands of people of all ages filled the streets of Belém again at the sound of hymns, prayers, and praises to accompany the symbol of Our Lady of Nazareth from the Cathedral back to the Basilica for another unique 3.7-kilometer walk, the last one.

Four hours later, in a climate of absolute jubilee and tropical heat and humidity, the Virgin and her rope-faith-bound-extended family reached the square in front of the Basilica. Soon thereafter, the image was removed from the Berlinda for the celebration of a concluding Mass, and then lifted so that everybody would be blessed by the “The Mother of the Church”, “The Queen of the Amazon.” Later, from Oct 13th until the 27th, other religious and cultural activities took place to make this feast more inclusive and bring it to a successful closure until next year. [6]

Regarded as “the Christmas of the Amazon,” and declared as a cultural patrimony by the “O Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional” since 2004, O Círio de Nossa Senhora de Nazaré, as it is formally known, has been celebrated since 1793 in Belém do Pará, and today is considered to be the largest procession in the world.  It is estimated that every year, this spiritual and cultural holiday attracts more than two million devotees and tourists, with several supporting religious activities before and after the main processions. [7]

In addition to its captivating and intriguing nature, the Círio of Our Lady of Nazareth has a series of characteristics that are unique but also similar to the beliefs and practices of other world religions.  Because of the presence of these two traits, the symbols, beliefs, rituals, and activities that make this feast extremely appealing, such a celebration may be analyzed through the concepts and methodologies we normally use in the cross-cultural analysis of world religions. By the same token, the Círio, being a sensorial-contextualized-faith-driven-human creation that facilitates a conservative, Christian relationship with Jesus’ mother, has a series of strengths and weaknesses worth identifying.[8]  With these ideas serving as premises, I would like to invite you to reflect with me about the Círio.

From a Theophany[9] to an Institution

In world religions, the main rituals have extraordinary stories (technically called “myths”) that structure and legitimate the beliefs and practices of their followers. They are also social phenomena that, as time goes by, move from simplicity to complexity, from informality to formality.  The Círio of Nazareth exemplifies these universal rules, but it also adds its own unique, mysterious nuances.

Although there are different versions available, the story of the Círio goes back to the year 1700 in the city of Belém.  It is being said that a Caboclo farmer called Plácido José de Souza[10] one day was walking through the old road of Utinga (currently called “A Avenida Nazaré” and where the main pilgrimages take place) and unexpectedly found a 24 centimeter-high-baroque-wooden statue of the Virgin Mary on one of the shores of the Murutucu creek (which was located behind what is now “A Basilica de Nossa Senhora de Nazaré”). [11] After he found the holy statue, Plácido took it to his home, put it in an altar where he had the images of other saints, and went to sleep. The morning after, when looking for the statue, he found that it had disappeared. Puzzled by this strange event, Plácido went back to the creek where he had found the statue the day before and, to his surprise, he found it there. He brought the statue back home, but the statue disappeared again only to return to the same creek; this miracle happened several times. After hearing about the story, the governor of the city determined that the image was to be brought to the Government Palace instead, where it should spend the night, escorted by guards. But to everyone’s surprise, the next morning, the statue of Mary had disappeared again and was later found on the banks of the Murutucu creek. Plácido then realized that the wish of the Virgin was for him to build a chapel where he had found it the first time, and so he did.

Over time, the news of this miracle spread rapidly and many people started visiting  the informal sanctuary built by Plácido to pay homage to Jesus’ Holy Mother. Each year, the number of believers increased. Many went to the house of Plácido with votive offering in gratitude or devotion, wax objects representing the members of the human body to be healed; also with crutches and portraits to demonstrate that their wishes had been fulfilled.

With the visit of the first Bishop of Pará, Don Bartolomeu Pilar, the devotion to Mary and the pilgrimages gained strength to a point in which they became an official ceremony. Between 1730 and 1774, a new chapel was built to receive the faithful of Our Lady. In 1773, with the visit of the fifth bishop of the state, Don João Evangelista, the devotion to the Virgin Mary was formalized and Belém was placed under the protection of Our Lady of Nazareth. But it wasn’t until 1793, when the captain-general of Pará, Francisco de Sousa Coutinho, authorized the celebration of this holiday known as “O Círio de Nossa Senhora de Nazaré.”  Initially, that name was given to the processions in which the faithful carried candles with them, [12]  but after 226 years it ended up applying to a series of long processions and related religious activities, in which millions of people each year have had to follow and venerate Mary through the streets of Belém.[13]

A Bouquet of Virtues

All religious phenomena have positive aspects worth describing for the benefit of those involved as well as those who look at them from a distance and puzzled.  Through different lenses and with fairness, allow me to mention the most important ones pertaining to the Cirio of Our Lady of Nazareth.

 

  1. The Power of Faith. In world religions, the sufficiency of faith is as undeniable as its defining character. Creating and nurturing its own truths about the cosmos, faith is everything. No one can fully understand its core and expressions much less stop its force unless you become part of its world of meaning originated by that faith. Despite the tensions and contradictions that often cross our paths and challenge our philosophies of life, faith is a mystery that ultimately sees what the eyes deny.

    The certainty of what is invisible and is not here but still drives  people to hope for its arrival (to paraphrase Hebrews 11:1-2) is what moves and defines what happens during the Círio. Only the mystical and mountain-moving power of faith among simple people can achieve what this feast achieves every year.  Believing and trusting in Our Lady of Nazareth is an honest, profound, and free act of the will culturally and historically rooted among Paraenses. No one can take that away from them.  Mary is a person who, sacramentally represented by the original and pilgrim statues and proclaimed by millenarian traditions, they all love, respect, admire, celebrate, and are grateful for unconditionally. Faith is the secret of the remarkable synergy we witness and that grows every year.

  1. Fraternal Fellowship. Along with other elements, faith in “the Mother of the Amazon” has managed to unite people from all walks of life of the Paraense society, at least for a few weeks once a year, making the Círio a true, cultural event.  Despite its Roman-Catholic character and focus, this spiritual feast brings all families together to enjoy a time of peace, fellowship, relaxation, love, hope, and traditional meals.[14] There is a striking togetherness.

    Whether the participants are Christians or not, one can certainly feel an atmosphere of unity and joy everywhere one goes. At every corner, one could easily hear “The Happy Círio” wishes. Even Evangelicals joined the feast offering water and meals to the pilgrims. Perhaps no other festival in Brazil or another part of the world has this appeal.  Thus, it is rewarding to know that once a year the best of the Paraense society becomes manifest, reminding us that good things can happen elsewhere when common ground is sought after and ritualized. In a world that oftentimes is fragmented and at the verge of destruction, may this example be an incentive to embrace and support each other as we lift high our cultures, histories, and folklore.

  1. A Life of Gratitude and Commitment. The processions formed by more than two million people, motivated by a profound faith, demonstrates, without a doubt, how grateful many Christians are to Mary’s gracious intercession on their behalf and how serious they appear to be in making their faith grow even stronger. October gives the people an opportunity to renew their trust and belief in Mary.

    Based on the personal testimonies of a lot of people, the Círio does transform lives, even the lives of outsiders and critics. Somewhat they come back differently as I did.  Unconditional loyalty is given in exchange. Ultimately, in real life and for all practical purposes, what we do for God and others is what makes our spiritual journeys healthier, stronger, and lasting.

  2. Reciprocity. A remarkable aspect of the Círio is how the activities illustrate, model, and help develop a spiritual relationship characterized by mutuality. Many people are not aware of this value, but it is so important that it deserves to be identified by name, visibility, and praise since it has so much to contribute to interpersonal relations.

    There is a give-and-take relationship between Our Lady and her devotees.  Out of love, according to Roman-Catholic theology, the Virgin Mary presumably intercedes for graces to be granted and miracles to occur for their faithful and their loved ones.  It is normally believed and taught that it is not the image of Mary that performs miracles, but the Triune God who, through her mediation, accomplishes the impossible.  In exchange, Christians respond in gratitude participating in pilgrimages or walking on their knees as a pre-condition for favors to be given  or as an action that follows the grace they have already received. While the believers are blessed tangibly, the Virgin receives honor and sacrifices of profound gratitude instead.  In this way, and to reinforce Christian identity, a relationship of reciprocity is cultivated, which should well be replicated in our daily lives with one another.  Let us remember that stable, strong, and lasting relationships with God or others are always those in which each one does his or her part.

    On the other hand, one wonders whether such loyalty would exist in cases where the requests are not answered.  And I dare to think that people would still be loyal to the Matron because the vast majority of the time miracles, facilitated by her or not, do not happen; they are the exception.  But this does not matter.  Whenever there is devotion, people choose to trust and believe.

  1. Involvement of the Younger Generation. To see a large sector of the Millennial or I-Phone generation involved, as it has been called, is a breeze of fresh air and hope. Their active starring -less involvement in all the activities as volunteers, even to a point of sacrificing part of their selves to honor something higher than themselves, are glimpses of the possibility of a better world.

    Thank God, not all members of this generation are secular, atheistic, agnostic, and easy targets of post-modernisms as some studies indicate. Not all of them are preys of instant gratification, addicted to social media and electronic devices, and lacking compassion and empathy.  Fortunately, in Belém, as in other places around the globe, many of them are not selling their souls to the impersonal aspects of money and fame, globalization, and science and technology where is no place for the spiritual world or the possibility of a higher reality. The good thing is that spirituality is still part of many of them, which means that we must do anything in our power to capitalize on this trend before we lose them completely.

  1. An Outpouring of Emotions and Mental Health. The atmosphere created by the festivities surrounding the Círio purges repressed feelings and negative thoughts. It is impossible not to get emotional as we become one with the faith of the feeling and the bare faith of the people. Not too many people have the luxury or the culture to go see therapists that could help them cope with the unresolved, emotional issues they struggle with or help them leave the ghosts of the past that hurt their present. Getting our emotions out of our chests is a healthy practice; personal or group catharsis is necessary.

    By no means, complete, definitive or close to a group therapy, the Cirio somehow provides an outlet for the struggles of the heart of a suffering community.  However, this should not be the end of the plot. While relying on a supreme power is the first and most important resource we have when we are going through “the valley of shadow and death”, this is not the only one and should not be used as an easy and momentary escape route. We should also seek the help that professionals can offer, as well as seek the shoulders and wise counsel of our good friends.

  1. A Well-Deserved Shabbat. On some level, for communities that are exhausted by their hard work in uphill circumstances (as is often the case in Third World countries), the conditions created by the Cirio of Our Lady of Nazareth serve as an occasion to pause, put our ideas and emotions together, straighten our priorities and regain the strength to move forward. It gives individuals and families the much needed time to stop, pray, and rest, namely, to enjoy a personal and collective Sabbath. It is a moment that invites the introspection and renewal of the faith in order to improve at all levels.

    As an opportunity to focus on what is really important in life, this form of an institutionalized rest serves the people of Belém well and reminds them that it is important to take care of themselves, in addition to their relationship with the divine and others.

  1. Collateral Benefits. Beyond the religious fruits, there are additional benefits that are experienced and harvested during the first two weeks of October each year. Crime rates momentarily decrease and even criminals can pause to show their religious side and participate of the festivities, repressing for a few days their contradicting moral lives.  Spiritual or not, families come together, enjoy communion with each other, strengthen their sentimental bonds, abandon the routine that characterizes their daily life, and relieve stress.  Fortunately, new friendships are made and old friendships are revived as well.

    The local economy receives a necessary boost as sales rise; revenue is reported in millions of reais (R$) each year. At the end of the day, with the right motivation and actions, everyone wins, no one loses. What is unfortunate is that this environment of successes is not maintained for the rest of the year.

Tensions, Ambiguities, and Contradictions

Religious ideologies and their implementations are not perfect, nor are the structures, ways of thinking, and the communities that defend and preserve them.

While the display of emotions, acts of gratitude, and expressions of devotion are genuine, life-changing and beautiful, there are important aspects of the Roman-Catholic-Christian worldview with which the Cirio is at odds or in contradiction with.   A faith that seeks understanding to finally attain wisdom always needs the input of constructive criticism, to which I move next from different angles.

  1. Mary’s Characterization and Treatment overshadow Jesus’ Image. Despite the tireless efforts of Catholics to defend the centrality of Jesus and the supporting role that his mother exercises, the Mariological prominence of the festivities are crystal clear. Paradoxically, this is done to a point where Jesus is virtually invisible momentarily if not for the rest of the year.  Nossa Senhora gets all the attention.  In addition, there is no equivalent event in honor of Jesus in the liturgical calendar in Belém, Brazil or the rest of the world. This internal inconsistency should lead us to question what this Christianity faction really believes in and proclaims about the nature, position, and role of Jesus in relation to Mary. This is not a point of view that seeks to lay wood on the fire of the old debate between Protestants and Catholic-Romans that sadly continues to mark history. It is rather an observation about the double message conveyed by the Cirio.

    Looking at the issue from a broader perspective, the celebration of this religious festival reinforces the notion that in Christianity, as in other religions, there is no absolute coherence in the way devotees classify their beliefs and norms and what they do or do not to be consistent with them.  Doctrines do not always harmonize with practice.  Being aware of this gap is the first step in removing it, narrowing it,  or making other appropriate adjustments.    Either some Christians should strive to honor the name of  their religion through consistent use of symbols, rituals, and activities in order to truly show what they believe and are, or they should simply consider changing the name of their religion to  “Marianism.”  In both cases, the issue of integrity is at stake.

  2. Reality and Fiction are Entangled. The unusual notoriety given to the Virgin of Nazareth is inseparably fused with a characterization in which the lines of demarcation between “the real person” (Mary) and her “public image larger than life” (the icon) cannot be clearly identified and differentiated because they appear as if they were equivalent representations of the same person. The causes and factors that have generated this popular interpretation are many and complex. The story behind the construction of the public image of the Virgin in the Church is very old; and after all, devotees don’t really care about the information we might bring to light using this background.  What is clear is that the profile that can be articulated about Mary from the scarce information given by the New Testament and by the oral traditions that emerged many centuries after Early Christianity shows a radical change in Mary’s image from being a simple, Jewish, peasant woman, with a few spiritual and moral qualities, to that of a quasi-divine character full of traits imposed centuries later.  The Cirio reinforces this last stage through the way she is treated and the titles that are used to refer to her. “The Mother of the Church, “the Mother of God” (which in itself is logically an “oxymoron”) and “the Queen of the Amazon”, among others, are three of the most popular.

    In addition, in a culture where mothers are traditionally put on the highest pedestal (and with plenty of reasons due to the selfless work many of them do for their sons and daughters despite being victims of the despicable machismo), the legendary representations of Mary also reveal how entire populations subconsciously project  or  transfer  to Jesus’ mother the great love and deep appreciation they feel for their own mothers through a romanticized characterization of Mary and the symbols and ceremonies used to this end – perhaps a recreation of the mothers they had, who never had or would like to have.  After all, Jesus himself, despite his extraordinary profile and revolutionary praxis, was and still is a male figure with patriarchal traits who, to some extent, needs to be complemented by the image of a great and noblewoman, not necessarily the same, but very close to his stature.  In this unconscious and massive process of attributing idealized characteristics to Mary, we end up learning more about the people themselves than about Mary: about their faith, loyalty, grateful hearts, mistakes, struggles, and dreams. Seen through the crystal of popular religiosity, these strong tensions, however reasonable, end up reaching deaf ears and blind eyes.

    Starting with the faith and going beyond, another element of the history of the Cirio needs to be addressed with similar criteria.  Upon hearing the account of Placido’s mystical experiences with the Medieval statue of Our Lady of Nazareth (if we are honest with ourselves) and her miraculous appearance in Portugal and then in Brazil the same way, it is impossible not to question its truthfulness or at least aspects of it.  In part, this is so because of the worldview that does not give any room to these kinds of miracles.  In real life, statues, no matter how “holy” they may be, do not appear and disappear as if by magic, much less several times, in different countries, and after being guarded.  Another aspect that could lead to questioning the plausibility of some elements of the story is the practice in all peoples and cultures of adding more content and nuances to inherited stories until the point at which the historical core of truth, so to speak, is buried under the thick layers of later interpretations and interpolations.  As a result of this long, unpredictable, complex, and uncontrollable process, the lines that separate “fantasy” (what has been imagined or experienced supernaturally) from “factual reality” can no longer be distinguished because they are fused.  And the further away we are from the original events, the further away we will be from having access to that objective truth.  When this happens, as it is said in the academic field, history is mythologized and mythologies are historified.

  3. The Ultimate Meaning of “Religion.” Honoring the Matron of Nazareth brings to mind an old and controversial subject, that is, the relationship between what is abstract (in this case, forms of the deity or beings and realities very close to them) and what is concrete (that is to say, people in space, culture and time), and where the focus should be.

    On some level, it is problematic to see how the memory of a pious woman (Mary) (who is not physically present and whose profile is not even close to the characterization preserved by Church traditions and popular feelings) receives so much attention in October and even for the rest of the year.  Meanwhile, the specific needs of human beings are neglected or not treated with the same intentionality and intensity with which rituals or ceremonies are performed.  When was the last time more than 2 million people, for example, devoted so much time, energy and resources to preparing meals to feed the poor, collecting clothing and medicine for them, organizing health fairs to help the sick, teach them to write and read, train them to get a job, help rebuild their homes, or clean the streets?  Why is there no colossal volunteering ready and organized to carry out these tasks?  Why do ecclesial leadership, communities of faith, sponsoring organizations, and the government not take the initiative to fill the streets of Belém to carry out this welfare enterprise for the benefit of everybody?  It is true that Christian love is expressed during the festivities of the Cirio and for the rest of the year, but qualitatively and quantitatively the emphasis of the faith seems to be elsewhere without anyone noticing the spiritual and moral incongruity that this involves.

    While it may be argued that the activities I speak of as examples are much more difficult to organize, especially involving so many people, the point I am making is as valid today as it was during the time of biblical prophets.  This means that we should do much more than analyze, meditate, and pray about the situation. Why worship or celebrate so much what, at the end of the day, cannot be seen, touched, felt, smelled or tasted, while the palpable needs of our suffering neighbors become after-thoughts or secondary?  That being said, I wonder if the celebration of the Cirio could be taken as a modern form of “idolatry” (lit. “worshipping or serving what can be seen”) (because in the end it is not celebrated or adored explicitly and directly to God), which further marginalizes the vulnerable victims of our society and takes us away from the present and suffering world.  Aren’t loving God and loving our neighbors as ourselves the two most important commandments of the Christian tradition, as Jesus himself recognized and modeled after all? How do we frame or line up the concept and realization of the Círio de Nazaré with all these approaches?  Is religion, in practical terms, what we do for others as an expression of our love and faith in a higher reality, is it serving primarily our neighbors (especially those in most need), or is it both? And to what extent are our symbols, rituals, and actions consistent with any point of view we adopt?

  1. The Psychology of Masses and Lucrative Fervor. Wrapped up by the collective emotions of the moment, in several stages during the processions and as is often the case every year, some people broke the sacred rope linked to the Berlinda or this simply happened because of the great pressure to which it was subjected. In any case, what I witnessed soon thereafter was something as strange as it was unfortunate.  On several occasions, I saw several people form groups whose members were fighting for a piece of the broken rope to sell it later, as I was informed and read in secondary sources.  To my astonishment, I also learned that a small piece of this rope could cost up to R$ 1,000 (approximately $238), which is a considerable amount of money for the cost of living in this region of Brazil.  Suddenly, I was reminded of what I knew for many years but this time with very different nuances: to our disappointment, faith and making money go together too frequently.

    This unblessed habit, which is not a new issue and that the Church itself has opposed but has done little or nothing to eliminate, has several dark facets.  Regardless of what many people claim, miracles happen when God decides for them to materialize through the agency of people’s faith.  Putting our trust in the magical forces that objects supposedly possess is nothing more than a form of fetishism, which is a way of thinking contrary to Christian beliefs.  It would be something similar to those who believe that people who wear costumes or participate in recreational activities during Halloween are literally worshipping demons or death itself because this holiday, thousands of years ago, was originally related to these beliefs and this connection remains in place forever. People who do this would be  “guilty” of doing something wrong because, according to this way of thinking, these symbols and practices cannot be separated from their original meaning, regardless of whether their users or practitioners are aware of it or do not intend to do so as the ancients did or Satanists do today.   Unless one believes that certain objects and activities  are literally “alive”,  that they possess  “a will of their own” and have “the power to change social reality”,  objects and activities  will always be symbolic mediations, not  ends.

    Moreover, in the practice of faith, we should not underestimate the power that greed has and how this moral vice can easily deceive and corrupt believers.  Taking advantage of people’s faith (whether they are Catholic-Roman, Orthodox-Eastern, Protestant or Evangelical) for economic gain is as deplorable as buying pieces of rope from those vendors; it is like being complicit with what must not be part of the festivities and Christian character. It is not in vain that early Christian writers claimed that the root of all evils was (and still is) the love of money. Unfortunately, when religious fanaticism and the uncontrolled appetites of the flesh are exacerbated by the emotions of the majorities, there is no ability to distinguish between what is morally correct and what is not.  Faith needs to be monitored, moderated, and periodically refocused.  We must not be naive and let ourselves be carried away by internal impulses and group pressure.  As long as the organizers do nothing to address these problems, the celebration of the Cirio will be darkened by these and similar moral vices.

  1. A Differentiated Treatment of Our Mothers. The aftermath of the Cirio of Nazareth made evident a paradox if not a contradiction of life and death. While “The Mother of the Church” was revered for two weeks, the Pacha Mama  or  Abya Yala  (lit. “Mother Earth”), as our ancestors called her, was contaminated.   The image of one of them was decorated with a luxurious cloak and some 15,000 flowers she does not need[15] while the other was contaminated with waste.   Once the main processions were completed, the streets of Belém were cleaned in record time.  This is noteworthy and something to be thankful for.  The problem is that we do not see the same efforts to clean and beautify the Pacha Mama for the rest of the year.  Unfortunately, the non-recyclable water bottles used to quench the romeros’ thirst and alleviate their painful pilgrimage, in addition to other waste, polluted the environment, thus contributing to global warming.

    As we reflect on this situation and think about ways to prolong the life of Mother Nature, we should ask the questions like the following: When was the last time the entire population came together to celebrate and dignify her?  After all, hasn’t she done more for us than Mary herself and for much longer?  What needs to happen for Paraense Christians along with the rest of the population to become aware of this unfortunate situation and so something significant to preserve the Amazon for the future before it is too late for our sons and daughters and their descendants?  It is not enough to preach against these regrettable practices during Mass.  We have to be consistent with our beliefs.

  1. Christian Nominalism and True Identity. To assume that the great participation of the people during the festivities of the Cirio is proof that Belém is overwhelmingly and undeniably Roman Catholic, would be a hasty and naive conclusion; or worse, to conclude that the people involved are true and Christian faithful.

    Not all members of the  religions of the world are genuine followers or believers. There is such a thing as individuals with questionable faith and commitment.  Some even adopt the use of religious labels to self-designate as a habit or because of cultural influence, but nothing more. In Christianity, we have a wide spectrum of possibilities among which we sadly find “wolves dressed as sheep” and also those who might be relatively “good people” (at least they are not criminals and do good deeds from time to time), but they never set foot in the church, for example, except on special occasions, when they did something wrong and feel guilty, or when they need favors from God because they cannot solve their problems by other means.

    Among the millions of people that the Círio attracts annually, we have a mixture of “wheat and tares”.  It is so easy for many people to let themselves be swept away by the overwhelming power of the mysticism and impulses of the moment, but do not let the numbers deceive you.  Claiming to be a devotee of Our Lady of Nazareth or even participate in ceremonials does not make anyone a true disciple.  In a healthy and growing relationship seasoned by faith, actions speak louder than words, but consistency speaks even louder. As Jesus once said, “You shall know them by their fruits.”

  1. A Better Use of Resources. Each year the Cirio is made possible thanks to the generous economic and material contributions of private and public organizations and a huge and kind army of volunteers of all ages, races, occupations, and social classes.  This, in itself, is a gesture worthy of emulation, promotion, and gratitude.  The generosity among us must always be initiated, encouraged and received with open arms and hearts.

    But as with anything else in life, one wonders if there are other, more important areas of the Paraense society the needs of which are more pressing than to parade religious symbols. Why pay thousands of dollars to give Our Lady of Nazareth a luxurious cloak and pay high sums of money to popular artists to venerate the Saint and entertain people, when these funds could well be used to solve some of the problems that afflict the life of  Mary’s sons and daughters, “the little ones, ” as Jesus used to call them? If they had the opportunity, what would God, Jesus, or even Mary herself think and say about the current use of funds?

  1. Monarchical Aura. Religions are always created in the image and likeness of their historical and social environment. This means that they constantly assimilate and reproduce the views, values, and patterns of behavior of dominant cultures to mediate the way they conceptualize and develop their relationships with the holy and transcendental Enigma.

    In the case of the Cirio, the influence of images of imperial Europe is remarkable as well as some of its colonialist terms, concepts, and practices. For example, while Mary was not literally a “queen” in any sense of the word, did not think that of herself, or even demanded the corresponding protocol to honor her in this way, she has been called and treated as such in Brazil since the Portuguese came to this land  and imposed their religious worldview.  Considered “The Queen of the Amazon,” she is exhibited and honored through the streets of Belém and its vicinity in processions in which the highest honors are given as the European subjects used to do with royalty in medieval times. And while this could be taken as a metaphor for underlining some of her virtues (real or projected), one wonders if there are no other qualifiers more precise to represent her, more in tune with what we know about the gospel traditions, and not associated with any political imagery and its negative, hierarchical values. After all, Mary, Jesus, and the rest of his family were peasants from Galilee.  The challenge of articulating a profile that is more accurate remains in place.  I suppose there are better ways to honor the memory of someone we love, admire, and want to emulate but not through hyperboles or ideal, made-up traits.

Perhaps the Greatest Lesson. 

For people of faith and high moral standards, it is impossible to walk through life without seeking lessons to learn. Any way you look at O Círio de Nossa Senhora de Nazaré, I am sure that the morals would be as diverse as the crowds it gathers every October.

For me, the lessons that mainly cross my mind come in the form of two rhetorical questions.  Thinking of the intense and numerous expressions of devotion to the Virgin of Nazareth, and motivated by faith, love, respect,  and gratitude, what are we willing to sacrifice or even do out of the ordinary to please what I call “the Great Mystery”?  And echoing this feeling and taking into account everlasting values, what does it mean to live a life that really matters in this time and era, namely a life defined by noble and excellent purposes and deep meanings, a life that transcends a mere existence full of routines but without soul?

It is so easy to accept the idea that it is up to each person to decide for themselves how to live their life and that, in this light, each response will be different; after all, we’re not the same. But at the same time, these questions require serious analysis, especially when too many people devote time, energy, and resources today to what is superficial and empty. Why is it that large crowds are willing to be in kilometer rows for days to buy the latest version of an I-Phone and get an autograph or a photo of a Hollywood “celebrity,” or spend a lot of money to attend football games or concerts when we don’t even do anything similar to God, much less for the less fortunate?  Why do we sacrifice ourselves for frivolities that contribute little or nothing to improving our world?  Where is volunteering, especially the one of the new generation that wants to be involved in social change, but only in theory and to respond to surveys? Why not walk the extra mile for what is really significant and objectively can make a difference in others? And what would our choices reveal about the essence of who we are and the values that reveal our identity?

In a global age that is connected and at the same time disconnected, in which many people feel more alone than ever, depressed, alienated from themselves, God and their neighbors, trapped in dry, cold, and boring-business-as-usual routines, centered on a life of entertainment, devoid of compassion and whose priorities are confused, the light of the O Círio de Nossa Sehnora de Nazaré,  as reflected in the brown faces of so many sincere pilgrims, somehow invites us to re-examine our lives to embark on a quest (individual and collective) that should restore the true meaning of life, one that goes beyond mere symbols, rituals, and ceremonies but at the same time uses all of them for its celebration.  With this feeling and the candles of the heart lit to illuminate the steps of this quest, to all of you, I wish you a Happy Cirio!

Aquiles Ernesto Martínez, Ph.D.
Professor de Religion
Reinhardt University

 

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NOTES

[1] Opening Círio Mass (Oct 8), opening vigil /prayer and taking the sacred floats to the Compahnia das Docas de Pará to be stored (Oct 9) , presentation of a hand-made-cloak to the statute of the Virgin (Oct 10), and closing vigil/prayer (Oct 11).  On this last day, there is also the celebration of the O Auto do Círio, which is a non-official parade of allegorical vehicles organized by Escola de Teatro e Dança da UFPA  in honor of Our Lady of Nazareth.   It is some kind of “spiritual carnaval” festivity. 

[2]  A replica of the original one that appeared to Plácido José de Souza on October of 1700 as I will explain later.

[3] In the Roman-Catholic tradition, romaria is the name given to a religious pilgrimage, journey or voyage.  By extension, a romero today is a pilgrim.  The name was originally applied to a person who traveled to Rome, but its meaning was broadened to refer to journeys to many religious sites on different religious occasions.  While it is true that traditional a romeria was done on foot or knees, a pilgrimage may done in different ways, bring different kinds of groups together, and is carried out through the use of diverse means of transportation; for example, wheel-chairs, running, clutches, ships and boats, cars, busses, trucks, bicycles, clutches, motorcycles, floats, horses, etc.  The motivation and goal are always to praise, fulfill vows and/or to thank God, Jesus, or the Virgin Mary, in exchange for favors and miracles granted.  They may also be carried out to strengthen the faith and to make promises to these expressions of the Mystery.

[4] The rope was used in 1885 for the first time to pull out the Berlinda from a place where it had been stuck during a procession.  Ever since it has been used as part of the religious rituals and symbols used during the Círio.

 [5] which are used to carry objects of wax to symbolize parts of the bodies that were healed or objects of graces that have been received thanks to the Virgin’s intervention.

[6]  The most interesting events are the realization of a Mass for the sick, other types of romarias (for bicycles, young people, children, and runners), and the O Recírio, which is procession that occurs two weeks after the Círio proper has ended.  During this last event, after a closing Mass, the archbishop of Belém takes the Saint from the Berlinda and lifts her up to bless the people. After that, the original statue is placed back on “the Sanctuary of Glory” at the Basilica until next year. The Pilgrim Statue is also taking back to the Gentil Bittencourt School.

[7]  Because of the similarities between these two.  For example, prayers are held at homes; buildings, houses, airports, houses, and streets are decorated; devotees proudly wear T-shirts with images of Our Lady of Nazareth; religious symbols are out for sale; visitors can taste the extraordinary, Paraense culinary arts; families come together for fellowship; the use of colorful ribbons to petition for favors and make promises are worn until they disappear with wear and tear; and people buy and offer wax objects with the shape of human parts or organs that have been healed or that need healing.  These objects are put  in specially designated places in the sanctuaries and later on “The Cars of Promises” or “Miracles.”

[8] On these and related issues, see my recent book Encounters with the Mystery: An Understanding of Religion (Marietta, GA: kdp.amazon.com, 2019).

[9] This is a word I am using to refer to out of the ordinary, spiritual experiences or encounters with esoteric realities that usually come in the form of visions, dreams, trances, revelations, and miracles, etc.

[10]  Coming from the Tupi Kareuóka language, cabloco is a term that literally means “cooper like.”  As an original reference to the color of the skin of many Brazilians after the Portuguese invasion and colonization, this word is usually applied to a person who is a mix of indigenous Brazilian roots with European ancestry.  It is a term relatively equivalent to someone who in Spanish-speaking countries is characterized as a mestizo.

[11] Presumably on a Taperebá tree or a natural niche amid creepers.  Supposedly this image was sculpted in Nazareth (Galilee, Palestine) and was also believed to have performed miracles in medieval Portugal before getting lost in Brazil until Plácido discovered it.  However, there is disagreement regarding its true historical origin.  The original statue is kept in the upper section of the altar at the Basilica where there is a marble place called “The Glory.”

[12] According to the O Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional, the word “Círio” comes from the Latin word cereus and  originally referred to “ a large wax candle.” In Portugal, the candles represented a gathering of people organizing themselves in a pilgrimage headed to the Shrines of Our Lady of Nazareth.  Subsequently, once Christianity was brought to Brazil, Christian believers devoted to the Virgin Mary, who in turned assimilated to the Roman-Catholic ways, ended up repeating the same ritual of holding wax candles or círios to honor Virgin Mary, and processing to and from her sanctuary.  In time, as the religious holiday developed and became more institutionalized, the term “círio,” for unknown and practical reasons, was extended to encompass the entire celebration, not just the holding of candles.  Although many terms give us clues about their history and original meanings, they do not stay still and experience changes.  

[13] For more details on this story and the implementation of some of its ritualistic aspects,  read https://ciriodenazare.com.br/site/; https://www.essemundoenosso.com.br/cirio-de-nazare-como-e-a-festa/; and https://www.todamateria.com.br/cirio-nazare/; https://g1.globo.com/pa/para/noticia/2019/10/13/domingo-de-cirio-teve-multidao-de-cerca-de-2-milhoes-de-pessoas-em-belem-do-para.ghtml

[14] Especially maniçoba. (a dish made of the leaves of the yuca that takes 7 days to cook to get rid of its poison) and pato no tucupi (which is duck cooked with special Amazonian spices and leaves), which are dishes prepared this time of the year

[15] Every year the cloak is donated.  It is handmade of fine fabric, embroidered with gold threads and decorated with precious stones.

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“O CÍRIO DE NOSSA SENHORA DE NAZARÉ”: UNA EVALUACIÓN DESDE Y MÁS ALLÁ DE LA FE

Una mística y fascinante festa

Durante las dos primeras semanas de octubre del presente año, la ciudad de Belém, Pará, norteña puerta de entrada al río Amazonas, Brasil, fue anfitriona del evento religioso más interesante que he presenciado y del que no mucha gente está al tanto, incluso entre los seguidores del catolicismo romano.

Después de una serie de actividades preparatorias durante los primeros días de octubre, como suele hacerse cada año,[1]  en la mañana del viernes del 11 de octubre, una pequeña estatua de la Virgen María, que representa a “A Nossa Senhora de Nazaré”, considerada como “la Santa Matrona de Pará” y llamada “la Imagen Peregrina”,[2] fue llevada del “O Colegio Gentil Bittencourt” a la Basílica de Nossa Senhora de Nazaré con el fin de encabezar una procesión de 19.6 kilómetros a la ciudad de Ananindeua y zonas cercanas.  Después de la finalización de esta procesión, la primera de 12 programadas, la Santa se quedó en la iglesia “Nossa Senhora das Graças” en Ananindeua hasta la mañana siguiente, mientras que más tarde la noche de ese día, se llevó a cabo un Servicio Eucarístico para jóvenes en la Basílica de Belém.

El sábado 12 de octubre, muy temprano, una romería  de coches de policía, vehículos de bomberos y otros medios de transporte oficiales se trasladaron a la paróquia Nossa Senhora das Graças,[3] para acompañar a la imagen de la Virgen en un paseo de 22 kilómetros al muelle de Icoaraçi.  Después de su llegada a ese puerto, la Reina fue puesta en una Corveta de la Marina de Guerra para liderar una impresionante peregrinación fluvial compuesta por cientos de botes y buques a través de las aguas de la Bahía de Guajará,  con dirección al muelle principal de la “A Estação das Docas” en Belém. 

Allí, una entusiasta multitud esperaba pacientemente la llegada del cortejo popular para rendir homenaje a la amada Naza,  Nazinha  o  Nazica, como se le llama cariñosamente.  Recibida por fuegos artificiales y otras expresiones de júbilo a su llegada, a media mañana, la Santa fue escoltada de regreso al “O Colegio Gentil Bittencourt” por la Avenida Nazaré, pero ahora por una impresionante y estridente romería de unas 15.000 motocicletas. 

Mientras ocurrían todos estos acontecimientos, miles de humildes romeros, de pueblos cercanos y zonas rurales empobrecidas (a los que se les llama “riberinhos” o “personas de las riveras del río”), ya habían terminado su largo y doloroso viaje a pie a Belém para cumplir las promesas hechas a la Virgen y se alojaron en “A Casa do Plácido” cerca de la Basílica.  Allí sus heridas fueron curadas y fueron objeto de la hospitalidad de sus compasivos hermanos y hermanas en la fe.  El mismo sábado, al mediodía, en la Basílica, la estatua original de Nuestra Señora de Nazaret fue solemnemente bajada de “La Gloria” (donde permanece todo el año) para que los creyentes le rindieran el debido homenaje.  Era cuestión de horas antes de que las dos últimas y más importantes procesiones fueran llevadas a cabo por las fieles multitudes.

Por la tarde, después de la Misa, precedida por varias personas que caminaban de rodillas para cumplir sus votos, la imagen de “la Virgen Peregrina” fue colocada en un carruaje decorado con miles de hermosas flores (llamada Berlinda) para una procesión de 3.7 kilómetros desde “O Colegio Gentil Betancourt” hasta la Catedral Da Sé (cerca de la zona donde había desembarcado unas horas antes).

Tirado y resguardado por un grupo de selectos voluntarios y voluntarias, a este santo carruaje se le conectaba una cuerda de 400 metros de largo, que pesaba unos 700 kilogramos[4] y a la que un numerosos grupo de suplicantes descalzos, prácticamente aglutinados, adoloridos y exhaustos, se retorcían y luchaban por si quiera colocar una mano sobre la mentada cuerda para mostrar, simbólicamente, su entrañable unión a la Santa Madre. 

De la gran marcha espiritual, también participaban 13 vehículos  alegóricos llamados “las carrosas de los milagros” o de “las promesas”[5], al igual que un séquito de fieles que caminaban y saturaban cada centímetro de la Avenida Nazaret.  Durante unas cinco horas, la escena fue dramática, contemplativa y extrañamente inspiradora, sólo para repetirse la mañana siguiente para la última y aún mayor peregrinación de vuelta a la Basílica.

 

 

 

 

Al amanecer del domingo 12 de octubre, el arzobispo de Belém llevó la imagen de la Sagrada Matrona al carruaje real mientras las campanas de la Catedral Da Sé repicaban, los fuegos artificiales explotaban de colorida emoción y la multitud cantaba alabanzas con los brazos extendidos a la Matrona, con lágrimas en su ojos y la esperanza de ser bendecidos una vez más.  Millares de personas de todas las edades volvieron a llenar las calles de Belém, junto al son de himnos, oraciones y alabanzas para acompañar el símbolo de Nuestra Señora de Nazaret desde la Catedral de vuelta a la Basílica para otro sin igual paseo de 3.7 kilómetros, el último.

Cuatro horas más tarde, en un clima de júbilo absoluto y calor y humedad tropical, la Virgen y su familia unida al gran cordón umbilical de la fe llegaron a la plaza frente a la Basílica. Poco después, la imagen fue retirada de la Berlinda para la celebración de una Misa final, y luego levantada para que todos fueran bendecidos por “la Madre de la Iglesia”, “la Reina del Amazonas”, evento muy esperado.  Posterioemente, desde el 13 de octubre hasta el 27, se llevaron a cabo otras actividades religiosas y culturales para hacer esta fiesta más inclusiva y llevarla a una exitosa clausura hasta el próximo año.[6]

Considerada como “la Navidad del Amazonas”[7] y declarada como patrimonio cultural por el “O Instituto do Patrimánio Histórico e Artístico Nacional” desde 2004, O Círio de Nossa Senhora de Nazaré, como se le conoce formalmente, se ha venido celebrando desde 1793 en Belém do Pará, y hoy se considera la procesión más numerosa del mundo.   Se estima que cada año, esta fiesta espiritual y cultural atrae más de dos millones de devotos y turistas, con varias actividades de apoyo antes y después de las principales procesiones.

Además de su naturaleza cautivadora y la vez intrigante, el Círio de Nuestra Señora de Nazaret tiene una serie de características que son únicas pero también similares a las creencias y prácticas de otras religiones del mundo.  Debido a la presencia de esta doble faceta, los símbolos, creencias, rituales y actividades que hacen que esta fiesta sea posible y harto atractiva, dicha celebración puede ser analizada a través de los conceptos y metodologías que normalmente utilizamos en el análisis intercultural de las religiones del mundo. De la misma manera, el Círio, al ser una creación humana, sensorial, contextualizada e impulsada por la fe que facilita una relación cristiano-conservadora con la madre de Jesús, tiene una serie de virtudes y flaquezas que vale la pena identificar.[8]  Con estas ideas como premisas de por medio, les invito a reflexionar conmigo acerca del Círio.

De una teofanía[9] a una institución 

En las religiones del mundo, los rituales principales tienen historias extraordinarias (llamadas “mitos”) que estructuran y legitiman las creencias y prácticas de sus seguidores. También son fenómenos sociales que, con el correr del tiempo, pasan de la simplicidad a la complejidad, de la informalidad a la formalidad. El Círio de Nazaret ejemplifica estas reglas universales pero añadiendo sus misteriosos y únicos matices.

Aunque hay diferentes versiones disponibles, la historia del Círio se remonta al año 1700 en la ciudad de Belém.  Se dice que un caboclo[10] y agricultor llamado Plácido José de Souza caminaba por la antigua carretera de Utinga (actualmente “A Avenida Nazaré”  y donde se realizan las peregrinaciones principales) e inesperadamente encontró una estatua de madera barroca de 24 centímetros de altura de la Virgen María, en una de las orillas del arroyo Murutucu (que se encontraba detrás de lo que ahora es “A Basilica de Nossa Senhora de Nazaré”).[11]  Después de encontrar la estatua sagrada, Plácido la llevó a su casa, la puso en un altar donde tenía las imágenes de otros santos y se fue a dormir.  La mañana siguiente, al buscar la estatua, se encontró con que ésta había desaparecido. Desconcertado por este extraño evento, Plácido volvió al arroyo donde había encontrado a la imagen el día anterior y, para sorpresa suya, la encontró allí.  La trajo de vuelta a su casa pero ella desapareció de nuevo y regresó al mismo arroyo; este milagro sucedió varias veces.  Después de  escuchar el relato, el gobernador de la ciudad determinó que la imagen fuera llevada al Palacio de Gobierno para que pasara la noche allí, escoltada por guardias. Pero para asombro de todos, a la mañana siguiente, la estatua de María había desaparecido otra vez y más tarde fue encontrada en las orillas del arroyo Murutucu. Plácido entonces se dio cuenta de que el deseo de la Virgen era que él construyera un santuario para ella donde la encontró por primera vez y así lo hizo.

Con el tiempo, la noticia de este acontecimiento fuera de lo común  se extendió rápidamente y muchas personas comenzaron a visitar el sencillo santuario construido por Plácido para rendirle homenaje a la Santa Madre de Jesús.  Cada año, el número de creyentes aumentaba.  Muchos fueron a la casa de Plácido con ofrendas votivas en gratitud y devoción y presentaron objetos de cera que representaban partes del cuerpo humano para ser sanadas; también con muletas y retratos para demostrar que sus deseos habían sido cumplidos.

Con la visita del primer obispo de Pará, Don Bartolomé Pilar, la devoción a María y las peregrinaciones cobraron fuerza hasta el punto de convertirse en una ceremonia oficial. Entre 1730 y 1774, se construyó una nueva capilla para recibir a los fieles de Nuestra Señora.  En 1773, con la visita del quinto obispo del estado, Don Juan Evangelista, se formalizó la devoción a la Virgen María y Belém fue puesta formalmente bajo la protección de Nuestra Señora de Nazaret.  Pero no fue sino hasta 1793, cuando el capitán general de Pará, Francisco de Sousa Coutinho, autorizó la celebración de la fiesta que hoy se conoce como “O Círio de Nossa Senhora de Nazaré”.  En un principio ese nombre se le dio a las procesiones en las que los fieles llevaban consigo velas, [12] pero después de 226 años terminó aplicándosele a una serie de largas procesiones y otras actividades religiosas afines, en las que millones de personas cada año han tenido a bien seguir y venerar a María por las calles de la tropical Belém.[13]

Un bouquet de virtudes

Todos los fenómenos religiosos tienen aspectos positivos que debemos identificar para beneficio de las personas involucradas, así como de aquellas que los miran desde la distancia.  Permítanme mencionar los más importantes en torno a la naturaleza y la realización del Cirio de Nuestra Señora de Nazaré.

1.  El poder de la fe.  En las religiones mundiales, la suficiencia de la fe es tan innegable como su carácter definitorio. A fin de crear y nutrir sus propias verdades en cuanto al cosmos, la fe lo es todo. Realmente nadie puede entender completamente su núcleo y expresiones mucho menos detener su fuerza, a menos que seamos parte del mundo de significado originado por esa fe. A pesar de las tensiones y contradicciones que a menudo se cruzan en nuestros caminos y desafían nuestras filosofías de la vida, la fe es un misterio que finalmente ve lo que los ojos niegan.

La certeza de lo que es invisible y no está aquí pero todavía mueve a la gente a esperar su llegada, parafraseando a Hebreos 11:1-2, es lo que motiva y define lo que sucede durante el Círio.  Sólo el poder místico de la fe que mueve montañas entre personas sencillas puede lograr lo que esta fiesta logra cada año.  Creer y confiar en Nuestra Señora de Nazaret es un acto honesto, profundo y libre de la voluntad, cultural e históricamente arraigado entre los paraenses. Nadie puede quitarles eso.  María es una persona que, representada sacramentalmente por la imagen original y la peregrina y proclamada por las tradiciones milenarias, todos aman, respetan, admiran, celebran y por quien están agradecidos incondicionalmente. La fe es el secreto de la extraordinaria sinergia (i.e., “energía como producto del trabajo de muchos”) que presenciamos y que se agiganta cada año.

2.  Comunión fraternal.   Junto con otros elementos, la fe en la Madre de la Amazonas ha logrado unir a personas de todos los ámbitos de la sociedad paraense, al menos durante unas semanas, una vez al año, haciendo del Círio un verdadero evento cultural.  A pesar de su carácter y enfoque católico-romano, esta fiesta espiritual reúne a todas las familias para disfrutar de un tiempo de paz, compañerismo, relajación, amor, esperanza y comidas tradicionales.[14] Hay una impresionante convivencia.

Sean los participantes cristianos o no, sin duda se puede sentir un clima de unidad y alegría dondequiera que uno vaya. En cada esquina se podían escuchar fácilmente los deseos de “!Feliz Círio!”.  Incluso los evangélicos se unieron a la fiesta ofreciendo agua y comida a los peregrinos. Tal vez ningún otro festival en Brasil o en otra parte del mundo tenga este atractivo.  Por lo tanto, es gratificante saber que una vez al año se manifieste lo mejor de la sociedad paraense, recordándonos que cosas buenas pueden suceder en otros lugares cuando se busca lo que es común y se le ritualiza. En un mundo donde las relaciones humanas a menudo están fragmentadas y al borde de la destrucción, que este ejemplo sea un incentivo para abrazarnos y apoyarnos mutuamente a medida que elevamos nuestras identidades, historias y folclore.

3.  Una vida de gratitud y compromiso. Las procesiones formadas por más de dos millones de personas, motivadas por una profunda fe, demuestran, sin duda, lo agradecidos que están muchos cristianos a la gentil intercesión de María en su nombre y lo comprometidos que parecen estar para hacer de su fe algo más fuerte. Octubre da a las personas la oportunidad de renovar su confianza y creencia en María.

Basándose en los testimonios personales de mucha gente, el Círio transforma vidas, incluso las vidas de forasteros y críticos; de hecho, muchos regresan a sus casas cambiados como sucedió conmigo.  La lealtad incondicional se da como pago. En última instancia, en la vida real, lo que hacemos por Dios y los demás es lo que hace que nuestras jornadas sean más saludables, fuertes y duraderas.

4. Reciprocidad. Un aspecto notable del Círio es cómo las actividades ilustran, modelan y ayudan a desarrollar una relación espiritual caracterizada por la mutualidad.  Muchas personas no son conscientes de este gran valor, pero el mismo merece ser identificado por nombre, hay que darle visibilidad y es digno de encomio ya que tiene mucho que aportar a las relaciones interpersonales.

Existe un tipo de relación en la que se da y se recibe entre la Virgen y sus adeptos.  Por amor, según la teología católico-romana, la Virgen María presuntamente intercede para que se concedan favores y se produzcan milagros para sus fieles y sus seres queridos.  Normalmente se cree y enseña que no es la imagen de María la que realiza los portentos, sino el Dios Trino quien, a través de la mediación de ella, logra lo imposible.  A cambio, los cristianos y cristianas responden en agradecimiento participando en peregrinaciones o caminando de rodillas como condición previa para que se les concedan favores o como respuesta que sigue a la gracia ya recibida.  Mientras los creyentes son bendecidos de forma tangible, la Virgen recibe a cambio honra y sacrificios de profunda gratitud.  De esta manera, y para reforzar la identidad cristiana, se cultiva una relación  de reciprocidad, que bien debería replicarse en nuestro diario vivir los unos con los otros.  Recordemos que las relaciones estables, fuertes y que permanecen, con Dios u otras personas, siempre son aquellas en las que cada uno hace su parte. 

Por otro lado, cabe preguntarse si existiría tal lealtad en casos cuando las peticiones no fueran contestadas.  Y me atrevo a pensar que la gente seguiría siendo fiel a la Matrona porque la gran mayoría de las veces los milagros, facilitados por ella o no, no suceden; son la excepción.  Pero esto realmente no importa.  Cuando hay devoción de por medio, el pueblo decide seguir confiando y creyendo.

5.  Involucramiento de la generación de relevo. Ver la numerosa participación en el Cirio de un gran sector de la generación milenial o de teléfonos inteligentes, como se le ha catalogado, es realmente una brisa de aire fresco y esperanza.  Su protagonismo como voluntarias y voluntarios, incluso hasta el punto de sacrificar parte de sí mismos para honrar algo más alto que ellos mismos son destellos de la posibilidad un mundo mejor.

Gracias a Dios, no todos los miembros de esta generación son seculares, ateos, agnósticos y fácil blanco del postmodernismo, como indican algunos estudios. No todos ellos son presas de la gratificación instantánea, adictos a las redes sociales y dispositivos electrónicos y huérfanos de compasión y empatía.   Afortunadamente, en Belém, como en otros lugares del mundo, muchos de ellos no están vendiendo sus almas a los aspectos impersonales del dinero y la fama, la globalización y la ciencia y la tecnología, donde no hay lugar para el mundo espiritual o la posibilidad de una realidad superior.  Lo bueno es que el sentido por lo trascendental sigue siendo parte de muchos de ellos, lo que significa que debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para capitalizar esta tendencia antes de perderlos por completo.

6.  Purga de emociones y salud mental. La atmósfera creada por las festividades que rodean al Círio ayuda sacar sentimientos reprimidos y pensamientos negativos.  Es imposible no sentir profundas emociones cuando nos hacemos uno con el sentir y la fe al desnudo del pueblo. No mucha gente tiene el lujo o la cultura de ir a ver terapistas que podrían ayudarlos a lidiar con problemas emocionales no resueltos con los que luchan o ayudarles a dejar los fantasmas del pasado que hieren su presente. Sacar nuestras emociones de nuestro pecho es una práctica saludable; la catarsis personal o grupal es necesaria. 

De ninguna manera completo, definitivo o cercano a una terapia de grupo, el Círio de alguna manera provee una salida a las luchas del corazón de una comunidad que sufre. Sin embargo, éste no debe ser el final del drama. Si bien confiar en un poder supremo es el primer y más importante recurso que tenemos cuando estamos pasando por “el valle de sombra y muerte “, éste no es el único y no debe ser utilizado como una vía de escape fácil y momentánea. También debemos buscar la ayuda que los profesionales pueden ofrecer, así como procurar los hombros y sabios consejos de nuestras buenas amistades.

7.  Un bien merecido shabat.  En cierto nivel, para las comunidades que están agotadas por su arduo trabajo en circunstancias cuesta arriba (como a menudo sucede en los países del Tercer Mundo), las condiciones creadas por el Círio de Nuestra Señora de Nazaret sirven como una ocasión para hacer una pausa, poner nuestras ideas y emociones juntas, enderezar nuestras prioridades y recuperar las fuerzas para seguir adelante. Proporciona a individuos y familias de un tiempo necesario para detenerse, orar y descansar, a saber, para disfrutar de un día de reposo personal y colectivo.  Es un momento que invita a la introspección y renovación de la fe a fin de mejorar a todos los niveles.

Como una oportunidad para centrarse en lo que es realmente importante en la vida, esta forma de descanso institucionalizado sirve bien a la población de Belém y les recuerda que es importante cuidarse a sí mismos, además de su relación con lo divino y otras personas.

8.  Beneficios colaterales.  Más allá de los frutos religiosos, existen beneficios adicionales que se experimentan y cosechan durante las dos primeras semanas de octubre de cada año. La tasa de criminalidad momentáneamente baja; no debemos sorprendernos de que aún los desadaptados sociales y transgresores de la ley, por culpa y no comprendiendo realmente lo contradictorio que son sus vidas moralmente, incluso puedan mostrar su lado religioso durante las festividades.  Espirituales o no, las familias se unen, disfrutan de la comunión entre ellas , fortalecen sus lazos sentimentales, abandonan la rutina que caracteriza su vida diaria y alivian el estrés.  Afortunadamente, se hacen nuevas amistades y las viejas amistades se reavivan también.  

La economía local recibe un impulso necesario ya que las ventas suben; los ingresos se reportan en millones de reais (R$) cada año. Al final del día, con la motivación y acciones adecuadas, todos ganan, nadie pierde. Lo lamentable es que este ambiente de logros no se mantiene durante el resto del año.

Tensiones, ambigüedades y contradicciones

Las ideologías religiosas y sus implementaciones no son perfectas como tampoco las estructuras, las formas de pensar y las comunidades que las defienden y preservan.

Si bien la muestra de emociones, actos de gratitud y expresiones de devoción son genuinas, transformadoras de la vida y dotadas de hermosura, hay aspectos importantes de la cosmovisión romano-católica-cristiana con la que el Cirio está en tensión si no en contradicción.   Una fe que busca el entendimiento para finalmente alcanzar la sabiduría necesita siempre el aporte de una crítica constructiva, a la cual me remito seguidamente.

1.  La caracterización y el tratamiento de María eclipsan la imagen de Jesús. A pesar de los incansables esfuerzos de los católicos por defender la centralidad de Jesús y la función de apoyo que su madre ejerce, el protagonismo mariológico de las festividades es tan claro como el agua.  Paradójicamente, esto se hace hasta un punto en el que Jesús es prácticamente invisible momentáneamente si no por el resto del año.  Nossa Senhora recibe toda la atención.  Además, no hay un evento equivalente al Cirio en honor a Jesús en el calendario litúrgico en Belém, Brasil o el resto del mundo. Esta incoherencia interna realmente nos hace cuestionar lo que esta cara del cristianismo realmente cree y proclama acerca de la naturaleza, la posición y la función de Jesús en relación con María. Esto no es un punto de vista que busca echarle leña al fuego del debate antiguo entre protestantes y católico-romanos que tristemente sigue marcando la historia. Es más bien una observación sobre el doble mensaje que transmite la realización del Círio.  Entiendo que esta no es la intención pero los resultados son otros.

Mirando el asunto desde una perspectiva más amplia, la celebración de esta fiesta religiosa refuerza la noción de que en el cristianismo, como en otras religiones, no hay coherencia absoluta en la forma en que los devotos clasifican sus creencias y normas y lo que hacen o no para ser coherentes con ellas.  Las doctrinas no siempre armonizan con la práctica.  Tener conciencia de este brecha es el primer paso para eliminarla, disminuirla o hacer otros ajustes apropiados.  O algunos cristianos se deben esforzar por honrar el nombre de su religión a través del uso coherente de sus símbolos, rituales y actividades a fin de mostrar realmente lo que creen y son, o simplemente deben considerar cambiar el nombre de su religión a marianismo.  En ambos casos, el asunto de la integridad es lo que está en juego.

2.  La realidad y la ficción se enredan. La notoriedad inusual dada a la Virgen de Nazaret está inseparablemente fusionada con una caracterización en la que las líneas de demarcación entre “la persona real” (María) y su “imagen pública más grande que la vida” (el ícono) no pueden ser claramente diferenciadas ya que ellas aparecen como si fueran representaciones equivalentes de la misma persona.  Las causas y los factores que han generado esta popular interpretación son muchos y complejos. La historia detrás de la construcción de la imagen publica de la Virgen en la Iglesia es muy antigua; y después de todo, a los devotos realmente no les importa la información que pudiéramos sacar a la luz sobre este trasfondo.  Lo que está claro es que el perfil que se puede articular sobre María a partir de la escasa información dada por el Nuevo Testamento y de las tradiciones orales que surgieron muchos siglos después del cristianismo temprano, muestran un radical cambio entre la imagen de María como una mujer sencilla, judía, campesina, con unas pocas cualidades espirituales y morales, a la de un carácter cuasi-divino y lleno de rasgos impuestos siglos después.  El Círio refuerza esta última etapa a través de la forma en que ella es tratada y los títulos se utilizan para referirse a ella. “La Madre de la Iglesia, “la Madre de Dios” (que en sí misma es lógicamente un “oxímoron”) y “la Reina del Amazonas”, entre otros, son tres de los más populares.

Además, en una cultura donde las madres son tradicionalmente colocadas en el más alto pedestal (y con razones de sobra debido al trabajo abnegado que muchas de ellas hacen por sus hijos e hijas a pesar de ser víctimas del despreciable machismo), las infladas representaciones de María también revelan cómo poblaciones enteras subconscientemente proyectan o transfieren a la madre de Jesús el gran amor y profundo aprecio que sienten por sus propias madres por medio de la caracterización idealizada de María y los símbolos y ceremonias correspondientes  –  tal vez una recreación de las madres que tuvieron, que nunca tuvieron o que les gustaría tener.  Después de todo, el mismo Jesús, a pesar de su extraordinario perfil y praxis revolucionaria, fue y sigue siendo una figura masculina con rasgos patriarcales que, en cierta medida, necesita ser complementado con el de una gran y  noble mujer, no necesariamente igual, pero muy cercana a su estatura.  En todo este inconsciente y masivo proceso de imputar características a María, terminamos aprendiendo más acerca del pueblo paraense que sobre la misma María: de su fe, lealtad, corazón agradecido, desatinos, luchas y sueños. Vistas a través del cristal de la religiosidad popular, estas fuertes tensiones, por muy razonables que sean, terminan llegando a oídos sordos y ojos ciegos.

A partir de la fe y más allá de ella, otro elemento de la historia del Círio necesita ser abordado con criterios parecidos.  Al escuchar el relato de las experiencias místicas de Plácido con la estatua medieval de Nuestra Señora de Nazaret (si somos honestos con nosotros mismos) y su milagrosa aparición en Portugal para luego aparecer en Brasil del mismo modo, es imposible no poner en tela de juicio su veracidad, o al menos dudar aspectos de ella.  En parte esto es así debido a la cosmovisión que no da lugar a milagros de este tipo.  En la vida real, las estatuas, no importa cuán “santas” pudieran ser, no aparecen y desaparecen como por arte de magia, mucho menos varias veces, en distintos países y después de ser custodiadas.  Otro aspecto que pudiera llevar a cuestionar la verosimilitud de algunas partes del relato es la práctica en todos los pueblos y culturas de añadir más contenido y matices a las historias heredadas hasta que el punto en el que el núcleo histórico de la verdad, por así decirlo, queda enterrado bajo las gruesas capas de interpretaciones e interpolaciones posteriores.  Como resultado de este largo, impredecible, complejo e incontrolable proceso, las líneas que separan “la fantasía” (lo imaginado o experimentado de manera sobrenatural) de “la realidad fáctica” (es decir, los hechos) ya no se pueden distinguir pues están herméticamente fusionados.  Y cuanto más lejos estamos de los acontecimientos originales, más lejos estaremos de tener acceso a esa verdad relativamente objetiva.  Cuando esto sucede, como se dice en el campo académico, la historia se mitologiza y las mitologías se historifican, lo cual es un gran desafío.

4.  El significado último de la “religión”. Honrar a la Matrona de Nazaret trae a la mente un viejo y controvertido tema, es decir, la relación entre lo que es abstracto (en este caso formas de la deidad o seres y realidades muy cercanas a ellas) y lo que es concreto (es decir, las personas en el espacio, la cultura y el tiempo), y dónde debe estar el foco.  

En algún nivel es problemático ver cómo la memoria de una piadosa mujer (María) (que no está físicamente presente y cuyo perfil ni siquiera está cerca de la caracterización preservada por las tradiciones de la Iglesia y los sentimientos populares) recibe tanta atención en octubre y aún durante el resto del año.  Mientras tanto, las necesidades concretas de los seres humanos son descuidadas o no tratadas con la misma intencionalidad e intensidad con la que se llevan a cabo los rituales o ceremonias durante el Cirio.   ¿Cuándo fue la última vez que más de 2 millones de personas, por ejemplo, dedicaron tanto tiempo, energía y recursos para preparar comidas para alimentar a los pobres, recoger ropa y medicamentos para ellos, organizar ferias de la salud para ayudar a los enfermos, enseñarles a escribir y leer, capacitarlos para conseguir trabajo, ayudar a reconstruir sus casas o limpiar las calles? ¿Por qué no existe un colosal voluntariado presto y organizado para realizar estas tareas?  ¿Por qué el liderato eclesial, las comunidades de fe, las organizaciones patrocinadoras y el gobierno no toman la iniciativa de llenar las calles de Belém para llevar a cabo esta empresa de bienestar en beneficio de la colectividad?  Es cierto que el verdadero amor cristiano se expresa durante las festividades del Círio y durante el resto del año, pero cualitativa y cuantitativamente el énfasis de la fe parece estar en otra parte sin que nadie se percate de la incongruencia espiritual y moral que esto conlleva.

Aunque se podría argumentar que las actividades de las que hablo son mucho más difíciles de organizar, especialmente involucrando a tanta gente, el punto que estoy haciendo es tan válido hoy como lo fue durante el tiempo de los profetas bíblicos.  Esto significa que debemos hacer mucho más que analizar, meditar y rezar acerca de la situación.

Además, cabe también preguntarnos: ¿por qué adorar o celebrar en demasía lo que, al final del día, no se puede ver, tocar, sentir, oler o saborear, mientras que las necesidades palpables de nuestros sufrientes vecinos se convierten en pensamientos posteriores o secundarios?  Dicho esto, me pregunto si la celebración del Círio pudiera tomarse como una forma moderna de “idolatría” (lit. “adorar” o “servir a lo que se ve”)  (porque a la final no se celebra o adora explicita y directamente a Dios), que margina aún más a las víctimas vulnerables de nuestra sociedad y nos aleja del mundo actual y sufriente.  ¿No son el amor a Dios y nuestros vecinos como a nosotros mismos los dos mandamientos más importantes de la tradición cristiana, como Jesús mismo reconoció y modeló después de todo? ¿Cómo encuadra o se alinea el concepto y la realización del Círio de Nazaré con todos estos planteamientos?  ¿Es la religión, en términos prácticos, lo que hacemos por los demás como expresión de nuestro amor y fe en una realidad superior, servir principalmente a nuestros prójimos (especialmente los más necesitados), o ambas opciones? ¿Y en qué medida son nuestros símbolos, rituales y acciones son consecuentes con cualquier punto de vista que adoptemos?

5.  La psicología de masas y el fervor lucrativo.  Envueltos por las emociones colectivas del momento, en varias etapas durante las procesiones y como suele suceder anualmente, algunas personas rompieron la cuerda sagrada vinculada a la Berlinda o esto simplemente sucedió por la gran presión de la que fue objeto.  En todo caso, lo que presencié fue algo tan extraño como desafortunado.  En varias ocasiones pude ver a varios grupos formarse y luchar por un pedazo de cuerda rota para venderlo más tarde, como me informaron y leí en fuentes secundarias.  Para mi asombro, también me enteré de que un pedazo de esta cuerda podría costar hasta R$ 1000 (aproximadamente $ 238), lo cual es una cantidad muy considerable para el costo de vida en esta región de Brasil.  Repentinamente me vino a la memoria lo que sabido por muchos años pero esta vez con matices muy distintos: para decepción nuestra, la fe y el hacer dinero van juntos con demasiada frecuencia.

Este desdichado hábito, que no es cosa de ahora y al que la misma Iglesia se ha opuesto pero ha hecho poco o nada para eliminar, tiene varias facetas oscuras.  Independientemente de lo que muchas personas afirmen, los milagros suceden cuando Dios lo decide a través de la agencia de la fe de las personas.  Poner nuestra confianza en la mágica fuerza que los objetos presuntamente poseen no es más que una forma de fetichismo, lo cual es contrario a las creencias cristianas.  ¿Tiene acaso un pedazo de cuerda en sí misma la capacidad para obrar portentos como curar, que alguien consiga trabajo o fortalecer la relación con la Santa?  ¿Por qué tanta obsesión por cortar y llevarse más que un recuerdo después de luchar por conseguirlo? 

Creer en el poder creador de las cosas materiales  sería algo parecido  a  aquellos que creen que las personas que usan disfraces o participan de las actividades recreativas durante Halloween están literalmente adorando a los demonios o la muerte misma porque Haloween estaba originalmente conectado con estas creencias y valores.  Las personas que hacen esto serían “culpables” de hacer lo mismo porque estos símbolos y prácticas y su significado original son la misma cosa, independientemente de si los usuarios son conscientes de ello o no o si no tienen la intención de celebrar esta época del año como los antiguos  lo hacían o incluso algunos satanistas contemporáneos lo hacen hoy.  El problema es que el  significado de las creencias, los símbolos y las prácticas cambia.  A menos que uno crea que  ciertos objetos y actividades están “vivos”, tienen “voluntad propia” y poseen “el poder de cambiar la realidad”, estos siempre serán  mediaciones simbólicas, no fines en sí mismos.  Existen aspectos de la religiosidad popular, como el que estoy criticando, que deben ser cuestionados y rechados, precisamente, por sus infundados puntos de vista.

Además de oponernos a este mal habito, no debemos subestimar el poder que tiene la codicia y cómo este vicio moral puede engañar y corromper fácilmente a los creyentes.  Aprovechar la fe de las personas (ya sean católico-romanos, ortodoxo-orientales, protestantes o  evangélicos) para beneficio económico es tan deplorable como comprar trozos de cuerda de esos vendedores;   es como ser cómplice de lo que no debe formar parte de las festividades y el carácter cristiano. No es en vano que los primeros escritores cristianos afirmaron que la raíz de todos los males era (y sigue siendo)  el amor al dinero. Desafortunadamente, cuando el fanatismo religioso y  los  apetitos descontrolados de la carne se exacerban por las emociones de  las  mayorías, no hay capacidad para distinguir entre lo que es moralmente correcto y lo que no lo es.  La fe debe ser monitoreada, moderada y periódicamente reenfocada.  No debemos ser ingenuos y dejarnos llevar por los impulsos internos y la presión grupal.  Mientras los organizadores no hagan nada para  abordar  estos problemas, la  celebración del Cirio será ensombrecida por estos vicios morales y otros parecidos.

6.  Tratamiento diferenciado a nuestras madres. Las secuelas del Círio de Nazaret hacen  evidente una paradoja si no una contradicción de vida o muerte.  Mientras que “La Madre de la Iglesia” fue venerada durante dos semanas, la  Pacha Mama  o  Abya Yala  (lit. “La Madre Tierra”), como la llamaban nuestros antepasados, era contaminada. La imagen de una de ellas fue decorada con un manto de lujo y unas 15.000 flores,[15] la cual literalmente no necesita de ello, mientras que la otra fue ensuciada con desperdicios. Una vez finalizadas las principales procesiones, las calles de Belém fueron limpiadas en tiempo récord.  Esto es de notar y agradecer.  El problema es que no vemos los mismos esfuerzos para limpiar y embellecer a la ciudad, que es parte de la Pacha Mama, durante el resto del año.  Desafortunadamente, las botellas de agua no reciclables utilizadas para calmar la sed de los romeros y aliviar su dolorosa peregrinación, además de otros desechos, contaminaron el medio ambiente contribuyendo así con el calentamiento global.

Al reflexionar sobre esta situación y pensando en formas de prolongar la vida de la Madre Naturaleza, ¿cuándo fue la última vez que toda la población se reunió para celebrarla y dignificarla?  Después de todo, ¿no ha hecho más por nosotros ella que María y por muchísimo más tiempo?  ¿Qué tiene que suceder para que los cristianos paraenses con el resto de la población se den cuenta de esta lamentable situación y hagan algo significativo para preservar la Amazonas para el futuro antes de que sea demasiado tarde para nuestros hijos e hijas y sus descendientes?  No basta con predicar en contra de estas lamentables prácticas durante la Misa.  Hay que ser congruentes con nuestras creencias.

 7.  Nominalismo cristiano y la verdadera identidad. Asumir que la grandiosa participación del pueblo durante las festividades del Círio es una prueba de que Belém es abrumadora e innegablemente católico-romana, sería una conclusión precipitada e ingenua; o peor aún, concluir que las personas involucradas son verdaderos y fieles cristianos.

No todos los miembros de las religiones del mundo son genuinos seguidores o creyentes. Existe tal cosa como individuos con fe y compromiso cuestionables.  Algunos incluso adoptan el uso de etiquetas religiosas para auto-designarse como hábito o como fruto de la influencia cultural, pero nada más. En el cristianismo tenemos un amplio espectro de posibilidades entre las que tristemente encontramos “lobos vestidos de ovejas” y también aquellos que podrían ser relativamente “buenas personas” (al menos no son criminales y hacen buenas obras de vez en cuando), pero que nunca ponen un pie en la iglesia, por ejemplo, excepto en ocasiones especiales, cuando hicieron algo malo y se sienten culpables o cuando necesitan favores de Dios porque no pueden solucionar sus problemas por otros medios.

Entre los millones de personas que el Círio atrae anualmente, tenemos una mezcla de “trigo y cizaña”.  Es tan fácil que muchas personas se dejen llevar por el poder arrollador de la mística e impulsos del momento, pero no deje que los números le engañen.  Afirmar ser devoto de Nuestra Señora de Nazaret o incluso participar en ceremoniales no convierte a nadie en un verdadero discípulo.  En una relación sana y creciente adobada por la fe, las acciones hablan más fuerte que las palabras, pero la consistencia habla aún más fuerte. Como Jesús dijo una vez: “Los conoceréis por sus frutos.”

8.  Un mejor uso de los recursos.  Cada año el Círio es posible gracias a las generosas contribuciones económicas y materiales de organizaciones privadas y públicas y a un enorme y bondadoso voluntariado.  Esto, en sí mismo, es un gesto digno de emulación, promoción y agradecimiento.  La generosidad entre nosotros debe ser siempre iniciada, alentada y recibida con los brazos y el corazón abiertos.

Pero como sucede con cualquier otra cosa en la vida, uno se pregunta si hay otras áreas más importantes de la sociedad paraense cuyas necesidades son más apremiantes que sacar a desfilar a símbolos religiosos. ¿Por qué pagar miles de dólares para darle a la Virgen un manto de lujo y pagar altas sumas de dinero a artistas populares para adorar a la Santa y entretener a la gente, cuando estos fondos bien podrían ser utilizados para resolver algunos de los problemas que aquejan la vida de los hijos e hijas de María, “los más pequeños “, como solía llamarlos Jesús? Si tuvieran la oportunidad, ¿qué pensarían y dirían Dios, Jesús o incluso la misma María acerca  del actual uso de los fondos?

 9.  Aura monárquica.  Las religiones siempre se crean a imagen y semejanza de su entorno histórico-social.  Esto significa que ellas constantemente asimilan y reproducen los puntos de vista, valores y patrones de comportamiento de las culturas dominantes para mediar la forma en que conceptualizan y desarrollan sus relación con el santo y trascendental Enigma.

En el caso del Círio, la influencia de imágenes de la Europa imperial es notable así como algunos de sus términos, conceptos y prácticas colonialistas. Por ejemplo, si bien es cierto que María no fue literalmente una “reina” en ningún sentido de la palabra, pensaba eso de sí misma o incluso exigía el protocolo correspondiente para rendirle honores de esta manera, ella ha sido llamada y tratada como tal en Brasil desde que los portugueses llegaron a esta tierra e impusieron su cosmovisión religiosa.  Considerada “La Reina del Amazonas”, a ella se le exhibe y honra por las calles de Belém y sus cercanías en procesiones en la que se le rinden los más altos honores como los súbditos europeos solían hacerlo con la realeza en la época medieval. Y aunque esto podría ser tomado como una metáfora para subrayar algunas de sus virtudes (reales o llevadas a un extremo), uno se pregunta si acaso no existen otros calificativos más precisos para representarla, más cónsonos con lo que sabemos de las tradiciones de los evangelios y no asociadas con ninguna imagen de corte político y sus valores jerárquicos y negativos. Después de todo, María, Jesús y el resto de su familia eran campesinos de Galilea.  El desafío de articular un perfil más preciso sigue vigente.  Supongo que hay mejores maneras de honrar la memoria de alguien a quien amamos, admiramos y queremos emular pero sin llegar a las hipérboles o características inventadas.

Tal vez la mejor moraleja

Para las personas de fe y altos estándares morales, es imposible pasearse por la vida sin buscar lecciones que aprender. De cualquier manera que se mire al O Círio de Nossa Senhora de Nazaré, estoy seguro de que las moralejas serían tan diversas como las muchedumbres que convoca cada octubre.Para mí, las lecciones que principalmente cruzan mi mente, además de las arriba mencionadas,  vienen en forma de dos preguntas retóricas.  Pensando en las intensas y numerosas expresiones de devoción a la Virgen de Nazaret, y motivados por fe, amor, respeto y gratitud, ¿qué estamos dispuestos a sacrificar o incluso a hacer fuera de lo ordinario para complacer a lo que yo llamo “el Gran Misterio”?  Y haciendo eco de este sentir y teniendo en cuenta valores imperecederos, ¿qué significa vivir una vida que realmente importe en este tiempo y época, a saber, una vida definida por nobles y excelentes propósitos y significados profundos, una vida que trascienda una mera existencia llena de rutinas pero carente de alma?

Es tan fácil aceptar la idea de que toca a cada persona decidir por sí misma cómo vivir su vida y que, a la luz de ello, cada respuesta será diferente; después de todo, no somos iguales. Pero al mismo tiempo estas preguntas exigen un análisis serio, especialmente cuando demasiadas personas hoy día dedican tiempo, energía y recursos a lo que es superficial y vacío.  ¿Por qué es que multitudes están dispuestas a estar en kilométricas filas durante días para comprar la última versión de un I-Phone y obtener un autógrafo o una foto de una “celebridad” de Hollywood, o gastar mucho dinero para asistir a juegos de fútbol o conciertos, cuando ni siquiera hacen nada similar para Dios, mucho menos para los menos favorecidos?  ¿Por qué nos sacrificamos por frivolidades que contribuyen muy poco o nada a mejorar nuestro mundo?  ¿Dónde esta el voluntariado, sobre todo el de la nueva generación que quiere estar involucrado en los cambios sociales pero sólo de boca y para responder a las encuestas? ¿Por qué no caminar la milla extra en pro de lo que es realmente significativo y objetivamente puede hacer una diferencia en los demás? ¿Y qué revelarían nuestras elecciones sobre la esencia de quiénes somos y los valores que revelan nuestra identidad?

En una era global, conectada y a la vez desconectada, en la que muchas personas se sienten más solas que nunca, deprimidas, alienadas de sí mismas, Dios y sus vecinos, atrapadas en secas, frías y aburridas rutinas, centradas en una vida de entretenimiento, carentes de compasión y cuyas prioridades están confundidas, la luz del O Círio de Nossa Sehnora de Nazaré, como se refleja en los curtidos rostros de tantos y sinceros peregrinos, de alguna manera nos invita a reexaminar nuestras vidas para embarcarnos en una búsqueda (individual y colectiva) que debería restaurar el verdadero significado de la vida, una que vaya más allá de meros símbolos, rituales y ceremonias pero que a la vez se valga de todos ellos para su celebración.  Con este sentir y las velas del corazón  encendidas para iluminar los pasos de esta búsqueda, a todos y todas, les deseo un ¡Feliz Cirio!

Aquiles Ernesto Martínez, Ph.D.
Profesor de Religión
Reinhardt University

 

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NOTAS

[1] Como, por ejemplo, la misa de apertura del Cirio (8 de octubre), comienzo de un tiempo de vigilia y oración y de llevar las carrozas sagradas a “A Compahnia das Docas de Pará” para ser guardadas allí (Oct 9), la presentación del manto a la estatua de la Virgen (10 de octubre), y la clausura del tiempo de vigilia y oración (11 de octubre).  En este último día, también se celebra el llamado “O Auto do Círio”, el cual es un desfile no oficial de carrozas alegóricas organizado por “A Escola de Teatro e Dança da UFPA”  en honor a Nuestra Señora de Nazaret; una especie de “carnaval espiritual”.

[2] Réplica de la original que se le apareció a Plácido José de Souza  en octubre de 1700, como detallaré más adelante.

[3] En la tradición católico-romana una romería  es el nombre dado a una peregrinación religiosa.  Por extensión, un  romero es un peregrino.  El nombre se le aplicó originalmente a una persona que viajaba a Roma, pero su significado se amplió para referirse a viajes a muchos sitios religiosos y diferentes ocasiones religiosas.  Si bien es cierto que la tradicional romería se hacía a pie o de rodillas, una peregrinación puede hacerse hoy día de diferentes maneras, reunir diferentes tipos de personas y a través del uso de diversos medios de transporte: en silla de ruedas, con muletas y por medio de carreras; también en barcos y buques, carros, autobuses, camiones, bicicletas, camiones, motocicletas, carrozas, caballos, etc.  La motivación y el objetivo son siempre alabar, cumplir votos o dar gracias a Dios, Jesús, la Virgen María o algún santo o santa por favores y milagros concedidos.  También se pueden llevar a cabo para fortalecer la fe y hacer promesas.

[4] La cuerda fue utilizada en 1885 por primera vez para sacar la Berlinda de un lugar donde se había quedado atascada durante una procesión del Cirio.  Desde entonces se ha utilizado como parte de los rituales y símbolos.

[5] Que se utilizan para llevar objetos de cera los cuales simbolizan partes de los cuerpos que fueron curados gracias a la mediación de la Virgen o por los cuales se pide sanidad.

[6] Los eventos más llamativos son la realización de una misa para enfermos, otros tipos de romerías (para bicicletas, jóvenes, niños y corredores) y el “O Recírio”, que es la procesión que se realiza dos semanas después del final del Círio propiamente dicho.  Durante este último evento, después de una misa de clausura y la bendición del pueblo, la estatua original se coloca en “La Gloria” hasta el próximo año. La estatua peregrina también se regresa al Colegio Gentil Bittencourt.

[7]  Debido a las similitudes entre las dos fiestas.  Por ejemplo, las oraciones se llevan a cabo en los hogares; edificios, casas, aeropuertos, calles y callejones están decorados; los devotos llevan con orgullo camisetas con imágenes de Nuestra Señora de Nazaret; símbolos religiosos están a la venta; los visitantes pueden degustar las extraordinarias artes culinarias paraenses;  familias se unen; es común el uso de cintas de colores para pedir favores y hacer promesas por medio de nudos hasta que desaparecen con el uso; y las personas compran y ofrecen objetos de cera con la forma de partes u órganos humanos que han sido curados o que necesitan curación, que se colocan en lugares especialmente designados en los santuarios y más tarde en “Las carrosas de las promesas” o “de los milagros”.

[8]  Sobre estos temas y otros relacionados, véase mi reciente libro Encounters with the Mystery: An Understanding of Religion (Marietta, GA: kdp.amazon.com, 2019).

[9] Esta es una palabra que estoy usando para referirme a aquello fuera de lo ordinario, experiencias espirituales o encuentros con realidades esotéricas que generalmente se dan en forma de visiones, sueños, trances, revelaciones, milagros y otras parecidas.

[10] Proveniente de la lengua Tupi Kareuóka, cabloco es un término que literalmente significa “parecido al cobre”, como una referencia al color original de la piel de muchos brasileños después de la invasión y colonización portuguesa.  Esta palabra se aplica generalmente a una persona que es una mezcla de raíces brasileñas indígenas con ascendencia europea. Es un término relativamente equivalente a alguien que en los países de habla castellana se caracteriza como un mestizo.

[11] Presuntamente en un árbol taperebá o un nicho natural en medio del matorral.  Se cree que esta imagen fue esculpida en Nazaret (Galilea, Palestina) y que realizó milagros en la Portugal medieval antes de perderse en Brasil hasta que Plácido la descubriera.  Sin embargo, hay desacuerdo con respecto a su verdadero origen.  La estatua original se guarda en la parte superior del altar de la Basílica, donde hay un lugar elevado hecho de mármol llamado “La Gloria”.

[12]  Según el  “O Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional,”  la palabra “círio”, que proviene de la palabra latina cereus, originalmente se refería a una gran vela hecha de cera.   En Portugal, las velas representaban la reunión de personas que se organizaban para realizar peregrinaciones a los santuarios de Nuestra Señora de Nazaret.   Posteriormente, una vez que el cristianismo fue traído a Brasil, los devotos de la Virgen María terminaron repitiendo el mismo ritual de llevar velas de cera (“círios”) para honrar a la Santa cuando caminaban hacia y al regresar de su santuario.  Con el tiempo, a medida que la fiesta religiosa se fue desarrollando e institucionalizando, el término “círio”, por razones desconocidas y prácticas, se amplió para abarcar toda la celebración, no sólo el ritual de portar las velas.  Aunque muchos términos nos dan pistas sobre su historia y significados originales, estos también cambios en la manera como son interpretados.  

[13] Para más información sobre esta historia, léase https://ciriodenazare.com.br/site/; https://www.essemundoenosso.com.br/cirio-de-nazare-como-e-a-festa/;  https://www.todamateria.com.br/cirio-nazare/; y https://g1.globo.com/pa/para/noticia/2019/10/13/domingo-de-cirio-teve-multidao-de-cerca-de-2-milhoes-de-pessoas-em-belem-do-para.ghtml

[14] Especialmente maniçoba (un plato hecho de las hojas de la yuca que tarda 7 días en cocinarse para sacarle el veneno) y  pato no tucupi  (que es pato cocinado con especias y hojas amazónicas especiales), que son platos preparados en esta época del año.

[15] Cada año el manto es donado.  Es hecho a mano de tela fina, bordado con hilos de oro y decorado con piedras preciosas.

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God dwells in the gallery of  memorable moments

and answered prayers!

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Religion through the Eyes of Poetry

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En un día como hoy millones de personas en todo el mundo apartan tiempo para conmemorar la muerte de Jesús, el Cristo.

Durante muchos siglos, cristianos de muchas culturas han revivido con fe y pesar los últimos momentos de la vida terrenal de Jesús y han apartado tiempo para meditar en ello.

Hoy, desde diversos rincones del globo, contemplamos horrorizados pero con la esperanza puesta en una nueva alborada, el noble gesto de quien, siendo víctima de los poderes de las tinieblas, sacrificó su vida por amor a favor de sus seguidores y en honor a sus ideales. 

Una vez más, desde esa vergonzosa y liberadora cruz, este joven judío, carpintero, mestizo, pobre, y sin credenciales rabínicas, nos invita a mirarlo con otros ojos tras la estela de su vida que da vida.  Y desde allí, con la esperanza que nunca muere, nos enseña, nos abre los abrazos y nos muestra el sendero mientras juntos caminamos.  

Escuchemos la voz del silencio que mueve la roca, vacía el sepulcro y nos encamina hacia el colorido horizonte…

 

 

 

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Basilica of the Annunciation – Nazareth

Located in the town where, according to the Gospels, Jesus was raised and lived most of his life, this church, built in 1969, was erected on the location where, according to Roman-Catholic speculation, Gabriel, a messenger from God. told Mary that she would conceive a child whose name would be “God is liberation,” namely, Jesus.

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IN MEMORIAM: QUENTIN MOSES

CandlelightBefore the power and mystery of life,

TOGETHER WE GRIEVE , TOGETHER WE RISE, TOGETHER WE CELEBRATE

  • This picture is courtesy of Huitt Rabel!
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