“O CÍRIO DE NOSSA SENHORA DE NAZARÉ”: UNA EVALUACIÓN DESDE Y MÁS ALLÁ DE LA FE

Una mística y fascinante festa

Durante las dos primeras semanas de octubre del presente año, la ciudad de Belém, Pará, norteña puerta de entrada al río Amazonas, Brasil, fue anfitriona del evento religioso más interesante que he presenciado y del que no mucha gente está al tanto, incluso entre los seguidores del catolicismo romano.

Después de una serie de actividades preparatorias durante los primeros días de octubre, como suele hacerse cada año,[1]  en la mañana del viernes del 11 de octubre, una pequeña estatua de la Virgen María, que representa a “A Nossa Senhora de Nazaré”, considerada como “la Santa Matrona de Pará” y llamada “la Imagen Peregrina”,[2] fue llevada del “O Colegio Gentil Bittencourt” a la Basílica de Nossa Senhora de Nazaré con el fin de encabezar una procesión de 19.6 kilómetros a la ciudad de Ananindeua y zonas cercanas.  Después de la finalización de esta procesión, la primera de 12 programadas, la Santa se quedó en la iglesia “Nossa Senhora das Graças” en Ananindeua hasta la mañana siguiente, mientras que más tarde la noche de ese día, se llevó a cabo un Servicio Eucarístico para jóvenes en la Basílica de Belém.

El sábado 12 de octubre, muy temprano, una romería  de coches de policía, vehículos de bomberos y otros medios de transporte oficiales se trasladaron a la paróquia Nossa Senhora das Graças,[3] para acompañar a la imagen de la Virgen en un paseo de 22 kilómetros al muelle de Icoaraçi.  Después de su llegada a ese puerto, la Reina fue puesta en una Corveta de la Marina de Guerra para liderar una impresionante peregrinación fluvial compuesta por cientos de botes y buques a través de las aguas de la Bahía de Guajará,  con dirección al muelle principal de la “A Estação das Docas” en Belém. 

Allí, una entusiasta multitud esperaba pacientemente la llegada del cortejo popular para rendir homenaje a la amada Naza,  Nazinha  o  Nazica, como se le llama cariñosamente.  Recibida por fuegos artificiales y otras expresiones de júbilo a su llegada, a media mañana, la Santa fue escoltada de regreso al “O Colegio Gentil Bittencourt” por la Avenida Nazaré, pero ahora por una impresionante y estridente romería de unas 15.000 motocicletas. 

Mientras ocurrían todos estos acontecimientos, miles de humildes romeros, de pueblos cercanos y zonas rurales empobrecidas (a los que se les llama “riberinhos” o “personas de las riveras del río”), ya habían terminado su largo y doloroso viaje a pie a Belém para cumplir las promesas hechas a la Virgen y se alojaron en “A Casa do Plácido” cerca de la Basílica.  Allí sus heridas fueron curadas y fueron objeto de la hospitalidad de sus compasivos hermanos y hermanas en la fe.  El mismo sábado, al mediodía, en la Basílica, la estatua original de Nuestra Señora de Nazaret fue solemnemente bajada de “La Gloria” (donde permanece todo el año) para que los creyentes le rindieran el debido homenaje.  Era cuestión de horas antes de que las dos últimas y más importantes procesiones fueran llevadas a cabo por las fieles multitudes.

Por la tarde, después de la Misa, precedida por varias personas que caminaban de rodillas para cumplir sus votos, la imagen de “la Virgen Peregrina” fue colocada en un carruaje decorado con miles de hermosas flores (llamada Berlinda) para una procesión de 3.7 kilómetros desde “O Colegio Gentil Betancourt” hasta la Catedral Da Sé (cerca de la zona donde había desembarcado unas horas antes).

Tirado y resguardado por un grupo de selectos voluntarios y voluntarias, a este santo carruaje se le conectaba una cuerda de 400 metros de largo, que pesaba unos 700 kilogramos[4] y a la que un numerosos grupo de suplicantes descalzos, prácticamente aglutinados, adoloridos y exhaustos, se retorcían y luchaban por si quiera colocar una mano sobre la mentada cuerda para mostrar, simbólicamente, su entrañable unión a la Santa Madre. 

De la gran marcha espiritual, también participaban 13 vehículos  alegóricos llamados “las carrosas de los milagros” o de “las promesas”[5], al igual que un séquito de fieles que caminaban y saturaban cada centímetro de la Avenida Nazaret.  Durante unas cinco horas, la escena fue dramática, contemplativa y extrañamente inspiradora, sólo para repetirse la mañana siguiente para la última y aún mayor peregrinación de vuelta a la Basílica.

 

 

 

 

Al amanecer del domingo 12 de octubre, el arzobispo de Belém llevó la imagen de la Sagrada Matrona al carruaje real mientras las campanas de la Catedral Da Sé repicaban, los fuegos artificiales explotaban de colorida emoción y la multitud cantaba alabanzas con los brazos extendidos a la Matrona, con lágrimas en su ojos y la esperanza de ser bendecidos una vez más.  Millares de personas de todas las edades volvieron a llenar las calles de Belém, junto al son de himnos, oraciones y alabanzas para acompañar el símbolo de Nuestra Señora de Nazaret desde la Catedral de vuelta a la Basílica para otro sin igual paseo de 3.7 kilómetros, el último.

Cuatro horas más tarde, en un clima de júbilo absoluto y calor y humedad tropical, la Virgen y su familia unida al gran cordón umbilical de la fe llegaron a la plaza frente a la Basílica. Poco después, la imagen fue retirada de la Berlinda para la celebración de una Misa final, y luego levantada para que todos fueran bendecidos por “la Madre de la Iglesia”, “la Reina del Amazonas”, evento muy esperado.  Posterioemente, desde el 13 de octubre hasta el 27, se llevaron a cabo otras actividades religiosas y culturales para hacer esta fiesta más inclusiva y llevarla a una exitosa clausura hasta el próximo año.[6]

Considerada como “la Navidad del Amazonas”[7] y declarada como patrimonio cultural por el “O Instituto do Patrimánio Histórico e Artístico Nacional” desde 2004, O Círio de Nossa Senhora de Nazaré, como se le conoce formalmente, se ha venido celebrando desde 1793 en Belém do Pará, y hoy se considera la procesión más numerosa del mundo.   Se estima que cada año, esta fiesta espiritual y cultural atrae más de dos millones de devotos y turistas, con varias actividades de apoyo antes y después de las principales procesiones.

Además de su naturaleza cautivadora y la vez intrigante, el Círio de Nuestra Señora de Nazaret tiene una serie de características que son únicas pero también similares a las creencias y prácticas de otras religiones del mundo.  Debido a la presencia de esta doble faceta, los símbolos, creencias, rituales y actividades que hacen que esta fiesta sea posible y harto atractiva, dicha celebración puede ser analizada a través de los conceptos y metodologías que normalmente utilizamos en el análisis intercultural de las religiones del mundo. De la misma manera, el Círio, al ser una creación humana, sensorial, contextualizada e impulsada por la fe que facilita una relación cristiano-conservadora con la madre de Jesús, tiene una serie de virtudes y flaquezas que vale la pena identificar.[8]  Con estas ideas como premisas de por medio, les invito a reflexionar conmigo acerca del Círio.

De una teofanía[9] a una institución 

En las religiones del mundo, los rituales principales tienen historias extraordinarias (llamadas “mitos”) que estructuran y legitiman las creencias y prácticas de sus seguidores. También son fenómenos sociales que, con el correr del tiempo, pasan de la simplicidad a la complejidad, de la informalidad a la formalidad. El Círio de Nazaret ejemplifica estas reglas universales pero añadiendo sus misteriosos y únicos matices.

Aunque hay diferentes versiones disponibles, la historia del Círio se remonta al año 1700 en la ciudad de Belém.  Se dice que un caboclo[10] y agricultor llamado Plácido José de Souza caminaba por la antigua carretera de Utinga (actualmente “A Avenida Nazaré”  y donde se realizan las peregrinaciones principales) e inesperadamente encontró una estatua de madera barroca de 24 centímetros de altura de la Virgen María, en una de las orillas del arroyo Murutucu (que se encontraba detrás de lo que ahora es “A Basilica de Nossa Senhora de Nazaré”).[11]  Después de encontrar la estatua sagrada, Plácido la llevó a su casa, la puso en un altar donde tenía las imágenes de otros santos y se fue a dormir.  La mañana siguiente, al buscar la estatua, se encontró con que ésta había desaparecido. Desconcertado por este extraño evento, Plácido volvió al arroyo donde había encontrado a la imagen el día anterior y, para sorpresa suya, la encontró allí.  La trajo de vuelta a su casa pero ella desapareció de nuevo y regresó al mismo arroyo; este milagro sucedió varias veces.  Después de  escuchar el relato, el gobernador de la ciudad determinó que la imagen fuera llevada al Palacio de Gobierno para que pasara la noche allí, escoltada por guardias. Pero para asombro de todos, a la mañana siguiente, la estatua de María había desaparecido otra vez y más tarde fue encontrada en las orillas del arroyo Murutucu. Plácido entonces se dio cuenta de que el deseo de la Virgen era que él construyera un santuario para ella donde la encontró por primera vez y así lo hizo.

Con el tiempo, la noticia de este acontecimiento fuera de lo común  se extendió rápidamente y muchas personas comenzaron a visitar el sencillo santuario construido por Plácido para rendirle homenaje a la Santa Madre de Jesús.  Cada año, el número de creyentes aumentaba.  Muchos fueron a la casa de Plácido con ofrendas votivas en gratitud y devoción y presentaron objetos de cera que representaban partes del cuerpo humano para ser sanadas; también con muletas y retratos para demostrar que sus deseos habían sido cumplidos.

Con la visita del primer obispo de Pará, Don Bartolomé Pilar, la devoción a María y las peregrinaciones cobraron fuerza hasta el punto de convertirse en una ceremonia oficial. Entre 1730 y 1774, se construyó una nueva capilla para recibir a los fieles de Nuestra Señora.  En 1773, con la visita del quinto obispo del estado, Don Juan Evangelista, se formalizó la devoción a la Virgen María y Belém fue puesta formalmente bajo la protección de Nuestra Señora de Nazaret.  Pero no fue sino hasta 1793, cuando el capitán general de Pará, Francisco de Sousa Coutinho, autorizó la celebración de la fiesta que hoy se conoce como “O Círio de Nossa Senhora de Nazaré”.  En un principio ese nombre se le dio a las procesiones en las que los fieles llevaban consigo velas, [12] pero después de 226 años terminó aplicándosele a una serie de largas procesiones y otras actividades religiosas afines, en las que millones de personas cada año han tenido a bien seguir y venerar a María por las calles de la tropical Belém.[13]

Un bouquet de virtudes

Todos los fenómenos religiosos tienen aspectos positivos que debemos identificar para beneficio de las personas involucradas, así como de aquellas que los miran desde la distancia.  Permítanme mencionar los más importantes en torno a la naturaleza y la realización del Cirio de Nuestra Señora de Nazaré.

1.  El poder de la fe.  En las religiones mundiales, la suficiencia de la fe es tan innegable como su carácter definitorio. A fin de crear y nutrir sus propias verdades en cuanto al cosmos, la fe lo es todo. Realmente nadie puede entender completamente su núcleo y expresiones mucho menos detener su fuerza, a menos que seamos parte del mundo de significado originado por esa fe. A pesar de las tensiones y contradicciones que a menudo se cruzan en nuestros caminos y desafían nuestras filosofías de la vida, la fe es un misterio que finalmente ve lo que los ojos niegan.

La certeza de lo que es invisible y no está aquí pero todavía mueve a la gente a esperar su llegada, parafraseando a Hebreos 11:1-2, es lo que motiva y define lo que sucede durante el Círio.  Sólo el poder místico de la fe que mueve montañas entre personas sencillas puede lograr lo que esta fiesta logra cada año.  Creer y confiar en Nuestra Señora de Nazaret es un acto honesto, profundo y libre de la voluntad, cultural e históricamente arraigado entre los paraenses. Nadie puede quitarles eso.  María es una persona que, representada sacramentalmente por la imagen original y la peregrina y proclamada por las tradiciones milenarias, todos aman, respetan, admiran, celebran y por quien están agradecidos incondicionalmente. La fe es el secreto de la extraordinaria sinergia (i.e., “energía como producto del trabajo de muchos”) que presenciamos y que se agiganta cada año.

2.  Comunión fraternal.   Junto con otros elementos, la fe en la Madre de la Amazonas ha logrado unir a personas de todos los ámbitos de la sociedad paraense, al menos durante unas semanas, una vez al año, haciendo del Círio un verdadero evento cultural.  A pesar de su carácter y enfoque católico-romano, esta fiesta espiritual reúne a todas las familias para disfrutar de un tiempo de paz, compañerismo, relajación, amor, esperanza y comidas tradicionales.[14] Hay una impresionante convivencia.

Sean los participantes cristianos o no, sin duda se puede sentir un clima de unidad y alegría dondequiera que uno vaya. En cada esquina se podían escuchar fácilmente los deseos de “!Feliz Círio!”.  Incluso los evangélicos se unieron a la fiesta ofreciendo agua y comida a los peregrinos. Tal vez ningún otro festival en Brasil o en otra parte del mundo tenga este atractivo.  Por lo tanto, es gratificante saber que una vez al año se manifieste lo mejor de la sociedad paraense, recordándonos que cosas buenas pueden suceder en otros lugares cuando se busca lo que es común y se le ritualiza. En un mundo donde las relaciones humanas a menudo están fragmentadas y al borde de la destrucción, que este ejemplo sea un incentivo para abrazarnos y apoyarnos mutuamente a medida que elevamos nuestras identidades, historias y folclore.

3.  Una vida de gratitud y compromiso. Las procesiones formadas por más de dos millones de personas, motivadas por una profunda fe, demuestran, sin duda, lo agradecidos que están muchos cristianos a la gentil intercesión de María en su nombre y lo comprometidos que parecen estar para hacer de su fe algo más fuerte. Octubre da a las personas la oportunidad de renovar su confianza y creencia en María.

Basándose en los testimonios personales de mucha gente, el Círio transforma vidas, incluso las vidas de forasteros y críticos; de hecho, muchos regresan a sus casas cambiados como sucedió conmigo.  La lealtad incondicional se da como pago. En última instancia, en la vida real, lo que hacemos por Dios y los demás es lo que hace que nuestras jornadas sean más saludables, fuertes y duraderas.

4. Reciprocidad. Un aspecto notable del Círio es cómo las actividades ilustran, modelan y ayudan a desarrollar una relación espiritual caracterizada por la mutualidad.  Muchas personas no son conscientes de este gran valor, pero el mismo merece ser identificado por nombre, hay que darle visibilidad y es digno de encomio ya que tiene mucho que aportar a las relaciones interpersonales.

Existe un tipo de relación en la que se da y se recibe entre la Virgen y sus adeptos.  Por amor, según la teología católico-romana, la Virgen María presuntamente intercede para que se concedan favores y se produzcan milagros para sus fieles y sus seres queridos.  Normalmente se cree y enseña que no es la imagen de María la que realiza los portentos, sino el Dios Trino quien, a través de la mediación de ella, logra lo imposible.  A cambio, los cristianos y cristianas responden en agradecimiento participando en peregrinaciones o caminando de rodillas como condición previa para que se les concedan favores o como respuesta que sigue a la gracia ya recibida.  Mientras los creyentes son bendecidos de forma tangible, la Virgen recibe a cambio honra y sacrificios de profunda gratitud.  De esta manera, y para reforzar la identidad cristiana, se cultiva una relación  de reciprocidad, que bien debería replicarse en nuestro diario vivir los unos con los otros.  Recordemos que las relaciones estables, fuertes y que permanecen, con Dios u otras personas, siempre son aquellas en las que cada uno hace su parte. 

Por otro lado, cabe preguntarse si existiría tal lealtad en casos cuando las peticiones no fueran contestadas.  Y me atrevo a pensar que la gente seguiría siendo fiel a la Matrona porque la gran mayoría de las veces los milagros, facilitados por ella o no, no suceden; son la excepción.  Pero esto realmente no importa.  Cuando hay devoción de por medio, el pueblo decide seguir confiando y creyendo.

5.  Involucramiento de la generación de relevo. Ver la numerosa participación en el Cirio de un gran sector de la generación milenial o de teléfonos inteligentes, como se le ha catalogado, es realmente una brisa de aire fresco y esperanza.  Su protagonismo como voluntarias y voluntarios, incluso hasta el punto de sacrificar parte de sí mismos para honrar algo más alto que ellos mismos son destellos de la posibilidad un mundo mejor.

Gracias a Dios, no todos los miembros de esta generación son seculares, ateos, agnósticos y fácil blanco del postmodernismo, como indican algunos estudios. No todos ellos son presas de la gratificación instantánea, adictos a las redes sociales y dispositivos electrónicos y huérfanos de compasión y empatía.   Afortunadamente, en Belém, como en otros lugares del mundo, muchos de ellos no están vendiendo sus almas a los aspectos impersonales del dinero y la fama, la globalización y la ciencia y la tecnología, donde no hay lugar para el mundo espiritual o la posibilidad de una realidad superior.  Lo bueno es que el sentido por lo trascendental sigue siendo parte de muchos de ellos, lo que significa que debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para capitalizar esta tendencia antes de perderlos por completo.

6.  Purga de emociones y salud mental. La atmósfera creada por las festividades que rodean al Círio ayuda sacar sentimientos reprimidos y pensamientos negativos.  Es imposible no sentir profundas emociones cuando nos hacemos uno con el sentir y la fe al desnudo del pueblo. No mucha gente tiene el lujo o la cultura de ir a ver terapistas que podrían ayudarlos a lidiar con problemas emocionales no resueltos con los que luchan o ayudarles a dejar los fantasmas del pasado que hieren su presente. Sacar nuestras emociones de nuestro pecho es una práctica saludable; la catarsis personal o grupal es necesaria. 

De ninguna manera completo, definitivo o cercano a una terapia de grupo, el Círio de alguna manera provee una salida a las luchas del corazón de una comunidad que sufre. Sin embargo, éste no debe ser el final del drama. Si bien confiar en un poder supremo es el primer y más importante recurso que tenemos cuando estamos pasando por “el valle de sombra y muerte “, éste no es el único y no debe ser utilizado como una vía de escape fácil y momentánea. También debemos buscar la ayuda que los profesionales pueden ofrecer, así como procurar los hombros y sabios consejos de nuestras buenas amistades.

7.  Un bien merecido shabat.  En cierto nivel, para las comunidades que están agotadas por su arduo trabajo en circunstancias cuesta arriba (como a menudo sucede en los países del Tercer Mundo), las condiciones creadas por el Círio de Nuestra Señora de Nazaret sirven como una ocasión para hacer una pausa, poner nuestras ideas y emociones juntas, enderezar nuestras prioridades y recuperar las fuerzas para seguir adelante. Proporciona a individuos y familias de un tiempo necesario para detenerse, orar y descansar, a saber, para disfrutar de un día de reposo personal y colectivo.  Es un momento que invita a la introspección y renovación de la fe a fin de mejorar a todos los niveles.

Como una oportunidad para centrarse en lo que es realmente importante en la vida, esta forma de descanso institucionalizado sirve bien a la población de Belém y les recuerda que es importante cuidarse a sí mismos, además de su relación con lo divino y otras personas.

8.  Beneficios colaterales.  Más allá de los frutos religiosos, existen beneficios adicionales que se experimentan y cosechan durante las dos primeras semanas de octubre de cada año. Las tasa de criminalidad momentáneamente baja; no debemos sorprendernos de que auún los desadaptados sociales y transgresores de la ley, por culpa y no comprendiendo realmente lo contradictorio que son sus vidas moralmente, incluso puedan mostrar su lado religioso durante las festividades.  Espirituales o no, las familias se unen, disfrutan de la comunión entre ellas , fortalecen sus lazos sentimentales, abandonan la rutina que caracteriza su vida diaria y alivian el estrés.  Afortunadamente, se hacen nuevas amistades y las viejas amistades se reavivan también.  

La economía local recibe un impulso necesario ya que las ventas suben; los ingresos se reportan en millones de reais (R$) cada año. Al final del día, con la motivación y acciones adecuadas, todos ganan, nadie pierde. Lo lamentable es que este ambiente de logros no se mantiene durante el resto del año.

Tensiones, ambigüedades y contradicciones

Las ideologías religiosas y sus implementaciones no son perfectas como tampoco las estructuras, las formas de pensar y las comunidades que las defienden y preservan.

Si bien la muestra de emociones, actos de gratitud y expresiones de devoción son genuinas, transformadoras de la vida y dotadas de hermosura, hay aspectos importantes de la cosmovisión romano-católica-cristiana con la que el Cirio está en tensión si no en contradicción.   Una fe que busca el entendimiento para finalmente alcanzar la sabiduría necesita siempre el aporte de una crítica constructiva, a la cual me remito seguidamente.

1.  La caracterización y el tratamiento de María eclipsan la imagen de Jesús. A pesar de los incansables esfuerzos de los católicos por defender la centralidad de Jesús y la función de apoyo que su madre ejerce, el protagonismo mariológico de las festividades es tan claro como el agua.  Paradójicamente, esto se hace hasta un punto en el que Jesús es prácticamente invisible momentáneamente si no por el resto del año.  Nossa Senhora recibe toda la atención.  Además, no hay un evento equivalente al Cirio en honor a Jesús en el calendario litúrgico en Belém, Brasil o el resto del mundo. Esta incoherencia interna realmente nos hace cuestionar lo que esta cara del cristianismo realmente cree y proclama acerca de la naturaleza, la posición y la función de Jesús en relación con María. Esto no es un punto de vista que busca echarle leña al fuego del debate antiguo entre protestantes y católico-romanos que tristemente sigue marcando la historia. Es más bien una observación sobre el doble mensaje que transmite la realización del Círio.  Entiendo que esta no es la intención pero los resultados son otros.

Mirando el asunto desde una perspectiva más amplia, la celebración de esta fiesta religiosa refuerza la noción de que en el cristianismo, como en otras religiones, no hay coherencia absoluta en la forma en que los devotos clasifican sus creencias y normas y lo que hacen o no para ser coherentes con ellas.  Las doctrinas no siempre armonizan con la práctica.  Tener conciencia de este brecha es el primer paso para eliminarla, disminuirla o hacer otros ajustes apropiados.  O algunos cristianos se deben esforzar por honrar el nombre de su religión a través del uso coherente de sus símbolos, rituales y actividades a fin de mostrar realmente lo que creen y son, o simplemente deben considerar cambiar el nombre de su religión a marianismo.  En ambos casos, el asunto de la integridad es lo que está en juego.

2.  La realidad y la ficción se enredan. La notoriedad inusual dada a la Virgen de Nazaret está inseparablemente fusionada con una caracterización en la que las líneas de demarcación entre “la persona real” (María) y su “imagen pública más grande que la vida” (el ícono) no pueden ser claramente diferenciadas ya que ellas aparecen como si fueran representaciones equivalentes de la misma persona.  Las causas y los factores que han generado esta popular interpretación son muchos y complejos. La historia detrás de la construcción de la imagen publica de la Virgen en la Iglesia es muy antigua; y después de todo, a los devotos realmente no les importa la información que pudiéramos sacar a la luz sobre este trasfondo.  Lo que está claro es que el perfil que se puede articular sobre María a partir de la escasa información dada por el Nuevo Testamento y de las tradiciones orales que surgieron muchos siglos después del cristianismo temprano, muestran un radical cambio entre la imagen de María como una mujer sencilla, judía, campesina, con unas pocas cualidades espirituales y morales, a la de un carácter cuasi-divino y lleno de rasgos impuestos siglos después.  El Círio refuerza esta última etapa a través de la forma en que ella es tratada y los títulos se utilizan para referirse a ella. “La Madre de la Iglesia, “la Madre de Dios” (que en sí misma es lógicamente un “oxímoron”) y “la Reina del Amazonas”, entre otros, son tres de los más populares.

Además, en una cultura donde las madres son tradicionalmente colocadas en el más alto pedestal (y con razones de sobra debido al trabajo abnegado que muchas de ellas hacen por sus hijos e hijas a pesar de ser víctimas del despreciable machismo), las infladas representaciones de María también revelan cómo poblaciones enteras subconscientemente proyectan o transfieren a la madre de Jesús el gran amor y profundo aprecio que sienten por sus propias madres por medio de la caracterización idealizada de María y los símbolos y ceremonias correspondientes  –  tal vez una recreación de las madres que tuvieron, que nunca tuvieron o que les gustaría tener.  Después de todo, el mismo Jesús, a pesar de su extraordinario perfil y praxis revolucionaria, fue y sigue siendo una figura masculina con rasgos patriarcales que, en cierta medida, necesita ser complementado con el de una gran y  noble mujer, no necesariamente igual, pero muy cercana a su estatura.  En todo este inconsciente y masivo proceso de imputar características a María, terminamos aprendiendo más acerca del pueblo paraense que sobre la misma María: de su fe, lealtad, corazón agradecido, desatinos, luchas y sueños. Vistas a través del cristal de la religiosidad popular, estas fuertes tensiones, por muy razonables que sean, terminan llegando a oídos sordos y ojos ciegos.

A partir de la fe y más allá de ella, otro elemento de la historia del Círio necesita ser abordado con criterios parecidos.  Al escuchar el relato de las experiencias místicas de Plácido con la estatua medieval de Nuestra Señora de Nazaret (si somos honestos con nosotros mismos) y su milagrosa aparición en Portugal para luego aparecer en Brasil del mismo modo, es imposible no poner en tela de juicio su veracidad, o al menos dudar aspectos de ella.  En parte esto es así debido a la cosmovisión que no da lugar a milagros de este tipo.  En la vida real, las estatuas, no importa cuán “santas” pudieran ser, no aparecen y desaparecen como por arte de magia, mucho menos varias veces, en distintos países y después de ser custodiadas.  Otro aspecto que pudiera llevar a cuestionar la verosimilitud de algunas partes del relato es la práctica en todos los pueblos y culturas de añadir más contenido y matices a las historias heredadas hasta que el punto en el que el núcleo histórico de la verdad, por así decirlo, queda enterrado bajo las gruesas capas de interpretaciones e interpolaciones posteriores.  Como resultado de este largo, impredecible, complejo e incontrolable proceso, las líneas que separan “la fantasía” (lo imaginado o experimentado de manera sobrenatural) de “la realidad fáctica” (es decir, los hechos) ya no se pueden distinguir pues están herméticamente fusionados.  Y cuanto más lejos estamos de los acontecimientos originales, más lejos estaremos de tener acceso a esa verdad relativamente objetiva.  Cuando esto sucede, como se dice en el campo académico, la historia se mitologiza y las mitologías se historifican, lo cual es un gran desafïo.

4.  El significado último de la “religión”. Honrar a la Matrona de Nazaret trae a la mente un viejo y controvertido tema, es decir, la relación entre lo que es abstracto (en este caso formas de la deidad o seres y realidades muy cercanas a ellas) y lo que es concreto (es decir, las personas en el espacio, la cultura y el tiempo), y dónde debe estar el foco.  

En algún nivel es problemático ver cómo la memoria de una piadosa mujer (María) (que no está físicamente presente y cuyo perfil ni siquiera está cerca de la caracterización preservada por las tradiciones de la Iglesia y los sentimientos populares) recibe tanta atención en octubre y aún durante el resto del año.  Mientras tanto, las necesidades concretas de los seres humanos son descuidadas o no tratadas con la misma intencionalidad e intensidad con la que se llevan a cabo los rituales o ceremonias durante el Cirio.   ¿Cuándo fue la última vez que más de 2 millones de personas, por ejemplo, dedicaron tanto tiempo, energía y recursos para preparar comidas para alimentar a los pobres, recoger ropa y medicamentos para ellos, organizar ferias de la salud para ayudar a los enfermos, enseñarles a escribir y leer, capacitarlos para conseguir trabajo, ayudar a reconstruir sus casas o limpiar las calles? ¿Por qué no existe un colosal voluntariado presto y organizado para realizar estas tareas?  ¿Por qué el liderato eclesial, las comunidades de fe, las organizaciones patrocinadoras y el gobierno no toman la iniciativa de llenar las calles de Belém para llevar a cabo esta empresa de bienestar en beneficio de la colectividad?  Es cierto que el verdadero amor cristiano se expresa durante las festividades del Círio y durante el resto del año, pero cualitativa y cuantitativamente el énfasis de la fe parece estar en otra parte sin que nadie se percate de la incongruencia espiritual y moral que esto conlleva.

Aunque se podría argumentar que las actividades de las que hablo son mucho más difíciles de organizar, especialmente involucrando a tanta gente, el punto que estoy haciendo es tan válido hoy como lo fue durante el tiempo de los profetas bíblicos.  Esto significa que debemos hacer mucho más que analizar, meditar y rezar acerca de la situación.

Además, cabe tambieén preguntarnos: ¿por qué adorar o celebrar en demasía lo que, al final del día, no se puede ver, tocar, sentir, oler o saborear, mientras que las necesidades palpables de nuestros sufrientes vecinos se convierten en pensamientos posteriores o secundarios?  Dicho esto, me pregunto si la celebración del Círio pudiera tomarse como una forma moderna de “idolatría” (lit. “adorar or servir a lo que se ve”)  (porque a la final no se celebra o adora explicita y directamente a Dios), que margina aún más a las víctimas vulnerables de nuestra sociedad y nos aleja del mundo actual y sufriente.  ¿No son el amor a Dios y nuestros vecinos como a nosotros mismos los dos mandamientos más importantes de la tradición cristiana, como Jesús mismo reconoció y modeló después de todo? ¿Cómo encuadra o se alinea el concepto y la realización del Círio de Nazaré con todos estos planteamientos?  ¿Es la religión, en términos prácticos, lo que hacemos por los demás como expresión de nuestro amor y fe en una realidad superior, servir principalmente a nuestros prójimos (especialmente los más necesitados), o ambas opciones? ¿Y en qué medida son nuestros símbolos, rituales y acciones son consecuentes con cualquier punto de vista que adoptemos?

5.  La psicología de masas y el fervor lucrativo.  Envueltos por las emociones colectivas del momento, en varias etapas durante las procesiones y como suele suceder anualmente, algunas personas rompieron la cuerda sagrada vinculada a la Berlinda o esto simplemente sucedió por la gran presión de la que fue objeto.  En todo caso, lo que presencié fue algo tan extraño como desafortunado.  En varias ocasiones pude ver a varios grupos formarse y luchar por un pedazo de cuerda rota para venderlo más tarde, como me informaron y leí en fuentes secundarias.  Para mi asombro, también me enteré de que un pedazo de esta cuerda podría costar hasta R$ 1000 (aproximadamente $ 238), lo cual es una cantidad muy considerable para el costo de vida en esta región de Brasil.  Repentinamente me vino a la memoria lo que sabido por muchos años pero esta vez con matices muy distintos: para decepción nuestra, la fe y el hacer dinero van juntos con demasiada frecuencia.

Este desdichado hábito, que no es cosa de ahora y al que la misma Iglesia se ha opuesto pero ha hecho poco o nada para eliminar, tiene varias facetas oscuras.  Independientemente de lo que muchas personas afirmen, los milagros suceden cuando Dios lo decide a través de la agencia de la fe de las personas.  Poner nuestra confianza en la mágica fuerza que los objetos presuntamente poseen no es más que una forma de fetichismo, lo cual es contrario a las creencias cristianas.  ¿Tiene acaso un pedazo de cuerda en sí misma la capacidad para obrar portentos como curar, que alguien consiga trabajo o fortalecer la relación con la Santa?  ¿Por qué tanta obsesión por cortar y llevarse más que un recuerdo después de luchar por conseguirlo? 

Creer en el poder creador de las cosas materiales  sería algo parecido  a  aquellos que creen que las personas que usan disfraces o participan de las actividades recreativas durante Halloween están literalmente adorando a los demonios o la muerte misma porque Haloween estaba originalmente conectado con estas creencias y valores.  Las personas que hacen esto serían “culpables” de hacer lo mismo porque estos símbolos y prácticas y su significado original son la misma cosa, independientemente de si los usuarios son conscientes de ello o no o si no tienen la intención de celebrar esta época del año como los antiguos  lo hacían o incluso algunos satanistas contemporáneos lo hacen hoy.  El problema es que el  significado de las creencias, los símbolos y las prácticas cambia.  A menos que uno crea que  ciertos objetos y actividades están “vivos”, tienen “voluntad propia” y poseen “el poder de cambiar la realidad”, estos siempre serán  mediaciones simbólicas, no fines en sí mismos.  Existen aspectos de la religiosidad popular, como el que estoy criticando, que deben ser cuestionados y rechados, precisamente, por sus infundables puntos de vista.

Además de oponernos a este mal habito, no debemos subestimar el poder que tiene la codicia y cómo este vicio moral puede engañar y corromper fácilmente a los creyentes.  Aprovechar la fe de las personas (ya sean católico-romanos, ortodoxo-orientales, protestantes o  evangélicos) para beneficio económico es tan deplorable como comprar trozos de cuerda de esos vendedores;   es como ser cómplice de lo que no debe formar parte de las festividades y el carácter cristiano. No es en vano que los primeros escritores cristianos afirmaron que la raíz de todos los males era (y sigue siendo)  el amor al dinero. Desafortunadamente, cuando el fanatismo religioso y  los  apetitos descontrolados de la carne se exacerban por las emociones de  las  mayorías, no hay capacidad para distinguir entre lo que es moralmente correcto y lo que no lo es.  La fe debe ser monitoreada, moderada y periódicamente reenfocada.  No debemos ser ingenuos y dejarnos llevar por los impulsos internos y la presión grupal.  Mientras los organizadores no hagan nada para  abordar  estos problemas, la  celebración del Cirio será ensombrecida por estos vicios morales y otros parecidos.

6.  Tratamiento diferenciado a nuestras madres. Las secuelas del Círio de Nazaret hacen  evidente una paradoja si no una contradicción de vida o muerte.  Mientras que “La Madre de la Iglesia” fue venerada durante dos semanas, la  Pacha Mama  o  Abya Yala  (lit. “La Madre Tierra”), como la llamaban nuestros antepasados, era contaminada. La imagen de una de ellas fue decorada con un manto de lujo y unas 15.000 flores,[15] la cual literalmente no necesita de ello, mientras que la otra fue contaminada con desperdicios. Una vez finalizadas las principales procesiones, las calles de Belém fueron limpiadas en tiempo récord.  Esto es de notar y agradecer.  El problema es que no vemos los mismos esfuerzos para limpiar y embellecer a la ciudad, que es parte de la Pacha Mama, durante el resto del año.  Desafortunadamente, las botellas de agua no reciclables utilizadas para calmar la sed de los romeros y aliviar su dolorosa peregrinación, además de otros desechos, contaminaron el medio ambiente contribuyendo así con el calentamiento global.

Al reflexionar sobre esta situación y pensando en formas de prolongar la vida de la Madre Naturaleza, ¿cuándo fue la última vez que toda la población se reunió para celebrarla y dignificarla?  Después de todo, ¿no ha hecho más por nosotros ella que María y por muchísimo más tiempo?  ¿Qué tiene que suceder para que los cristianos paraenses con el resto de la población se den cuenta de esta lamentable situación y hagan algo significativo para preservar la Amazonas para el futuro antes de que sea demasiado tarde para nuestros hijos e hijas y sus descendientes?  No basta con predicar en contra de estas lamentables prácticas durante la Misa.  Hay que ser congruentes con nuestras creencias.

 7.  Nominalismo cristiano y la verdadera identidad. Asumir que la grandiosa participación del pueblo durante las festividades del Círio es una prueba de que Belém es abrumadora e innegablemente católico-romana, sería una conclusión precipitada e ingenua; o peor aún, concluir que las personas involucradas son verdaderos y fieles cristianos.

No todos los miembros de las religiones del mundo son genuinos seguidores o creyentes. Existe tal cosa como individuos con fe y compromiso cuestionables.  Algunos incluso adoptan el uso de etiquetas religiosas para auto-designarse como hábito o como fruto de la influencia cultural, pero nada más. En el cristianismo tenemos un amplio espectro de posibilidades entre las que tristemente encontramos “lobos vestidos de ovejas” y también aquellos que podrían ser relativamente “buenas personas” (al menos no son criminales y hacen buenas obras de vez en cuando), pero que nunca ponen un pie en la iglesia, por ejemplo, excepto en ocasiones especiales, cuando hicieron algo malo y se sienten culpables o cuando necesitan favores de Dios porque no pueden solucionar sus problemas por otros medios.

Entre los millones de personas que el Círio atrae anualmente, tenemos una mezcla de “trigo y cizaña”.  Es tan fácil que muchas personas se dejen llevar por el poder arrollador de la mística e impulsos del momento, pero no deje que los números le engañen.  Afirmar ser devoto de Nuestra Señora de Nazaret o incluso participar en ceremoniales no convierte a nadie en un verdadero discípulo.  En una relación sana y creciente adobada por la fe, las acciones hablan más fuerte que las palabras, pero la consistencia habla aún más fuerte. Como Jesús dijo una vez: “Los conoceréis por sus frutos.”

8.  Un mejor uso de los recursos.  Cada año el Círio es posible gracias a las generosas contribuciones económicas y materiales de organizaciones privadas y públicas y a un enorme y bondadoso voluntariado.  Esto, en sí mismo, es un gesto digno de emulación, promoción y agradecimiento.  La generosidad entre nosotros debe ser siempre iniciada, alentada y recibida con los brazos y el corazón abiertos.

Pero como sucede con cualquier otra cosa en la vida, uno se pregunta si hay otras áreas más importantes de la sociedad paraense cuyas necesidades son más apremiantes que sacar a desfilar a símbolos religiosos. ¿Por qué pagar miles de dólares para darle a la Virgen un manto de lujo y pagar altas sumas de dinero a artistas populares para adorar a la Santa y entretener a la gente, cuando estos fondos bien podrían ser utilizados para resolver algunos de los problemas que aquejan la vida de los hijos e hijas de María, “los más pequeños “, como solía llamarlos Jesús? Si tuvieran la oportunidad, ¿qué pensarían y dirían Dios, Jesús o incluso la misma María acerca  del actual uso de los fondos?

 9.  Aura monárquica.  Las religiones siempre se crean a imagen y semejanza de su entorno histórico-social.  Esto significa que ellas constantemente asimilan y reproducen los puntos de vista, valores y patrones de comportamiento de las culturas dominantes para mediar la forma en que conceptualizan y desarrollan sus relación con el santo y trascendental Enigma.

En el caso del Círio, la influencia de imágenes de la Europa imperial es notable así como algunos de sus términos, conceptos y prácticas colonialistas. Por ejemplo, si bien es cierto que María no fue literalmente una “reina” en ningún sentido de la palabra, pensaba eso de sí misma o incluso exigía el protocolo correspondiente para rendirle honores de esta manera, ella ha sido llamada y tratada como tal en Brasil desde que los portugueses llegaron a esta tierra e impusieron su cosmovisión religiosa.  Considerada “La Reina del Amazonas”, a ella se le exhibe y honra por las calles de Belém y sus cercanías en procesiones en la que se le rinden los más altos honores como los súbditos europeos solían hacerlo con la realeza en la época medieval. Y aunque esto podría ser tomado como una metáfora para subrayar algunas de sus virtudes (reales o llevadas a un extremo), uno se pregunta si acaso no existen otros calificativos más precisos para representarla, más cónsonos con lo que sabemos de las tradiciones de los evangelios y no asociadas con ninguna imagen de corte político y sus valores jerárquicos y negativos. Después de todo, María, Jesús y el resto de su familia eran campesinos de Galilea.  El desafío de articular un perfil más preciso sigue vigente.  Supongo que hay mejores maneras de honrar la memoria de alguien a quien amamos, admiramos y queremos emular pero sin llegar a las hipérboles o características inventadas.

Tal vez la mejor moraleja

Para las personas de fe y altos estándares morales, es imposible pasearse por la vida sin buscar lecciones que aprender. De cualquier manera que se mire al O Círio de Nossa Senhora de Nazaré, estoy seguro de que las moralejas serían tan diversas como las muchedumbres que convoca cada octubre.Para mí, las lecciones que principalmente cruzan mi mente, además de las arriba mencionadas,  vienen en forma de dos preguntas retóricas.  Pensando en las intensas y numerosas expresiones de devoción a la Virgen de Nazaret, y motivados por fe, amor, respeto y gratitud, ¿qué estamos dispuestos a sacrificar o incluso a hacer fuera de lo ordinario para complacer a lo que yo llamo “el Gran Misterio”?  Y haciendo eco de este sentir y teniendo en cuenta valores imperecederos, ¿qué significa vivir una vida que realmente importe en este tiempo y época, a saber, una vida definida por nobles y excelentes propósitos y significados profundos, una vida que trascienda una mera existencia llena de rutinas pero carente de alma?

Es tan fácil aceptar la idea de que toca a cada persona decidir por sí misma cómo vivir su vida y que, a la luz de ello, cada respuesta será diferente; después de todo, no somos iguales. Pero al mismo tiempo estas preguntas exigen un análisis serio, especialmente cuando demasiadas personas hoy día dedican tiempo, energía y recursos a lo que es superficial y vacío.  ¿Por qué es que multitudes están dispuestas a estar en kilométricas filas durante días para comprar la última versión de un I-Phone y obtener un autógrafo o una foto de una “celebridad” de Hollywood, o gastar mucho dinero para asistir a juegos de fútbol o conciertos, cuando ni siquiera hacen nada similar para Dios, mucho menos para los menos favorecidos?  ¿Por qué nos sacrificamos por frivolidades que contribuyen muy poco o nada a mejorar nuestro mundo?  ¿Dónde esta el voluntariado, sobre todo el de la nueva generación que quiere estar involucrado en los cambios sociales pero sólo de boca y para responder a las encuestas? ¿Por qué no caminar la milla extra en pro de lo que es realmente significativo y objetivamente puede hacer una diferencia en los demás? ¿Y qué revelarían nuestras elecciones sobre la esencia de quiénes somos y los valores que revelan nuestra identidad?

En una era global, conectada y a la vez desconectada, en la que muchas personas se sienten más solas que nunca, deprimidas, alienadas de sí mismas, Dios y sus vecinos, atrapadas en secas, frías y aburridas rutinas, centradas en una vida de entretenimiento, carentes de compasión y cuyas prioridades están confundidas, la luz del O Círio de Nossa Sehnora de Nazaré, como se refleja en los curtidos rostros de tantos y sinceros peregrinos, de alguna manera nos invita a reexaminar nuestras vidas para embarcarnos en una búsqueda (individual y colectiva) que debería restaurar el verdadero significado de la vida, una que vaya más allá de meros símbolos, rituales y ceremonias pero que a la vez se valga de todos ellos para su celebración.  Con este sentir y las velas del corazón  encendidas para iluminar los pasos de esta búsqueda, a todos y todas, les deseo un ¡Feliz Cirio!

Aquiles Ernesto Martínez, Ph.D.
Profesor de Religión
Reinhardt University

 

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NOTAS

[1] Como, por ejemplo, la misa de apertura del Cirio (8 de octubre), comienzo de un tiempo de vigilia y oración y de llevar las carrozas sagradas a “A Compahnia das Docas de Pará” para ser guardadas allí (Oct 9), la presentación del manto a la estatua de la Virgen (10 de octubre), y la clausura del tiempo de vigilia y oración (11 de octubre).  En este último día, también se celebra el llamado “O Auto do Círio”, el cual es un desfile no oficial de carrozas alegóricas organizado por “A Escola de Teatro e Dança da UFPA”  en honor a Nuestra Señora de Nazaret; una especie de “carnaval espiritual”.

[2] Réplica de la original que se le apareció a Plácido José de Souza  en octubre de 1700, como detallaré más adelante.

[3] En la tradición católico-romana una romería  es el nombre dado a una peregrinación religiosa.  Por extensión, un  romero es un peregrino.  El nombre se le aplicó originalmente a una persona que viajaba a Roma, pero su significado se amplió para referirse a viajes a muchos sitios religiosos y diferentes ocasiones religiosas.  Si bien es cierto que la tradicional romería se hacía a pie o de rodillas, una peregrinación puede hacerse hoy día de diferentes maneras, reunir diferentes tipos de personas y a través del uso de diversos medios de transporte: en silla de ruedas, con muletas y por medio de carreras; también en barcos y buques, carros, autobuses, camiones, bicicletas, camiones, motocicletas, carrozas, caballos, etc.  La motivación y el objetivo son siempre alabar, cumplir votos o dar gracias a Dios, Jesús, la Virgen María o algún santo o santa por favores y milagros concedidos.  También se pueden llevar a cabo para fortalecer la fe y hacer promesas.

[4] La cuerda fue utilizada en 1885 por primera vez para sacar la Berlinda de un lugar donde se había quedado atascada durante una procesión del Cirio.  Desde entonces se ha utilizado como parte de los rituales y símbolos.

[5] Que se utilizan para llevar objetos de cera los cuales simbolizan partes de los cuerpos que fueron curados gracias a la mediación de la Virgen o por los cuales se pide sanidad.

[6] Los eventos más llamativos son la realización de una misa para enfermos, otros tipos de romerías (para bicicletas, jóvenes, niños y corredores) y el “O Recírio”, que es la procesión que se realiza dos semanas después del final del Círio propiamente dicho.  Durante este último evento, después de una misa de clausura y la bendición del pueblo, la estatua original se coloca en “La Gloria” hasta el próximo año. La estatua peregrina también se regresa al Colegio Gentil Bittencourt.

[7]  Debido a las similitudes entre las dos fiestas.  Por ejemplo, las oraciones se llevan a cabo en los hogares; edificios, casas, aeropuertos, calles y callejones están decorados; los devotos llevan con orgullo camisetas con imágenes de Nuestra Señora de Nazaret; símbolos religiosos están a la venta; los visitantes pueden degustar las extraordinarias artes culinarias paraenses;  familias se unen; es común el uso de cintas de colores para pedir favores y hacer promesas por medio de nudos hasta que desaparecen con el uso; y las personas compran y ofrecen objetos de cera con la forma de partes u órganos humanos que han sido curados o que necesitan curación, que se colocan en lugares especialmente designados en los santuarios y más tarde en “Las carrosas de las promesas” o “de los milagros”.

[8]  Sobre estos temas y otros relacionados, véase mi reciente libro Encounters with the Mystery: An Understanding of Religion (Marietta, GA: kdp.amazon.com, 2019).

[9] Esta es una palabra que estoy usando para referirme a aquello fuera de lo ordinario, experiencias espirituales o encuentros con realidades esotéricas que generalmente se dan en forma de visiones, sueños, trances, revelaciones, milagros y otras parecidas.

[10] Proveniente de la lengua Tupi Kareuóka, cabloco es un término que literalmente significa “parecido al cobre”, como una referencia al color original de la piel de muchos brasileños después de la invasión y colonización portuguesa.  Esta palabra se aplica generalmente a una persona que es una mezcla de raíces brasileñas indígenas con ascendencia europea. Es un término relativamente equivalente a alguien que en los países de habla castellana se caracteriza como un mestizo.

[11] Presuntamente en un árbol taperebá o un nicho natural en medio del matorral.  Se cree que esta imagen fue esculpida en Nazaret (Galilea, Palestina) y que realizó milagros en la Portugal medieval antes de perderse en Brasil hasta que Plácido la descubriera.  Sin embargo, hay desacuerdo con respecto a su verdadero origen.  La estatua original se guarda en la parte superior del altar de la Basílica, donde hay un lugar elevado hecho de mármol llamado “La Gloria”.

[12]  Según el  “O Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional,”  la palabra “círio”, que proviene de la palabra latina cereus, originalmente se refería a una gran vela hecha de cera.   En Portugal, las velas representaban la reunión de personas que se organizaban para realizar peregrinaciones a los santuarios de Nuestra Señora de Nazaret.   Posteriormente, una vez que el cristianismo fue traído a Brasil, los devotos de la Virgen María terminaron repitiendo el mismo ritual de llevar velas de cera (“círios”) para honrar a la Santa cuando caminaban hacia y al regresar de su santuario.  Con el tiempo, a medida que la fiesta religiosa se fue desarrollando e institucionalizando, el término “círio”, por razones desconocidas y prácticas, se amplió para abarcar toda la celebración, no sólo el ritual de portar las velas.  Aunque muchos términos nos dan pistas sobre su historia y significados originales, estos también cambios en la manera como son interpretados.  

[13] Para más información sobre esta historia, léase https://ciriodenazare.com.br/site/; https://www.essemundoenosso.com.br/cirio-de-nazare-como-e-a-festa/;  https://www.todamateria.com.br/cirio-nazare/; y https://g1.globo.com/pa/para/noticia/2019/10/13/domingo-de-cirio-teve-multidao-de-cerca-de-2-milhoes-de-pessoas-em-belem-do-para.ghtml

[14] Especialmente maniçoba (un plato hecho de las hojas de la yuca que tarda 7 días en cocinarse para sacarle el veneno) y  pato no tucupi  (que es pato cocinado con especias y hojas amazónicas especiales), que son platos preparados en esta época del año.

[15] Cada año el manto es donado.  Es hecho a mano de tela fina, bordado con hilos de oro y decorado con piedras preciosas.

About amartinez

Dr. Aquiles E. Martinez is Professor of Religion (Biblical Studies) and Coordinator of the Religion and Philosophy Programs at Reinhardt University. Ordained in the United Methodist Church, Dr. Martinez has dedicated a good part of his life to equip pastors and church leaders in Latin America, the Caribbean, and the United States, with the appropriate skills, knowledge, and experiences so they can serve their communities effectively. In addition to his many books, articles, and essays published in English and Spanish, Dr. Martinez has served several churches and the global community as an effort to help people develop significant relationships with God and their neighbors, especially with marginalized communities.
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