ÓSCULOS SANTOS EN TIEMPO DE PANDEMIA

ÓSCULOS SANTOS EN TIEMPO DE PANDEMIA:

Reflexiones Socio-bíblicas en Cuarentena

Aquiles Ernesto Martínez, Ph.D.

 

Resumen

Análisis bíblico y transcultural de “el beso” (como símbolo, expresión, ritual y concreción del amor, el afecto y la buena voluntad), dentro del marco de los valores morales de la bondad y la solidaridad que deben llevarnos a servir a los seres humanos, pero redefinido más allá del mero “contacto físico”, en respuesta al brote y propagación del Covid-19 y las restricciones para controlar sus mortíferos efectos.

Palabras clave: beso, ósculo santo, solidaridad, amor, pandemia, cuarentena, Covid-19, coronavirus, distanciamiento social y enfermedades.

Abstract

A biblical and transcultural analysis of “the kiss” (as a symbol, expression, and materialization of love, affection, and good will) within the framework of the moral values of goodness and solidarity that must lead us to serve human beings, but redefined beyond the notion of a mere “physical contact,” in response to  the outbreak and spread of Covid-19 and the restrictions to control its deadly effects.

Keywords: kiss, holy kiss, solidarity, love, pandemic, quarantine, Covid-19, coronavirus, social distancing, and diseases.

 

1.  Besos y urgencia global

El 13 de abril del presente año, fecha que por varios años ha sido apartada para celebrar “el Día Internacional del Beso”, [1] no recibió la atención que sus organizadores esperaban ya que contó con muchísimos menos besos,  no necesariamente por ser un evento de carácter trivial, sino como consecuencia de la agresiva propagación del COVID-19 y el mortífero contagio en muchos países del mundo, especialmente entre las personas más vulnerables; otras fechas con objetivos parecidos, como era de esperar, no tuvieron los resultados esperados.[2]  Y aunque no es la primera vez que se toman decisiones para evitar el contacto físico y separar a las personas para proteger la salud pública, los esfuerzos globales y locales para controlar o detener el avance del coronavirus, al igual que sus causas, síntomas, secuelas, tratamientos y hasta agresivas resistencias en contra de las estrictas medidas adoptadas en algunos sectores de la sociedad, han sido sin precedentes en la historia.

Debido al acelerado crecimiento en el número de infectados y muertes causadas por el nuevo corona virus, muchos gobiernos, acogiéndose a las recomendaciones estipuladas por la Organización Mundial de la Salud,[3] el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades[4] y otras entidades parecidas, han entrado en estado de emergencia para tratar de enfrentar esta crisis de salud, mientras se hacen malabares para no descuidar la economía.  Al lavado constante de las manos con mucho jabón y la desinfección de equipos y superficies, se han sumado el uso de máscaras faciales para proteger la nariz y la boca, el no tocarse la cara, minimizar el contacto físico, practicar el distanciamiento social y mantenerse en casa para reducir contagios y sus devastadores efectos.  Cuidar a las personas más vulnerables ha sido tarea prioritaria en este titánico esfuerzo.

En esta situación de alerta global, las expresiones tangibles de afecto, cercanía y aprecio de las que el beso es una pequeña parte, han sido minimizadas dentro del marco de un extendido y controlado encierro, pero no así en torno a los valores morales y honorables sentimientos que el ósculo siempre ha representado y conferido entre los pueblos.  Posar los labios en la frente, las mejillas, los cuellos y las manos, a pesar de los beneficios que sabemos generan y que ayudarían a sobrellevar el forzado exilio domestico,[5] ha sido suspendido o restringido momentáneamente para el bien de la colectividad,[6] aunque muchos hayan hecho lo contrario, incluso en algunas comunidades religiosas.[7]  Lo interesante es que estas radicales medidas, sin que sus proponentes y ejecutantes lo hayan pensado, previsto o planeado, para sorpresa de todos, han resultado en otros tipos de acercamientos y contactos que han ayudado a viralizar nobles sentimientos y valores.

Bien se sabe que las expresiones de cariño, hospitalidad, agradecimiento y respeto han sido parte de todos los pueblos a lo largo de la historia. Como medios de relacionamiento para iniciar o fortalecer los nexos humanos, los apretones de mano y los abrazos han sido muy populares, mientras que en otras culturas el bajar la cabeza, unir las manos cerca del pecho e inclinar el rostro hacia la otra persona ha sido la norma. Pero, sin duda, aparte del abrazo y la sonrisa que usualmente le sirven de fieles aliados, el beso (dado una o varias veces), cuyo origen es un enigma, ha sido quizá el más antiguo y popular de todos.  Se trata de un ritual sencillo, espontáneo y casi de carácter innato, cuya ejecución y connotación han canalizado el uso del espacio y calor humano entre las culturas, especialmente entre los pueblos hermanos de la América Latina, el Caribe y los grupos de habla hispana en los EE.UU.[8]

Sin embargo, ni siquiera en contexto de la cruel pandemia, nada ni nadie ha tenido la capacidad ni la fuerza definitiva para reprimir la transcultural esencia y razón de ser del beso, por lo menos en su sentido ideal.  La razón de fondo ha sido que el acto físico en sí no ha sido el foco, mucho menos la forma de hacerlo o la ocasión, sino las profundas relaciones humanas que connota, media y refuerza entre familiares y amigos y aún los desconocidos. Es por ello que, ante la ausencia temporera del mismo y las medidas para controlarlo,[9] sus practicantes y beneficiarios se las han ingeniado para ofrecer mejores formas de acercamiento para mostrar empatía y apoyo a las personas en este via crucis.

Para quienes hemos leído la Biblia transculturalmente y con ojo crítico, las innovadoras prácticas que hemos de resaltar en el presente artículo (y que presentamos como “otras clases de besos”) por su alta dosis de sensibilidad humana, se alinean felizmente con la versión bíblica de “la regla de oro” que, comenzando con el amor propio, como su punto de partida, se extienden al prójimo como resultado y expresión del amor a Dios con toda la existencia y por sobre todas las cosas.  Dentro de este universal principio, cuyos valores son conceptualizados de forma amplia, diversa y prioritaria en la Biblia, se enmarcan gestos tan notables como el ósculo pero también otras formas de contacto (prohibidos, restringidos o incentivados).  Por ser reflejo de las culturas de su tiempo y guardar paralelos con las nuestras, de esa Biblia tenemos mucho que aprender para llevar sus enseñanzas morales y espirituales a una esfera superior, por lo que tiene que ofrecer, a pesar de ella y más allá de ella, siempre en conversación con otras sabias fuentes del creer, sentir y actuar. 

2.  Besos de vida

Bien se ha dicho que “la necesidad es la madre de la creatividad”, cuya ancestral verdad la pandemia ha ayudado a sacar a flote con un nuevo rostro y a la que las redes sociales se han encargado de darle visibilidad mundial.  Y para reafirmar los principios de que no hay mal que por bien no venga y de que todas las cosas eventualmente ayudan a bien, la acelerada transmisión del COVID-19 y sus demoledoras secuelas, curiosamente, han servido para sacar a la luz todo lo mejor que el ser humano tiene por dentro como regalo de la Sagrada Providencia.  Pensando en que el bien propio es también el bien ajeno y que el mal que hace daño a otros afecta a todos también, “una pandemia de bondad” en contexto de reclusión ha tomado lugar más allá de los encuentros de labios, manos, brazos y cuerpos.

Pensemos por un momento en los profesionales de la salud que, antes de renunciar a su trabajo o seleccionar sus actividades laborales, han aceptado el riesgo de mitigar el dolor de sus pacientes con inexistentes, escasos y rudimentarios equipos, sin medicamentos efectivos y en condiciones que atentan contra su propia vida y la de sus familias a las que no han podido acercarse.  Las muertes de estos temerarios galenos cuyos votos hipocráticos han sido honrados se han sumado a la multitudinaria lista de víctimas de quienes sus dolientes no han podido siquiera decirle adiós para cerrar un saludable proceso de duelo.  Recordemos a las enfermeras que sirven de puente entre quienes convalecen en lechos improvisados y entubados a los respiradores, al enviar y traer recados a los familiares que de los hospitales y clínicas esperan buenas noticias o milagros. ¿Y cómo no agradecer a los científicos que luchan por descubrir tratamientos que aplaquen los síntomas de los infectados o una mágica vacuna que eventualmente pueda protegernos a todos?

Desde los balcones de los apartamentos al caer la tarde o en los pasillos de las salas de emergencia a diario, los efusivos cacerolazos y aplausos han honrado el incondicional amor de los profesionales de la salud, la dada de alta a pacientes recuperados y el abnegado servicio de paramédicos, bomberos, soldados y  policías, mientras escuadrones de F-16 han surcado los azules aires y dibujado banderas en el aire para unirse al concierto que, de las alturas a la tierra, han entonado el canto de que la mejor medicina siempre es el amor y sus entretejidos sinónimos.  

Como especie de labios que no tocan pero a la vez tocan en lo más profundo, a lo lejos y en el anonimato, muchos se han esforzado por enviar cestas de comida y artículos de primera necesidad a los desempleados y los más vulnerables, como consecuencia del colapso de la economía mundial.  A esta iniciativa le ha seguido el envío de dinero a vecinos, organizaciones sin fines de lucro y grupos religiosos que han extendido sus generosas manos para hacer del dolor ajeno el dolor propio. Y como siempre, mujeres de todas las razas y culturas han utilizado su precioso ingenio para elaborar tapabocas o bandanas artesanales para poner pan en la mesa o ayudar a minimizar el contagio sin pretender lucro alguno.

También recordamos las espontáneas llamadas telefónicas o mensajes de texto para dar una palabra de aliento, el celebrar cumpleaños desde los automóviles pasando por los vecindarios y el sentarse en algún recinto en el hogar para producir recursos artísticos y educativos  que ayuden a formar el carácter, las habilidades, el pensamiento y los valores que han de transformar la sociedad para bien.   El necesario sentido del humor no se ha quedado atrás en las redes para liberar tensiones y esas serenatas en vivo desde las azoteas, los ventanales o los espacios abiertos donde cantantes, instrumentistas y poetas han obsequiado su musa para aliviar un poco las cargas de la incertidumbre, la soledad, la rutina y el aburrimiento, propios de encierros impuestos o por obediencia a la voz de la consciencia.

Extrañando la presencia de fieles en sus recintos para el acostumbrado beso de la paz, comunidades de fe han credos espacios y momentos en línea para el mutuo apoyo y la reconexión  con “el Sagrado Misterio”, en las que se canta, medita, reflexiona e intercede a favor de las víctimas y sus dolientes, y se elevan una que otra plegaria para que los gobiernos tomen decisiones basadas en la ciencia, la racionalidad y aún el discernimiento espiritual, no en la sucia demagogia.  En esta reinvención de lo que significa ser y actuar como comunidad, la resiliente fe se ha entregado al Poder Superior para implorarle que elimine el dolor de los inocentes, ponga fin a la sanguinaria pandemia, ajusticie a quienes toman partido de ella para llenar su arcas a expensas del dolor ajeno y despierte a los de brazos cruzado a unirse a este concierto universal de besos.

Pensando en otros besos, elogiamos a quienes responsablemente han decidido quedarse en casa, lavarse la manos como nunca antes, utilizar mascarillas y aislarse de otras personas para cuidar a los cercanos y los demás; clara muestra de ese amor que se acerca al prójimo apartándose de ella o él.  Los beneficios han florecido por partida doble pues dicha decisión ha permitido también dedicar tiempo y energía para reconectarse con los hijos e hijas, los cónyuges y la familia extendida.  ¿No es esto, a la final, mejor que un rutinario y automático roce de labios, brazos y mejillas, muchas veces huérfano de su primigenia razón de ser?

Cómo olvidar la donación de equipos para hospitales y centros de asistencias, y el alto número de voluntarios al servicio de quien necesita de una mano amiga en el valle de sombra y de muerte; y la creación de grupos de emergencia para crear e implementar lineamientos para proteger a la población de contagios y mitigar la propagación del virus para que no hayan tantos muertos.  Los supermercados y bancos que han creado horarios especiales para prestar servicio y a la vez proteger a los usuarios de la tercera edad por ser parte de la población en mayor riesgo. ¿Y por qué no decirlo? También hay que destacar algunos subsidios libre de impuestos, dados a residentes y ciudadanos de algunos países para ayudarlos a aguantar la crisis.  

Desde nuestra impuesta cuarentena, todas estas acciones nos han recordado que un mundo mejor es posible y viable toda vez que nos atrevemos a llevar un poco de paz, seguridad, fe y esperanza a nuestros semejantes, aunque a veces tengamos que hacer algunos sacrificios para lograrlo.  Las mismas han ayudado, no solamente a controlar los efectos funestos de la pandemia, sino que también han servido para paliar un poco el dolor, el temor, la soledad, la agresión, la depresión, la incertidumbre, la fatiga y el hambre. 

 3.  Besos de muerte

Esta colorida gama de besos ha sido una brisa de aire fresco, un bálsamo al compungido y herido corazón.  Pero, por desgracia, también hemos sabido de fuerzas contrarias, oportunistas y desalmadas al servicio del egoísmo y, por extensión, al Maligno.  Porque si el bien se reinventa para re-contextualizarse, el mal también aunque en menor proporción. De allí que en medio de la urgencia que nos ha abrumado no hayan faltado “ósculos” con intenciones, intereses y concreciones detestables. 

Como en la misma Biblia, muchas actitudes y acciones han sido “besos” al estilo de Joab, ese personaje que, durante el tiempo de la monarquía hebrea y las concomitantes luchas de poder, besó a Amasa como táctica distractora para clavarle la espada en su costado hasta quitarle la vida eliminando así la competencia (2 Sam 20:9-10).  Con tristeza también hemos presenciado reencarnaciones del beso de Absalón quien, sediento de poder y adjudicándose ilegítimamente el papel de juez en el pueblo, tomaba decisiones a su antojo y religiosamente “besaba” a quienes a él acudían como estrategia manipuladora para quitarle el trono a su propio padre, David (2 Sam 15:5).  El ósculo, como expresión de sumisión, amor, lealtad y medio para obtener poderes especiales también se le obsequiaba a las imágenes de los dioses (en la boca, el mentón, las manos y los pies); como muchos hicieron con  los becerros a los que se les rendía culto (Os 13:2). Lo mismo se hizo con los altares, amuletos, ataúdes, árboles y otros objetos relacionados con la religiosidad politeísta.  El mismo Baal (el dios de la lluvia y el trueno) fue beneficiario de estas acciones ceremoniales de traición al dios de Israel (1 Re 19:18).  Hoy como ayer, besos al servicio de la traidora idolatría se has hecho virales.

Otro beso de muerte en su versión machista es el protagonizado por las artimañas de la mujer casada que, traicionando a su marido, intenta seducir al joven falto de entendimiento para que cometa adulterio con ella (Pr 7:13; cf. vv. 10-20).  Mal orientado, como señala Job en la defensa de su integridad, el beso mal dado puede llegar a convertirse un símbolo que procura el placer y la honra personal, al margen de la voluntad de Dios: “Y mi corazón se engañó en secreto y mi boca besó mi mano; esto también seria maldad juzgada; porque habría negado al Dios soberano” (Job 31:27-28).  ¿Y es que acaso nos hemos olvidado del infame “beso de Judas,” que no conoce estrato social, raza, religión, tiempo o cultura, ese villano que traiciona al Hijo del Hombre con un beso en la mejilla para indicarle a la guardia del templo a quien debían arrestar (Mt 26:19; Mc 14:45; Lc 22:48), mientras sus compañeros se daban a la fuga para salvar su pellejo?  Lo que debió haber sido un ritual de amor se convirtió un ritual de traición para beneficio de los victimarios.  Razón tiene el poeta, entonces, cuando, a partir de categorías binarias, declama que más confiable es el amigo que hiere que el enemigo que besa (Pr 27:6).  Hermanos y hermanas, no todo contacto físico es señal de acercamiento puro y bueno. 

¿Y qué decir contra quienes se aprovechan de esta trágica coyuntura en el siglo XXI para robar, cometer fraude o acaparar equipos para venderlos a terceros por precios exorbitantes?  No es la primera ni la última vez que la corrupción asoma su miseria y falta de vergüenza.  ¿Y de la nauseabunda actitud del oportunismo que hace campañas políticas y pretende proteger la economía antes que a la misma vida ya que el virus es presuntamente una “gripecita”, como hizo Jair Bolsonaro en Brasil, o quienes colocan su nombre en los cheques de asistencia para estimular la economía como movimiento politiquero para captar votos, como lo hizo Donald Trump en los EE.UU., para recordarnos que hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios?  ¿Cómo no imputar a quienes, dándoselas de invencibles, insensibles al dolor de otros y siendo posibles portadores asintomáticos del virus, se lanzan a las calles para gritar que sus derechos constitucionales han sido violados y, sin decirle a nadie, van a su lugar de trabajo pero sin guardar las medidas de rigor porque, a la final, quienes importan son ellos, y nadie más? ¿Cómo adoptar semejante actitud sin percatarse de que este irresponsable sentido de libertad ha de potencialmente infectar y hasta arrancarle la vida  a quienes debemos proteger?  Tristemente la libertad ha sido utilizada como un arma al servicio de la egolatría.

Cuando el acceso a medicamentos y tratamientos se facilita primeramente a los altos estratos sociales pero que, institucionalmente, se les niega a las personas más empobrecidas o se les da como sobras que caen de la mesa, ¿es la actitud correcta permanecer impávidos ante tal manifestación de opresión estructural e individual? ¿Qué parte del principio que reza que “mi bienestar es el tuyo también” estos idiotas no han podido captar? ¿Cómo atreverse a decir que el COVID-19 no discrimina y afecta a ricos y pobres por igual cuando, aparte de los ancianos y las personas con otros problemas de salud, los grupos minoritarios encabezan el numero de fatalidades? 

El aumento de casos de violencia doméstica contra las mujeres, el surgimiento de nuevos carteles cuyas mercancías infectan a la sociedad y la mercantilizan, la compra y uso de armas y el abuso del alcohol y otras drogas, nos recuerdan que, en los momentos cuando más nos necesitamos los unos a los otros, desgraciadamente también existen personas, grupos, ideologías y estructuras sociales diametralmente opuestas a todo lo que es noble y bueno y que se enlistan en las huestes de maldad. La deshonestidad y la podredumbre que motiva estos infecciosos y letales “besos”, a la larga, son portadores de un microorganismo mucho peor que el maldito y pasajero coronavirus, y que nos llevan a exclamar: ¡Hasta cuándo, amado Dios!  ¡Justicia! ¡Venga tu Reino pero ya!

4.  Besos de fe en familia

Si entendemos que el beso es un contacto casi estandarizado entre personas cercanas para comunicar sentimientos y que es parte de un sin número de símbolos y acciones que canalizan la solidaridad, la Biblia tiene algo que decirnos al respecto pero desde espacios, formas de pensar y experiencias en ambientes y circunstancias muy particulares y, por lo tanto, limitados e imperfectos.  En la frente, las mejillas, las manos, el cuello, las rodillas, objetos conectados con personas, la barba o los pies, y muchas veces acompañado de abrazos o estrechón de manos, el beso tuvo una función importante en las costumbres del antiguo cercano oriente y la sociedad greco-romana y, por ende, en el Antiguo Israel y los seguidores del Movimiento de Jesús. Tal símbolo es tan antiguo como la misma humanidad, y aunque no podemos precisar su génesis, en la Escritura el mismo ha sido una expresión de afecto, amor o cariño a seres queridos, amigos, líderes, benefactores y hasta las deidades y sus antropomórficas imágenes.[10]

Dependiendo de cómo, dónde y con qué intención se dé, en la Biblia esta mecánica acción tiene un modesto campo semántico, cuyas acepciones connotan respeto, amor, lealtad, admiración, intimidad, paz, agradecimiento, galantería, arrepentimiento, alianzas, sanidades, despedidas, y deseos de buena suerte; en un par de ocasiones el romance y la intimidad sexual también reciben la debida atención (Ct 1:2; 8:1).  Modelado por algunos personajes principales y secundarios y enseñado como un deber moral y espiritual, este universal gesto ha sido uno de tantos recursos bíblicos tomados de la cultura y utilizados para afirmar la identidad del pueblo de Dios, fortalecer su sentido de pertenencia, brindar equilibrio y proveer una hoja de ruta para su misión en la tierra, sin importar que tan intensas las pruebas pudieran ser.[11] 

Muchos escritores bíblicos mencionan al beso como un detalle de importancia para dar realismo cultural, histórico y religioso a la trama de episodios cargados de desafíos, fracasos, oportunidades y aciertos, en los que la manifestación de profundos sentimientos son patentes. Dentro de este marco, podemos además extraer moralejas derivadas de las actitudes y conductas de patriarcas, matriarcas, reyes, profetas y otros personajes.  Padres e hijos, abuelos y nietos, nueras y suegras, amigos entre sí, y reyes y súbditos despliegan su gran afecto por medio del beso: Labán a sus hijos e hijas (Gn 31:28, 55); Jacob a Isaac (Gn 27:26-27), Raquel (Gn 29:11) y  Manasés y Efraín (Gn 48:8-10); Esaú a Jacob (Gn 33:4); José a Jacob (Gn 50:1) sus hermanos (Gn 45:15); Aarón a Moisés (Ex 4:27); Moisés a Jetro (Ex 18:7); Noemí a Orfa y Rut (Rut 1:9, 14); Samuel a Saúl (1 Sam 10:1); David a Jonatán (1 Sam 20:41), Absalón (2 Sam 14:33), Barzilai (2 Sam 19:39-40) y Betsabé (1 Re 2:19);  Eliseo a su padre y madre (1 Re 19:20); Raguel a Tobías 1 (Tb 7:6); Edna a Tobías y Sara (Tb 10:13); el anónimo padre al hijo que regresa a su hogar arrepentido (Lc 15:20); y los líderes de la iglesia (desde Mileto a Éfeso) a Pablo (He 20:17, 37).

Sin temor al qué dirán, con el deseo de agradar a su posible benefactor y quizá restaurar su propia vida, una anónima mujer besa, enjuga y perfuma los pies de Jesús quien, conmovido, reconoce tal esfuerzo y le extiende el perdón divino pero a la vez critica la falta de atención de Simón, el fariseo, un mal anfitrión (Lc 7:36-50). Es este mismo Jesús quien, convencido del valor de las prácticas culturales y de que el amor era y sigue siendo un valor superior, exhortó a sus discípulos a extender el saludo aún a los enemigos como un acto de gracia (Mt 5:47). 

El apóstol Pablo, al final de algunas de sus epístolas, envía saludos cariñosos a una larga lista de hombres y mujeres reconociendo sus virtudes y contribuciones a la obra cristiana de forma pública.  No les besa como hermano en la fe debido a la distancia que los separa pero, en su defecto, honra su memoria a lo lejos enfocándose en lo positivo.  Pero no conforme con ello y a fin de ayudar a promover un clima de aceptación, paz, fraternidad y unidad, el apóstol anima a sus lectores a saludarse con “ósculo” o “beso santo” por ser todos miembros de la universal familia de Dios.  Éste, obviamente, no es un acto puntual y ritual, sino más bien un hábito que debe caracterizar la vida cristiana, una especie de antídoto en contra de las fuerzas sociales que, en la sociedad greco-romana, tendían a zarandear y fraccionar a las comunidades de fe (Ro 16:16; 1 Cor 16:20; 2 Cor 13:12; 1 Te 5:26).[12]  La repetición de esta exhortación en estas cartas paulinas, casi palabra por palabra, es de una importancia tal que, a la luz de otras pistas y referencias posteriores en la historia temprana de la iglesia, algunos se atreven a especular que el beso fue un elemento constitutivo del culto cristiano.[13]  De ser así, el ósculo no fue una simple formalidad u hábito para expresar sentimientos, sino un medio para reafirmar los nexos fraternales en base a la común fe en Cristo. Sería algo así como “gesto sacramental” para recordar quienes son y a quiénes se deben.  En otras palabras, es un beso apartado y consagrado (“santo”) dado entre personas apartadas y consagradas (“santas”) debido a los nexos espirituales que los unen.

Con un sentir e intencionalidad pastoral similares, el autor de la primera carta de Pedro, recordando que todos los cristianos son miembros de una misma familia, exhorta a los creyentes que están esparcidos en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia y allí viven en la hostil diáspora como “extranjeros y peregrinos”,  a saludarse, no con “un beso santo”, sino con “un beso de amor fraternal” (1 Pe 5:14).  Este curso de acción, como tantos otros, es uno busca fortalecer el sentido de pertenencia, identidad, cohesión y solidaridad, en un contexto de desparramo, dislocamiento, marginalización y presión social;[14] el beso no es un simple hábito de interacción superficial.  Estos precedentes sirvieron como marco conceptual para la incorporación del saludo en las liturgias de la Iglesia y su  institucionalización.[15]

Todos estos pasajes ilustran como los actantes mencionados en la Escritura asimilaron las creencias y prácticas culturales de su tiempo, modelando y prescribiendo los contactos físicos para compartir afecto y fortalecer las relaciones humanas, pero también para introducir sus propios matices morales y espirituales como sujetos creadores de cultura. Pero en este proceso no todo fue claro y, sea cual sea las razones, algunos detalles fueron omitidos por quizá ser elementos constitutivos de códigos de comunicación de los que estamos excluidos.  Por ejemplo, ¿cómo, dónde y cuándo besarnos fraternalmente? Y, peor aún, la anacrónica pregunta: ¿qué hacer cuando el ósculo compartido entre los hebreos y los cristianos pudieran enfermar a otras personas y hasta quitarles la vida?  

Es obvio que la Escritura no responde a planteamientos de esta índole.  Además, a pesar de que existía cierta intuición de que el contacto físico con algunas personas, objetos, alimentos y animales podía “contaminar” y para cuyo estado se crearon espacios, momentos y recursos para la separación y la purificación ritual a fin de preservar el orden social, la armonía y la integración, y reafirmar la identidad social (Lv 11-16; Mc 1:40-45; 7:1-23),[16] en la Biblia no se despliega un conocimiento científico del universo. Y aunque en ella se cree en la importancia de las medicinas y el papel de los médicos o sanadores (Jr 8:22; Mt 9:35; 11:5; Lc 5:31-32; 1 Tim 5:23; Sant 5:14), el mundo de los micro-organismos y sus complejas dinámicas para mantener o comprometer la salud emocional y física de los seres humanos, no era parte de la cosmovisión.  Muy por el contrario, se creía que las enfermedades eran causadas por el pecado, la seres espirituales y hasta el mismo Dios (Jr 14:12; Jn 9:1-3; Sant 5:13-15). 

Al pensar en este natural y esperado silencio en la Escritura, sin embargo, afirmamos que ésta no cierra las puertas a otras interpretaciones de sus ideas como para que otras expresiones de amor y bondad no puedan llevar a otra esfera el significado y la intención del ósculo, es decir, una que trascienda su tangible realización en el espacio y el tiempo.  De hecho, en la Biblia el beso no siempre tuvo un sentido llano, literal o físico.  Es por ello que para el salmista “la paz y la justicia”, como si fuesen seres humanos que se aman, se relacionan íntimamente y trabajan juntos, “se besan” aunque sabemos que en la realidad fáctica de la vida esto no sea literalmente así (Sl 85:10).[17] Y para resaltar la importancia de aquella persona que usa el discurso con prudencia para encaminar a otras personas a hacer el bien, el beso, por analogía, representa una especie de expresión de agrado y recompensa: “Besados serán los labios del que responde palabras rectas” (Pr 24:26).  

Este modesto marco de referencia, además del sentido común, sugiere que limitarnos al beso, literalmente, como mero acto físico o costumbre, sin matizarlo aún más o sin extender su significado e implicaciones, sería contrario al dinamismo, las complejidades y las exigencias de la vida, especialmente cuando la práctica del mismo pudiera ser contraproducente y las circunstancias nos obligan a procurar alternativas para cultivar las relaciones humanas.  Enfocándonos en “lo significado” y no en “el significante” es entonces apropiado y necesario pensar y procurar “otras formas de besar”; es decir, de dar y recibir amor para estrechar y fortalecer las relaciones entre nosotros, más allá del acercamiento y el contacto físicos.  Recordemos que el significado de las palabras no es estático.  Cambia porque nosotros, sus usuarios, junto con el mundo, también cambiamos.

 5.  Besos aún por darse

El inesperado brote e intimidante multiplicación de enfermedades que han dejado a su paso incontables muertos han sido una constante en el devenir de nuestros pueblos. Desde la plaga en la ciudad de Atenas en el 430 a.C. hasta el COVID-19, los expertos han podido contabilizar alrededor de unas 20 pandemias en el mundo.  En la antigüedad la viruela cobró la vida de millones de personas, particularmente durante el periodo de la conquista española de nuestras tierras.  En la Edad Media, la Peste Negra tuvo el mismo efecto en Europa, al igual que la Gripe Española durante el fin de la Primera Guerra Mundial y el Vih-Sida décadas después. En el siglo XXI, otras enfermedades virales se han encargado de atormentar y arrancarle la vida a otros hermanos y hermanas: el Sars en el sudeste de Asia, el Ébola en África, el Mers en el Medio Oriente, la influenza AH1N1 en todo el mundo y el Chikungunya, el Dengue y el Zika  en países del Tercer Mundo.

Pero el sufrimiento no es eterno.  Después de mucho dolor, desesperación y muerte todo llegó a su fin dejándonos tristes recuerdos, sentimientos encontrados y muchas lecciones como legado.  Esta ley de la historia nos recuerda que el Covid-19, en su debido momento, también será cosa del pasado y la humanidad, con Dios a su lado, de las cenizas alzará su vuelo con nuevas fuerzas. ¡Nuestro lamento se tornará en un gran baile! (Sl 30:11). 

Por ahora, no hay que perder el tiempo preguntándonos si los millones de muertos son el resultado de un error de laboratorio u hábitos alimenticios de cierta cultura, como el racismo institucionalizado y los intereses nacionalistas afirman unilateralmente.  Tampoco concluir que es  una plaga que Dios envió para castigar al mundo por su pecado como antesala al fin del mundo, como predican los fundamentalistas,  No debemos rompernos la cabeza tratando de dar respuesta al dilema de cómo un Dios “bueno” causa, permite el mal o es de alguna manera partícipe del mismo, sea para acusar a ese Dios o excusarlo,  como hacen los intelectuales de oficina que buscan decodificar el rompecabezas de “la teodicea”.  Ciertamente, y para releer a Jesús y las tradiciones de su cultura y pueblos de la antigüedad, lo que realmente contamina y destruye al ser humano, y sin querer subestimar los funestos efectos del contacto físico o afirmar que lo espiritual es mejor que lo material, no es lo que el ser humano toca o no toca, come o no come (Mt 15:1-20; Mc 7:1-23).  Es lo que sale del corazón y los frutos que siembra, cosecha y comparte con sus muchos “besos”, malos o buenos.

Ante la prudente suspensión del contacto físico del que el beso es una de tantas y mejores mediaciones de aprecio, el confinamiento y la espera de que la vida vuelva a su normalidad, no cabe duda de que procurar alternativas para viabilizar la generosidad, la empatía y la solidaridad son y serán siempre la prioridad.[18] De esta tarea somos responsables tú y yo mientras luchamos contra la digitalización de la vida que rinde culto al ego, recrudece la soledad, conecta en las redes sin conectarse con la cepa de la vida y lleva a personas a postear frivolidades como si realmente importaran.   

Cuando se cree que el contenido, la motivación y la intencionalidad expresados en valores son superiores a “las formas” que los contienen y viabilizan (como el beso en su concreción física y simbólica), la bondad siempre buscará el modo de hacerse sentir de manera creativa, renovadora, relevante y desafiante.  Ante las medidas de urgencia que se han adoptado, las recientes expresiones de humanidad de las que hemos sido testigos, protagonistas y beneficiarios, son ejemplos de una fuerza de matriz divina, las cuales esperamos no sean sólo respuestas automáticas a una crisis más, sino hábitos que se tornen en proyectos de vida para preservar, dignificar y festejar el preciado pero frágil don de la vida en común.   Amar a nuestros semejantes tiene diversos rostros aún por develarse, asirse y compartirse.  La sociedad sufriente y ensimismada necesita del toque de Dios a través de nuestras limpias y desprendidas manos que buscan crear anticuerpos en todos y para todos.

Una vez que toda esta urgencia global pase (porque va a pasar) y ya restablecida la vieja normalidad que de paso a una nueva normalidad, espero que a la luz de todo lo vivido, podamos en medios de las contracciones, ambigüedades y posibilidades de la vida, seguir reconociéndonos, saludándonos y estrechándonos los unos a otros por medio de otros ósculos santos, siempre en procura de otros mejores, así como el amor, la verdad, la justicia y la paz siempre se tocan, abrazan y sonríen como vacuna solidaria en el entretanto cercano de un eterno beso en el horizonte.

 

 

El Dr. Martínez es venezolano, presbítero ordenado en la Iglesia Metodista Unida y Profesor de Biblia y Religión en Reinhardt University, Waleska, GA, EE.UU.;  aem@reinhardt.edu.

 

 

 

NOTAS

[1] El cual surgió para conmemorar el beso más largo de la historia, cuya duración fue de unas 50 horas. Luego este record fue superado cuando una pareja de Tailandia se besó por más de 58 horas. Ver  https://www.diainternacionalde.com/ficha/dia-internacional-besohttps://www.elespanol.com/como/dia-internacional-beso-celebra-abril/480702374_0.html

[2] En los Estados Unidos e Inglaterra, por ejemplo, también se aparta el 6 de julio para celebrar “el Día Nacional/Internacional del Beso” https://nationaltoday.com/national-kissing-day/; http://www.holidayscalendar.com/event/world-kissing-day/.

[3] Conocido por sus siglas WHO (World Health Organization).

[4] Al que se le conoce como “The Center for Disease Control and Prevention” (CDC).

[5] Se ha demostrado que dar y recibir besos, entre otros beneficios, provee seguridad y confort, ayuda a liberar endorfinas, refuerza el sistema inmunológico, reduce la presión arterial y disminuye el colesterol.

[6] Además de las muchas pandemias en las que el contacto físico se ha prohibido, en la Edad Media, por ejemplo, el papa Clemente V (1260 – 1314), haciendo una lectura “sexualizada” del ósculo santo en las Iglesias, prohibió  el mismo por que la realización de tal ritual presuntamente podría llevar a actos “profanos” o “carnales”.  

[7] Recientemente muchos miembros de la Iglesia Ortodoxa Rusa, por ejemplo, en su hermética y fanática religiosidad, e ignorando los riesgos, no dejaban de besar algunas sagradas reliquias u objetos https://meduza.io/en/slides/lining-up-for-coronavirus-kisseshttps://www.rferl.org/a/coronavirus-vs-the-church-orthodox-traditionalists-stand-behind-the-holy-spoon/30492749.html.  Algo perecido se dio entre algunos evangélicos que seguían reuniéndose para adorar, con el pretexto de que Dios los cuidaría y de que prohibirlo era una violación de sus derechos constitucionales.

[8] Aunque existen excepciones a la regla, el beso es un elemento central en la concepción y vivencia de la proxemia en muchos de nuestros pueblos. 

[9] Exceptuando a familiares cercanos, que vivan bajo el mismo techo y que hayan seguido las normas de distanciamiento social y estricto aseo personal.

[10] Ver Stählin, 118-171; y Furnish, 582-583.

[11] Los términos principales que comunican estas ideas son fileima (beso) y katafilein (besar), cuyas raíces destacan el concepto literal del “amor” como tal, en el griego; y nesh’ikah (Ct 1:2; Pr 27:6) y nashak, en el hebreo.

[12] En una iglesia como la de Corinto, caracterizada por las muchas riñas y divisiones, el beso fue uno de tantos mecanismos empleados para propiciar y mantener la reconciliación, la fraternidad y la unidad del cuerpo de Cristo (1 Cor 1:10; 12:12-13) (Foulkes, 524).

[13] Conzelmann, 299-300; Cranfield 795-796; Murray, 232-233; Furnish, 582-583; Reicke, 134; Orr y Walther, 364-365; etc.  Como parte de su potencialidad para ser calificado de diferentes maneras, al ósculo santo se le conoció eventualmente como “el beso de la paz” para ser dado “en el Espíritu Santo”, y el cual no debía confundirse con los deseos y manifestaciones eróticas.  Una vez institucionalizado como ritual, el ósculo cristiano se daba después de las oraciones, entre la oración intercesora y el ofertorio y antes de la celebración de la Eucaristía.  Según Tertuliano la oración sólo era completa con el beso fraternal.  Ya que Jesús fue traicionado con un beso, el mismo no se practicaba durante el Viernes Santo.  Y algunos como Clemente de Alejandría criticaban los besos ruidosos y se esperaba que los hombres besaran sólo a los hombres durante las ceremonias cristianas (Moffatt, 170-171).

[14] Para más detalles, ver Elliott, 132-148.

[15] Esta interpretación, sin embargo, no tiene evidencia clara y contundente en estos pocos pasajes epistolares.  Sospecho que es una lectura que busca defender y legitimar con la Biblia aspectos de una liturgia eclesial que se desarrolló mucho después.

[16] Sobre este tema, ver Douglas, Malina y Holmberg.

[17] Es decir, son valores personalizados.

[18] Los siguientes editoriales tienen algunas buenas recomendaciones prácticas: “Una respuesta de fe al coronavirus” https://olfnewcastle.com/wp-content/uploads/Coronavirus-ES-2.pdf, accesado el 21/05/20; y “Fe en tiempos de COVID-19 (Coronavirus)” https://anglicanalliance.org/fe-en-tiempos-de-covid-19-coronavirus/ 20/03/20.

 

OBRAS CONSULTADAS

BROWN, Francis, S. R. DRIVER, and Charles A. BRIGGS.  A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament.  Oxford: Clarendon, 1979.

CENTER FOR DISEASE CONTROL AND PREVENTION accesado el 21/05/20 https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/index.html

CLAY, Brandon “COVID-19 – a Biblical Plague?” 03/29/2020 https://answersingenesis.org/coronavirus/covid19-biblical-plague/#inbox/_blank

CONZELMANN, Hans.  A Commentary on the First Epistle to the Corinthians.  Philadelphia, MI: Fortress, 1976.

CRANFIELD, C. E. B.  A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle to the Romans. Vol ii.  Edinburgh: T. & T. Clark, 1983.

DOUGLAS, Mary.  Purity and Danger: An Analysis of the Concepts of Purity and Taboo. London: Routledge & Kegan Paul, 1966.

ELLIOTT, John H.  Home for the Homeless: A Sociological Exegesis of 1 Peter, Its Situation and Strategy.  Philadelphia, MI: Fortress, 1981.

FITZMYER, Joseph A.  Romans.  Garden City, NY: Doubleday, 1993.

FOULKES, Irene.  Problemas Pastorales en Corinto: Comentario Exegético-Pastoral a 1 Corintios.  San José, Costa Rica: Sebila, 2011.

FURNISH, Victor Paul.  II Corinthians.  Garden City, NY: Doubleday, 1984.

HOFREITER, Christian.  “Coronavirus: A Biblical-Historical Perspective” 03/16/20 https://www.rzim.org/read/rzim-global/coronavirus-a-biblical-historical-perspective  

HOLMBERG, Bengt.  Paul and Power: The Structure of Authority in the Primitive Church as Reflected in the Pauline Epistles.  Lund: CWK Gleerup, 1978.

MALINA, BRUCE J.  Cultural Anthropology: Practical Models for Biblical Interpretation. Atlanta: John Knox Press, 1986.

MOFFATT, James.  The General Epistles: James, Peter and Judas.  New York: Harper & Row (n.d.).

MOULTON, James Hope and George MILLIGAN.  The Vocabulary of the Greek Testament.  Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1982.

MURRAY, John.  The Epistle to the Romans.  Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1965.

NICHOLL, W. Robertson.  “The Expositor’s Greek Testament.”  The First and Second Epistles of Pau the Apostle to the Thessalonians. Vol iv.  Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1980.

ORR, William F. and James Arthur WALTHER.  I Corinthians. Garden City, NY: Doubleday, 1976.

REICKE, Bo.  The Epistles of James, Peter, and Jude.  Garden City, NY: Doubleday, 1964.

STÄHLIN, Gustav.  “To Kiss”. Vol ix, 118-171.  Theological Dictionary of the New Testament.  Gerhard Friedrich, ed.  Grand Rapids, MI: Eerdmans.

WORLD HEALTH ORGANIZATION accesado el 21/05/20 https://www.who.int/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019?gclid=EAIaIQobChMIptWphqTF6QIVi-DICh1g4w6UEAAYAiAAEgLzXfD_BwE

About amartinez

Dr. Aquiles E. Martinez is Professor of Religion (Biblical Studies) and Coordinator of the Religion and Philosophy Programs at Reinhardt University. Ordained in the United Methodist Church, Dr. Martinez has dedicated a good part of his life to equip pastors and church leaders in Latin America, the Caribbean, and the United States, with the appropriate skills, knowledge, and experiences so they can serve their communities effectively. In addition to his many books, articles, and essays published in English and Spanish, Dr. Martinez has served several churches and the global community as an effort to help people develop significant relationships with God and their neighbors, especially with marginalized communities.
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